CAPÍTULO UNO

1691 Words
CAPÍTULO UNO Ella Dark detuvo su coche en la entrada del predio de la prisión. De repente, todo parecía muy real. En el interior del edificio que tenía enfrente había una colección de algunos de los hombres más atroces del país. La prisión Estatal de Maine era un centro de máxima seguridad que albergaba a más de novecientos reclusos, entre los que se encontraban muchos asesinos en serie, asesinos en masa, terroristas y tiradores de escuelas de la Costa Este. Los condenados a cadena perpetua eran enviados a la prisión de Maine para vivir los años que les quedaban. Ella no le había contado a nadie sobre esta reunión secreta. Cuando Ben le había preguntado qué iba a hacer en su día libre, le había dicho que se iba a poner al día con el trabajo. Además, esta noche se vería con él, así que le daría el resto de los detalles entonces. No había sabido nada de la agente Ripley en toda la semana, por lo que la oportunidad de contárselo nunca se presentó. O al menos, eso era lo que Ella se decía a sí misma. Era una mentira muy conveniente para protegerlas a ambas. Los nervios casi la paralizaron, hasta el punto de pensar que tal vez todo aquello era una mala idea. Pero una oportunidad como esta solo se presentaba una vez en la vida. Había soñado con un momento así durante más tiempo del que podía recordar. Si no lo aprovechaba, lo lamentaría el resto de su vida. Cuando llegó a la valla de alambre de púas, bajó la ventanilla y pulsó el timbre. En la pequeña cabina a su izquierda, apareció un guardia uniformado. ―¿Sí, señorita? ―preguntó. ―Soy la agente Dark, vengo para una visita. Recluso número dos-siete-seis-uno. El guardia pasó las páginas de su portapapeles. ―¿Campbell? ―preguntó con una mirada de sorpresa―. ¿Está segura? Ella se estiró sobre el asiento del acompañante y sacó la documentación. Se la pasó al guardia. A pesar de su invitación, su reunión debía ser aprobada por el Departamento de prisiones de Estados Unidos. La mayoría de las visitas eran aprobadas por la dirección de la prisión local, pero cualquier contacto con Tobias Campbell requería el consentimiento de las máximas autoridades. Afortunadamente, el estatus de Ella dentro del FBI agilizaba el proceso. ―Él no recibe muchas visitas. ―El guardia le devolvió los papeles a Ella y regresó a su cabina. Las puertas alambradas se abrieron lentamente. Ella condujo por el camino de un solo sentido hacia el edificio. Ahora que estaba más cerca, le resultaba difícil creer su tamaño. Parecía extenderse durante kilómetros y tenía cuatro enormes torres en cada esquina que casi se clavaban en el cielo. Ella vio a varios guardias armados vigilándola en lo alto de cada una de ellas. En la zona de estacionamiento, otro guardia se acercó a ella y le dijo dónde debía dejar su vehículo. Ella lo hizo y luego se encontró con el mismo hombre en la entrada de la prisión. El guardia pasó su tarjeta de acceso por la puerta y la sostuvo para que ella entrara. El interior no era nada similar a lo que Ella esperaba. Había dos mostradores de servicio sobre un suelo de mármol pulido. El aire olía fresco y limpio. Una de las paredes más alejadas estaba decorada con premios por servicios destacados. ―Por favor, tome asiento y el alcaide vendrá aquí para acompañarla a las celdas. ―¿A las celdas? ―preguntó Ella―. Estoy aquí para una visita. ―Lo sé, señorita, pero a Tobias no se le permite salir de su área designada. Está confinado en la zona roja. Tiene prohibidas las visitas conyugales y regulares. ―¿Cómo es eso? ―preguntó ella. ―El alcaide se lo explicará todo. ―El guardia se fue, dejando a Ella sola en un asiento de cuero blanco. Había pasado la última semana investigando a Tobias Campbell hasta niveles obsesivos. Sabía todo sobre su vida y sus crímenes, desde sus inicios en la granja hasta las cinco jóvenes que mató. Algunas partes de su historia se le habían quedado grabadas hasta el punto de soñar con ellas, como el hecho de que el padre de Tobias una vez lo obligó a pisotear un saco de arpillera lleno de cachorros hasta matarlos. De adolescente, el juego favorito de Tobias era apuntar con un rifle a la cabeza de un caballo, darse placer y luego apretar el gatillo en el punto de clímax. No era de extrañar que hubiera representado escenas similares en su vida adulta, solo que con mujeres en lugar de animales. También estaba la historia de la agente Ripley. La compañera de Ella en el FBI había sido quien detuvo a Tobias quince años antes, y cuando encontró su choza campestre, halló una serie de objetos personales que sugerían que Tobias Campbell había matado mucho más de lo que el FBI creía. Zapatos de niños, lazos ensangrentados, joyas, ropa, documentos de identidad. Pero el FBI no pudo probar nada de esto, ya que Tobias capturó a la agente Ripley y la obligó a quemarlo todo. Hasta el día de hoy, Ripley afirmaba que lo había visto, pero a los oficiales no les pareció así. Dijeron que Ripley sufría de delirios postraumáticos. Pero ahora, Tobias estaba dispuesto a hablar. Ella no tenía ni idea de lo que podía esperar de él, y la perspectiva de ver a ese monstruo en carne y hueso era intimidante. Pero desde que había llegado su carta a las oficinas del FBI, Ella no había pensado en otra cosa que no fuera en reunirse con él, en meterse en su cabeza, en conocer su forma de pensar. Una oportunidad como esta no solo podía mejorar su conocimiento de los asesinos por lujuria, sino que era una oportunidad única para indagar en los otros crímenes de Campbell. Todavía había muchos asesinatos sin resolver atribuidos a Campbell, con muchas pruebas circunstanciales que lo situaban en la escena del crimen de varios asesinatos en todo Chicago. Los asesinatos sin resolver afligían a millones de familias de todo el mundo, y esta era una oportunidad única de dar un cierre a algunos de ellos. No muchos, pero incluso uno era mejor que nada. Ella oyó un zumbido y levantó la vista. Un caballero bien vestido apareció del otro lado de la puerta de cristal. ―¿Señorita Dark? ―preguntó extendiendo la mano. Era bastante corpulento, calvo y con barba, y tenía la piel bronceada. Llevaba un traje n***o con una camisa blanca y se comportaba con seguridad. Exmilitar, pensó Ella. ―Sí, soy yo. ―Saltó de su asiento y correspondió el gesto. ―Soy Derrick Banks, el alcaide de aquí. ¿Ya te han informado? ―Tomó asiento junto a ella. ―No, no lo han hecho, señor. ¿Qué necesito saber? ―Por favor, lo de señor no es necesario, sobre todo por parte de una agente. Se aplican las normas de visita habituales, pero como estás aquí para conocer al señor Campbell, hay algunas precauciones adicionales que debemos tomar. Ella asintió. ―Escucho. ―En primer lugar, su reunión tendrá lugar fuera de la celda de Campbell. No te preocupes, él estará completamente custodiado. Lo mantenemos en un área de la prisión conocida como la zona roja. Durante los últimos diez años, Campbell ha sido el único recluso allí. Ella había oído los rumores sobre la soledad de Tobias, pero no tenía pruebas concretas de ello. Algunos entusiastas de los crímenes reales afirmaban que a Campbell se le mantenía en el sótano lejos de la población general. Otros afirmaban que a veces lo alimentaban con los presos revoltosos. ―Lo entiendo, pero ¿por qué está tan aislado? ―Su notoriedad no lo favorece. Cada vez que se mezcla con la población en general, termina recibiendo palizas. ¿Un asesino de mujeres como él? Los pandilleros lo quieren crucificado. En segundo lugar, está el hecho de que tenemos que limitar la interacción de Campbell con los otros prisioneros. Probablemente ya sabes que Campbell está bien conectado, tanto dentro como fuera. Hacemos todo lo posible para que no esté accesible, pero aun así encuentra la forma de comunicarse. A decir verdad, no sabemos cómo lo hace. Ella tenía una idea sobre cómo lo hacía. Informantes dentro de la prisión. Decidió no mencionarlo. ―Bien. Bueno, estoy lista. No le revelaré ninguna información. ―Bien. Pero antes de continuar, hay una última cosa que debes saber sobre Tobias Campbell. Esperó a que el alcaide continuara. Ella sacó su teléfono celular y lo colocó a su lado. El alcaide lo recogió. ―La otra razón por la que no dejamos que Campbell se comunique con otros reclusos es que le gusta... jugar. Ella también había oído esas historias. De hecho, ya había descubierto algunas cosas en su trabajo de investigación. Durante el encarcelamiento de Campbell, tres internos habían muerto en circunstancias sospechosas. Los detalles se ocultaron al público, pero Ella tenía la corazonada de que Campbell tenía algo que ver con ellos. ―¿Jugar? ―preguntó. ―Sí. A lo largo de los años, Campbell ha tenido varios compañeros de celda. Bueno, no en la misma celda, pero sí en la contigua. Lo suficientemente cerca como para comunicarse. Todos esos prisioneros terminaron suicidándose. Campbell los convenció de suicidarse. ―Oh, Dios ―dijo Ella, confirmando sus sospechas―. ¿Saben cómo lo hizo? ―No lo sabemos. Pero Tobias es un maestro de la manipulación. Es un depredador que vive en la cabeza de la gente. He hablado con él lo suficiente como para saber cómo trabaja. Le gusta traumatizar a la gente. Srta. Dark, no le digas a Tobias Campbell nada sobre tu vida personal. Hundirá sus garras y no te soltará nunca. ¿Entiendes? Ella asintió. Apoyó la mano en la rodilla y recién entonces se dio cuenta de que la había estado moviendo hacia arriba y hacia abajo por la ansiedad. Necesitaba hablar con ese hombre de inmediato. No podía esperar más.
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