XI. Ilusiones

1274 Words
-Aidan -me dice Agnes como saludo, mientras me mira de arriba a abajo.  -El mismo que viste y calza -le respondo con una sonrisa.  -Ve a cambiarte que ya llegan los clientes.  Asiento con la cabeza y voy a los vestidores. Allí están Danielle y Mary, que se sorprenden al verme e inmediatamente van hacia mí, abrazándome con ternura. -Que bueno que estás bien, pequeño -me dice Mary desordenándome el cabello- estuvimos muy preocupados cuando supimos del accidente.  -Este lugar estuvo muy solo y apagado sin ti -continúa Danielle.  -Pero el alma de la fiesta ya ha vuelto -les contesto con una sonrisa- y estoy prácticamente sano. Ellas vuelven a abrazarme y me besan en las mejillas.  -Intenta no exigirte mucho -me advierte Danielle, tan preocupada y maternal como siempre.  -Lo haré. Solo estaré con uno, máximo dos clientes -le digo asintiendo con la cabeza.  Me cambio de ropa y esta vez elijo una camiseta negra sin mangas que tape todo mi torso, para que no se noten los vestigios del moretón que aún son visibles. Pantalones cortos a juego, medias hasta la rodilla y el collar de perro. A pesar de no haber venido a trabajar en poco más de dos semanas, Agnes acepta que solo atienda un cliente el día de hoy. Esa es su forma de preocuparse por mí. De hecho, cuando viene mi arrendador, ella le advierte que sea amable conmigo o tendrá que pagar una multa muy alta. Por suerte, el hombre le hace caso y es bastante amable a la hora de meterla.  Trabajé tres días esta semana y solo tuve un cliente cada día. No es mucho dinero, pero si no me cuido, no podré seguir trabajando bien.  El lunes siguiente, el primer cliente tiene la misma advertencia de tratarme bien, pero creo que no le importa mucho que yo sea un ser humano y me ve más como una muñeca inflable. Me hace chupársela y cuando ya estamos teniendo sexo, me aprieta muy fuerte de la cadera. No puedo evitar dar un grito de dolor, que parece lo excita más, porque se corre casi de inmediato.  Al salir de la habitación, estoy adolorido, y Agnes lo nota, así que le cobra el doble a ese hombre, que se queja un poco pero finalmente paga.  -Hay otro joven que requiere tus servicios, Aidan -me dice Agnes- pero si necesitas descansar, le haré saber para que elija a alguien más o se vaya. -No sé si pueda con otra ronda -le respondo, pero luego miro a la recepción y veo al chico que pidió por mí, así que cambio mi respuesta- pero lo intentaré. -¿Estás seguro? -insiste ella. -Totalmente -le digo con una sonrisa.  Entonces ella llama al chico y yo lo guío a una habitación limpia y desocupada, por supuesto.  Cuando entramos y cierro la puerta, lo enfrento. -¿Por qué has venido, Raen? -le digo sin poder mirarlo a la cara. Por alguna razón, me da mucha vergüenza que me vea así, sobre todo sabiendo él que acaban de cogerme. -Quería verte -me responde simplemente, acercándose. -¿Acaso esta vez sí requieres de mis servicios? -pregunto con una sonrisa.  -Solo quiero estar contigo -me dice y me abraza.  Lo abrazo de vuelta, muy fuerte, como asegurándome de que sea real. Me separo un poco y lo miro a la cara, y él me sonríe, así que yo hago lo mismo.  Vamos a la cama y nos sentamos.  -¿Cómo te has sentido? -me pregunta, dirigiendo su mirada en el lugar del moretón. Yo me levanto la camiseta y le muestro. Ya solo quedan unas manchas verdosas de lo que había sido esa gran mancha morada y roja. -Bien -le respondo bajándome la camiseta- ya casi ha pasado todo el dolor.  -¿No has tenido ningún problema aquí? -No...  -¿Estás seguro? -Bueno, justo antes de ti hubo alguien que... no fue muy cuidadoso- le respondo sin entrar en detalle y bajando la mirada. Dios, ¿por qué me cuesta tanto hablar de esto con Raen? Si él sabe que yo me acuesto con desconocidos para vivir. Pero aún así, quisiera que no lo tuviera en mente siempre... Él me acaricia el rostro con suavidad y lo levanta para verme a los ojos nuevamente. Entonces se acerca y me besa tiernamente.  Siento que el corazón me da un salto en el pecho. Lo abrazo por el cuello y nos besamos una y otra vez. Luego de un tiempo, le muerdo el labio inferior para que abra la boca. Él lo hace e introduzco mi lengua. Nos seguimos besando y él se recuesta, dejándome sobre él. Todo esto me prende mucho y no quiero que Raen lo note, así que me recuesto junto a él y lo abrazo, escondiendo mi rostro en su cuello.  Él me abraza de vuelta y nos quedamos así un tiempo.  -Me gustas -dice Raen de repente. Quedo tan sorprendido que por un segundo creo que he escuchado mal o que imaginé esa frase. Entonces lo suelto, quedo recostado frente a él y lo miro a los ojos. -Me gustas, Aidan -repite, esta vez mirándome a los ojos. -¿Estás seguro? -pregunto con la voz entrecortada. -Totalmente. Me gustas mucho. Me gusta tu cara pecosa, tu cabello rojo, tus ojos claros, tu risa, tu forma de ver la vida, tu sentido del humor, tus besos...  Raen se sonroja con cada palabra que sale de su boca y yo siento que estoy a punto de llorar. -Tú también me gustas, Raen. No te imaginas cuánto -le respondo con una sonrisa. Él vuelve a abrazarme y me pongo a llorar, escondiendo mi rostro en su pecho. Nunca había sido tan feliz. Raen me acaricia el cabello y me besa en la coronilla de vez en cuando hasta que logro calmarme.  -¿Quisieras salir conmigo? -me dice. -Salir como en qué sentido -le respondo.  -Ya sabes... salir como... pues... ser novios -dice sonrojándose nuevamente.  -No deberíamos. Es obvio que tu familia nunca me aceptará. Ni si quiera yo lo haría. Ni aunque fuera un capricho tuyo... -No eres un capricho -me interrumpe con mirada seria. -No me importaría serlo -le digo sonriendo.  -Pero no lo eres. Me gustas y quiero estar contigo -me responde acariciándome el rostro.  -No podrás presentarme a tu familia. -Puedo. No tenemos que entrar en detalles sobre lo que haces o nuestra relación. Quisiera decirte que no me importa lo que ellos piensen... pero sí me importa -admite con culpa. -Oye, eso está perfecto. Son tu familia. Obviamente te debe importar lo que piensen o cómo se sientan. Y que el hijo más lindo que la familia más millonaria del país salga con alguien como yo... decepcionaría a cualquiera. -No digas eso -me dice Raen- eres la persona más genial que he conocido. Tienes demasiadas virtudes que no tomas en cuenta al mirarte a ti mismo.  -Eres muy dulce. Gracias -le respondo mientras siento que mis mejillas comienzan a enrojecerse.  -De hecho, te voy a invitar a mi casa. -¡¿Qué?! -A menos que prefieras que venga a verte aquí.  -Por favor, no. Este no es un lugar para ti. Eres demasiado puro y no quiero que te manches. Además, para qué vas a pagar si me puedes ver gratis.  Raen se ríe y yo también. Entonces tocan la puerta. Ya se está acabando el tiempo. Nos ponemos de pie y nos besamos una vez más antes de salir de la habitación. Raen paga, me da un última mirada, yo le regalo una discreta sonrisa y se va.  Este es nuestro secreto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD