Capítulo 2

1112 Words
Toda mi niñez y adolescencia —en realidad, hasta mi divorcio hace cuatro años—, tuve sobrepeso, por épocas más, por épocas menos, pero siempre fui víctima de lo que hoy llaman bullying. Tenía mis grupos de amigas, pero siempre terminaba descubriendo que, incluso ellas, me criticaban por la espalda. Era agotador. Cuando ingresé al secundario, lo conocí. Nicolás Vílchez. El chico más extrovertido y hermoso que jamás haya visto, y también el más inalcanzable. Durante los primeros tres años mantuve en secreto mi enamoramiento platónico, soñaba que nos casábamos y teníamos chicos, soñaba que me prefería por sobre todas las chicas populares del curso, soñaba, soñaba, soñaba. Siempre se me dio bien soñar, supongo que eso hacemos las chicas con una vida social tan, pero tan restringida que usamos la imaginación y vivimos mil vidas de novela. Lo cierto es que la que se suponía era una de mis mejores amigas, diseminó el chisme cual semilla en terreno fértil y mi vida de ahí en más fue una tortura social. Caminaba por los pasillos y podía escucharlos murmurar, reírse, burlarse, fue un calvario. Pero lo soporté estoicamente. Cuando entré en la preparatoria, una compañera me enseñó a vomitar, la realidad es que lo hice una sola vez y alcanzó, eso no era lo mío, pero pude notar que se estaba convirtiendo en una moda entre mis compañeras de curso. Se las veía tan delgadas, pero aún así, terminaban de almorzar e iban todas en “patota” al baño. A mitad de año una de ellas tuvo que ser hospitalizada y la dirección del colegio tomó cartas en el asunto. Mi ansiado cumpleaños de quince fue la peor experiencia por la que pude transitar. Ese vestido blanco que mi madre soñó para mí, me hacía ver un mantecado bañado de merengue, o un algodón de azúcar, bueno, para el caso era lo mismo. ¿Ya les dije que soy muy tímida y vergonzosa? Pues sí, así que imagínense la tortura que fue entrar con aquel vestido blanco y mis mejillas incendiadas al son de Everything I do, I do it for you de Bryan Adams. Lo único que disfruté fue el vals con mi papá, me hubiera gustado poder presionar el botoncito de delete para el resto, pero hoy, ya siendo una adulta y viéndolo en retrospectiva, entiendo que esa adolescencia me marcó, soy quien soy y, definitivamente, estoy donde estoy por eso. Muchas veces me encontré tomando decisiones basándome en esa época, alguna vez lo he hablado con Marta, mi única y mi mejor amiga desde hace veintidós años y ella siempre me dice que deje que las cosas tomen su rumbo, que estoy estancada en esa época porque sufrí mucho y no logro avanzar. Y eso quería hacer ayer, avanzar. Pero la realidad es que hoy me encuentro tan o más estancada que en aquellos años. Era la fiesta de graduación, había logrado bajar de peso, ocho endemoniados kilos, aún debía bajar unos cuantos más para los estándares de belleza de aquella época, pero yo me sentía fantástica, por una vez en la vida podía ir de compras, entrar en una tienda y que la vendedora no me mirara de arriba a abajo, para luego decir en tono desagradable: “Para ti no hay talle”. Había elegido un vestido color uva de un solo hombro, largo y hermoso. Pasé horas dentro de una peluquería, donde me depilaron, cortaron el cabello, peinaron y maquillaron. Todo eso lo “sufrí” porque había un aliciente: Nicolás me había pedido que fuera su acompañante. Sospeché que la decisión había sido de su padre, que tenía negocios con el mío y era como una cortesía. Pero preferí creer que él lo había hecho por su cuenta. ¡Ilusa! ¡Lo que es estar enamorada! Lo cierto es que me vino a buscar y no hablamos en todo el trayecto, lo cual era raro, ya que él era un chico extrovertido, sin embargo se lo notaba inquieto y yo estaba tan nerviosa que no quería decir nada para no estropear el momento. ¿Cuál momento?, me pregunté después. En fin, fue llegar a la fiesta y se hizo humo. Estuve sentada sola durante un largo rato hasta que Marta me vio y no se despegó de mi lado el resto de la noche, salvo cuando decidí salir a tomar aire mientras ella estaba en el baño. Ese momento no creo poder olvidarlo nunca, un grupo de chicas y chicos estaban hablando de cómo habían apostado a que esa noche Nicolás tendría sexo conmigo. Afortunadamente ellos no me vieron, pero yo los escuché claramente y no necesité más. Entré casi corriendo para buscar a Marta, mis ojos y respiración delataban que no estaba bien, y no, no lo estaba. Nicolás me interceptó en ese momento. —Te estaba buscando… ¿bailamos? Y yo que no tengo mejor idea que aceptar, es que cuando les digo que una mujer enamorada se pone tonta, es así. —Estás muy linda, Eva… Y me derretí, ¿cómo un hijo de puta de esa magnitud puede anular mi cerebro de esa forma? —Gracias —le respondí con una sonrisa y bajé mi rostro. —No tengas vergüenza, sos hermosa… —dijo levantando mi rostro. Creo que en ese instante mi cerebro resolvió que era demasiado y decidió que debía actuar. Me separé, lo miré y caminé hacia donde había estado sentada. Escuché que me llamó, pero no volteé a verlo. Tomé mi bolsa, le dije al oído a Marta que me iba y que no se preocupara porque me tomaba un taxi; y eso hice, me fui sin mirar atrás. Por suerte, nunca más he tenido que ver a ninguno de mis compañeros, salvo al principal motivo de mis desvelos, sufrí su presencia en cenas familiares y otros compromisos en común. La mayoría de las veces lograba evitarlo y me excusaba por motivos de “estudio” o porque “no me sentía bien”, pero la realidad era que me dolía verlo y recordar la treta que me habría jugado si no lo hubiese descubierto a tiempo. Nunca le di la oportunidad de hablar, de hecho siempre que él quiso acercarse, no se lo permití, no podía enfrentar esa vergüenza y esa humillación. Ese secreto me acompañó durante muchos años, hasta que una vez ya casada se lo conté a Marta, quien por supuesto se enfureció por no habérselo contado antes y darle su merecido. Afortunadamente no tuve que padecer demasiado la humillación y la vergüenza, porque poco tiempo después me fui por una beca a París, donde conocí a Fabrice, mi exmarido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD