Capítulo 12

1229 Words
Tanto Marga como Siobhan solo sonrieron de manera disimulada y caminaron en la dirección opuesta a los otros. Ellas estaban tranquilas, tenían la paz de las personas que no habían hecho nada malo en realidad. Nanci solo las vio caminar en silencio y aprovechó la oportunidad como siempre para decir cosas sobre su hermana. _ Mamá… ¿mi hermana nunca me aceptará? _ preguntó con fingida preocupación _ creo que lo mejor es que finalmente me marche, es hora de aceptar que la familia Reyes estaría mejor sin mi presencia _ Todos escuchaban como la lamentable joven hablaba. Era una escena verdaderamente desgarradora, pues ella parecía estar sufriendo en gran manera. _ No digas tonterías Nanci _ esta vez si fue Alexander quien habló, parecía haber recuperado la voz perdida _ los Reyes te aman, para ellos eres su hija más preciada y nada cambiará eso _ Nanci estaba más que feliz, por fin era su Alex de siempre, pero el hombre sintió una punzada de dolor después de decir estas palabras. No sabía por qué, pero esa parcialidad de la familia Reyes de pronto no le pareció algo bueno. Y, si reflexionaba un poco, Siobhan no había dicho ni hecho nada malo, las reacciones de las dos mujeres a las que acompañaba de golpe le parecieron ilógicas. _ Mmm, Nanci…acabo de recordar que tengo una reunión, debo retirarme primero _ en ese momento el hombre solo quería desprenderse de toda esa situación, sentía que la cabeza le punzaba en gran manera y ya no quería seguir escuchando todas esas palabras, que ahora le parecían vacías. Nanci y su madre se quedaron mudas. Nunca imaginaron que él hiciera algo así. A decir verdad, él nunca la había abandonado cuando ella decía necesitarlo y, sin embargo, ahora lo hacía. Sin poder reaccionar, ni decir nada, ellas se limitaron a ver la espalda del hombre alejarse. Alexander caminaba intranquilo, sentía que algo en su interior estaba cambiando. Caminaba sin rumbo, no sabía adónde ir o qué hacer. En realidad, había cancelado todas sus reuniones para acompañar a Nanci, pero ahora eso le parecía absurdo. Salió de esa tienda y recorrió el centro comercial, sin pensarlo se paró frente a una de las vidrieras y, divisó dentro de otra tienda, a la mujer que se había convertido en un tormento. Como atraído por un imán se quedó allí, cual detective privado, controlando y observando cada uno de los movimientos ajenos. Ajena a todo esto Siobhan había tomado un hermoso vestido color verde esmeralda. Tenía un hermoso escote en la espalda que llegaba justo hasta el nacimiento de sus muslos. Por delante también tenía un gran escote, lo que dejaba la línea media al descubierto, pero cubriendo completamente sus senos. La abertura en sus piernas era alta, quedando debajo de sus muslo. _ Ese es perfecto Sio _ dijo Marga viendo el vestido que sostenía su amiga en las manos _ te quedará precioso _ agregó luego. La joven se veía pensativa, lo observaba con algo de nostalgia, otro poco de dolor. En su otra vida había soñado con tener un vestido de ese estilo, pero jamás pudo, siquiera pensar en usar algo de ese estilo y ahora, elegía entre muchas costosas opciones. Caminó con calma hacia los vestidores, cerró la puerta y al darse vuelta y encontrarse con la imagen que le devolvía el espejo sintió que un cúmulo de imágenes, o mejor dicho de recuerdos la inundaba. En ese momento vio a la verdadera Siobhan, eran cosas que habían ocurrido antes de su llegada a ese mundo. Pero no solo veía, también sentía. Podía sentir todo el dolor, la frustración, el abandono que había sentido Siobhan en esos años. _ Siobhan ¿de verdad crees que la familia Reyes te amará? Para ellos siempre serás poca cosa _ la voz de Nanci sonaba filosa, eran como dardos afilados que atravesaban su corazón _ yo soy la princesa de los Reyes, y de mi depende que nadie te quiera…lo mejor sería que murieras, de esa manera ya no tendrás que mendigar el amor de nadie _ agregó para luego abofetearse ella misma y lanzarse al suelo gritando con fingido dolor. En cuestión de segundos todos los miembros de la familia Reyes estaban allí, de pie, con cara molesta, mirando a Siobhan con ganas de asesinarla con sus propias manos. El hermano mayor la tomó de los cabellos y luego le propinó una catarata de bofetadas. Nadie se inmuto, ninguno de los presentes consideró necesario preguntar siquiera qué había ocurrido. Todos lo tomaron como natural y lógico el castigo que estaba recibiendo. Pero no quedó allí, luego la encerraron en la habitación de servicio en la que la habían ubicado y la dejaron sin comer por cuatro días. Tampoco le dieron agua, lo bueno es que el lugar tenía un pequeño baño del que podía sacar algo de agua, aunque esta no era del todo potable. Ese fue un recuerdo que causo dolor, pero a ese se sucedieron otros en número infinito. En todos ellos Nanci lloraba de manera desconsolada, decía siempre los mismos discursos ya gastados de tanto usarlos. “No culpen a Siobhan…ella no quiso lastimarme…se que yo no tengo derecho a estar en esta casa, después de todo solo soy una pobre huérfana…debería morir en este preciso instante de esa manera mi hermana ya no estará enojada conmigo…” A esos comentarios a veces le seguía el viejo cuento de tomar el cuchillo de manteca para, supuestamente, cortarse las venas, o el intentar saltar de un edificio…o alguno de otros tantos trucos. “Cuanto sufriste Siobhan en esta inmunda familia…no te preocupes, yo viviré feliz por ti, aunque esta es una historia en la que estas condenada a morir…Me niego a seguir ese libreto, me niego a morir, me niego a seguir sufriendo…” Con una sonrisa en los labios Siobhan finalmente salió de ese vestidor. _ Te ves maravillosa _ dijo Marga al verla desfilar con el hermoso vestido color esmeralda. Ambas jóvenes continuaron con sus compras. No se detuvieron en la ropa para la gala, ellas querían renovar todo su guardarropa. Fue una tarde alegre, divertida, pasearon por todas las tiendas y compraron gran cantidad de cosas. Desde atrás, sin que lo notaran Alexander las seguía en silencio. Pero él no era el único que la observaba en ese momento. Nanci y su madre también estaban allí furiosas por verla con bolsas en las manos. _ Mamá, mi hermana ha comprado muchas cosas… Parece que su nuevo patrocinador la mima en gran manera _ tras decir estas palabras Nanci se tapó la boca, como si acabara de decir algo muy malo. La señora Reyes caminó apresurada hasta su hija, no permitiría que esa mugrosa de campo enlodara el apellido Reyes con sus bajezas. _ ¡Siobhan! _ rugió la mujer molesta _ eres una desvergonzada, ¿cómo te atreves a buscar un hombre para que te de dinero? ¿Acaso eres una ramera? _ lejos de intentar ser sutil y no llamar la atención, la mujer gritó a todo pulmón, su intención era clara, todo el mundo debía saber que esa campesina no era más que una desvergonzada. “¡¿Otra vez?!” Se preguntó Siobhan a sí misma preparándose para dar batalla nuevamente. Parecía que esa buena tarde de compras tenía que llegar a su fin.
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