Ya llevamos casi dos semanas saliendo con Aidan. No nos vemos tanto como cuando lo cuidaba, sobre todo porque le ha tocado trabajar en las tardes, cuando yo tengo tiempo libre después del colegio. Pero nos hemos juntado un par de veces y todos los días hablamos por mensaje o nos llamamos. Yo ya conozco el lugar donde vive, y creo que ya es tiempo que él conozca mi hogar.
-¿Este fin de semana tienes algo que hacer? -le pregunto en una de nuestras llamadas.
-Voy a preguntarle a mi secretaria -me responde él. Yo me río en silencio e inmediatamente me contesta- tienes suerte, no hay ninguna reunión agendada.
-Perfecto, entonces podrías venir a mi casa.
-¡¿De verdad?! -exclama con ilusión.
-De verdad -respondo.
-Pero... no lo sé, ¿Estás seguro? ¿Qué tal si tu padre me reconoce?
Ya había pensado en eso, y lo dudo mucho. La vez que se vieron fue hace meses y tan solo unos segundos. Además, Aidan se ve diferente cuando está en aquel lugar.
-No lo hará -le aseguro confiado- pero si te causa conflicto, podrías venir cuando él no esté.
-Esa idea me gusta más.
-Perfecto -le digo- este domingo creo que tiene una junta con el club o algo así. Así que podrías venir ese día.
-Me encanta la idea -responde él.
Dicho y hecho, el domingo, me subo al auto con Henry y vamos a buscar a Aidan a su casa. Le aviso que ya estamos en su puerta y él aparece casi de inmediato. Lleva una sudadera negra y unos pantalones ajustados verde oscuro. Es tan guapo.
Al subir al auto me saluda como amigos, ya que nuestra relación es un secreto que ni siquiera Henry debe saber. Entonces nos encaminamos. Tardamos unos veinte minutos en llegar a mi casa. Finalmente, bajamos del auto y veo la cara de Aidan, que intenta con todas sus fuerzas no parecer tan sorprendido.
-Ven, vamos, te mostraré todo -le digo tomándolo de la muñeca y llevándolo conmigo.
Apenas entramos al vestíbulo, Aidan abre mucho los ojos, recorriendo las paredes que están repletas de obras de arte. Luego se acerca al sofá de estilo clásico que está en un rincón, pero no lo toca ni se sienta, solo lo observa y pasa la mano sobre él.
Yo sonrío y le indico que me siga. Vamos al comedor, donde está la mesa ovalada con ocho sillas. Es de un estilo moderno, y sobre ella hay un frutero con forma de Cornucopia. Claro que lo más impactante de este lugar es el gran ventanal que permite ver el patio con su piscina. Yo estoy acostumbrado, pero Aidan mira a todos lados, sorprendido.
Después vamos a la biblioteca.
-No puedo creerlo -dice Aidan apenas abro la puerta.
-Pues créelo -le digo con una risa.
La biblioteca tiene estantes repletos de libros, categorizados por tema. Además, hay un gran sofá y una mesa rodeada de altas sillas, lugar que mi hermana tiene lleno de cuadernos, libros de su universidad y algunos lápices. Claramente es el lugar que ocupa para estudiar.
Aidan recorre primero con la mirada y luego se acerca a los estantes, mirando los títulos de los libros que más le llaman la atención.
-¿Te gusta leer? -le pregunto colocándome a su lado.
-Cuando era pequeño leía mucho. Después ya no tuve nunca más un libro en mis manos -me contesta con naturalidad.
-Puedes elegir uno de aquí, si quieres.
-No, no creo que sea correcto.
-Oye -le digo tomándole ambas manos y mirándolo a los ojos- de verdad, puedes leer cualquiera de estos. No es como si nos faltaran libros.
Él me sonríe y se sonroja mientras asiente con la cabeza. Así que empieza a ver en la sección de ciencia ficción y elige "Rebelión en la granja".
-Quiero este -me dice sacándolo.
-¿Sabes de qué trata?
-No, pero me gustan las granjas, los animales y la rebelión -me responde con una sonrisa. Le sonrío de vuelta y asiento con la cabeza.
Después lo llevo a ver la piscina. Nos sentamos en el pasto mientras una de las criadas nos trae jugo y algunas galletas.
-¡Gracias, Ayla! -digo, pero ella deja caer la bandeja con todas las cosas, mientras da un pequeño grito. Sus ojos asiáticos se abren al máximo.
-¡Lo siento, Raen! -se disculpa y de inmediato recoge las todo, mientras Aidan y yo le ayudamos.
Cuando ella se va, veo que mi compañero está algo pálido.
-¿Estás bien? -le pregunto.
-Sí, sí... -responde Aidan forzando una sonrisa- ya.. . me dio calor, podríamos ir a otro lugar.
-Claro. Vamos a conocer mi dormitorio.
Entramos nuevamente y subimos al tercer piso. Entramos a mi habitación y Aidan parece volver a la normalidad. Mistoffelees, que había estado durmiendo sobre mi cama, se sobresalta al ver al extraño y se esconde tras un mueble.
-¡Tu dormitorio es enorme! -me dice abriendo los brazos y girando lentamente, para mirarlo todo- aquí cabe mi piso como tres veces.
-Sí, sí -le digo algo avergonzado. No me gusta alardear de las cosas que tengo, aunque bueno, tampoco es que esté alardeando nada.
-No sabía que tenías un gato -dice Aidan acercándose a Mistoffelees. Mi gato le olisquea la mano y se deja acariciar. En nada, Aidan ya lo tiene entre sus brazos.
-¿Quieres jugar algo? -le digo.
-Algo como qué -dice él con mirada coqueta, acercándose provocativamente, aún con el gato en sus brazos.
-Algo en la PS4 -le respondo mirando hacia otro lado, para que no vea que me he sonrojado.
Él se ríe y asiente con la cabeza. Entonces nos instalamos frente al televisor, prendo la consola y jugamos. Mistoffelees se queda en su regazo, ronroneando. Gato traidor, a mí ni un miau me ha dado.
Cerca de una hora después, alguien toca mi puerta. Le digo que pase.
-Señorito Raen, siento molestarlo -dice James asomándose.
-Señorito -susurra Aidan a mi lado, aguantando la risa.
-Sí, qué pasa -respondo, ignorando al chico.
-Su padre está abajo, quiere que se prepare para cenar. Su amigo también está invitado, por supuesto.
Me siento palidecer.
-Cla...claro. Bajamos en un momento -respondo. James asiente con la cabeza y sale, cerrando la puerta tras de sí.
-¿No se supone que tu padre no iba a estar? -me dice Aidan frunciendo el ceño.
-¡Eso me dijo! Pero no te preocupes. No va a pasar nada- lo tranquilizo, dándole un corto beso en los labios. Él sonríe de vuelta.
A los diez minutos bajamos y la mesa está preparada. Mi hermana ya está en sentada a la mesa.
-Quién es tu amigo tan apuesto -saluda ella.
-Aidan, mucho gusto -responde él con naturalidad, dándole la mano. Sira se sorprende de que el chico no se haya sonrojado ni nada ante su broma.
-Soy Sira, hermana de Raen -responde ella estrechándole la mano.
-La belleza es de familia, entonces -responde Aidan guiñándole un ojo.
Sira se ríe.
-Me gusta tu amigo -dice mi hermana.
Aidan y yo nos sentamos. A los pocos segundos llega mi madre y saluda a Aidan con cortesía. Él la saluda de la misma forma. Finalmente llega mi padre. Siento que Aidan se tensa junto a mí, pero por suerte nadie más parece notarlo.
-Ah, tú eres el amigo de Raen -lo saluda mi padre extendiéndole la mano- ¿tu nombre?
-Aidan, señor. Mucho gusto -responde estrechándole la mano. Mi padre lo mira con algo de extrañeza.
-¿Y tu apellido? -vuelve a preguntar.
-Coyle -responde Aidan.
-Ah. ¿Alguna familiaridad el político Herman Coyle? -pregunta mi padre.
-Lo dudo -responde Aidan con una sonrisa.
En ese momento, llegan las criadas con bandejas de comida. Mi padre y Aidan toman asiento. Ayla trae los vasos y se ve igual que siempre. Y no se le cae nada, por suerte.
Cuando está todo servido, empezamos a comer. Aidan toma por error el tenedor de la carne, pero estamos comiendo la ensalada. Le doy un pequeño golpe en las costillas y le hablo al oído.
-Los cubiertos se usan en orden, de afuera hacia adentro -susurro. Él asiente con la cabeza, deja ese tenedor y toma el correcto. Después de ese pequeño incidente no ocurre nada más.
Al finalizar la ensalada, nos traen el plato principal, un filete con con pasta al pesto. Cuando nos ponen los platos delante, recuerdo que Aidan es vegetariano. Veo su rostro de horror ante su plato.
-Ayla -llamo a la criada- ¿podrías traer solo la pasta? Aidan no come carne.
-Ah, es cierto -dice ella y se lleva el plato del chico.
¿Cómo que es cierto?
-¿Algún problema? -pregunta mi madre.
-Aidan no come carne -respondo.
-No quiero causar molestia -dice él, apenado.
-No es molestia -responde mi hermana con una sonrisa.
-Y dime, Aidan, ¿eres compañero de clase de mi hijo? -pregunta mi padre.
-No, la verdad es que no.
-¿Y cómo se conocieron? -quiso saber mi hermana. Aidan me mira. No podemos decirle que en el burdel ni tampoco que lo atropellé.
-Pues, en una tienda -respondo.
-¿Ah sí? -pregunta papá con suspicacia.
-Sí... de videojuegos -continúa Aidan- donde... trabajo.
-Así que trabajas. ¿Piensas estudiar algo? -pregunta mi padre.
-No realmente. Me gustaría, pero no sé si podré tener la oportunidad -responde Aidan.
-Si te esfuerzas la tendrás -dice mi padre- así funciona el mundo.
-Con todo respeto -dice Aidan- así no funciona el mundo.
Todos lo miran con sorpresa.
-De qué hablas, muchacho -responde mi padre con seriedad.
-Usted dice que con esfuerzo podré estudiar, pero yo me esfuerzo día a día y aún así no tengo nada... más que lo indispensable. Y no es lo mismo el esfuerzo de Raen, por ejemplo, que solo debe preocuparse de estudiar, porque sabe que tiene asegurado un techo bajo el cual dormir y comida caliente todos los días, que el de alguien que debe trabajar para pagar su techo y comida, sin tener tiempo de ir a alguna institución para tener estudios superiores. O de alguien que no tenga una familia que lo apoye, o de alguien que debe alimentar a una familia, viendo cómo el dinero apenas le alcanza.
Yo asiento con la cabeza. Mi padre necesita un poco de realidad en su vida.
-Por mucho que alguien se esfuerce -continúa Aidan- , si no le dan las mismas oportunidades desde pequeño, no podrá surgir. Pero probablemente su esfuerzo servirá para que sus hijos sean más que ellos mismos.
-Dices eso porque quizás la gente que conoces quiere que todo le caiga del cielo y no hacen lo suficiente -replica mi padre.
Aidan empuña ambas manos y respira hondo.
-No, señor. La gente que conozco trabaja muchas horas al día, se esfuerzan el doble o el triple de alguien que lo tiene todo asegurado. Y quizás en el futuro sean exitosos, pero ahora están viviendo estresados, durmiendo poco y comiendo apenas. Y si la gente aplaude eso, se considerará normal tener una vida precaria "porque se está esforzando" y no, no es normal. Algunos tienen más de un trabajo, pero todos con sueldos precarios. Varios salen adelante , por supuesto, pero ¿a qué costo? Y si eres alguien que no tiene nada ni nadie, es mucho más difícil.
Mi padre niega con la cabeza
-Creo que te falta conocer a la gente, Aidan.
¡¿Realmente se atreve a decirle eso?!
Aidan se levanta de su asiento.
-Lo siento, ya es tarde. Debo irme -dice y sale rápidamente. Yo apenas tengo tiempo de reaccionar y salgo tras él.
Lo alcanzo en la puerta de entrada.
-Aidan, espera... te iremos a dejar -le digo tomándolo de un brazo. Él asiente con la cabeza, pero no deja de mirar al suelo.
Salimos y llamo a Henry para que nos venga a buscar. Miro a todos lados y no hay nadie mirando, así que abrazo a Aidan.
-No le hagas caso a mi padre -le susurro.
-Lo siento, es que me enoja tanto... -me responde al mismo volumen de voz.
-Me imagino.
Henry llega a los pocos minutos y ambos nos subimos en los asientos traseros. Durante los veinte minutos de viaje no decimos ni una palabra, pero yo le acaricio el dorso de la mano a Aidan para que se tranquilice. Cuando ya estamos frente a su edificio, parece más tranquilo.
Me bajo junto a él y voy a dejarlo a la puerta de su piso. Entonces lo abrazo.
-Gracias por haber venido, y perdón por la cena -le digo.
-No importa, de todas formas lo pasé bien -me dice él abrazándome de vuelta.
-Olvidaste el libro -le digo y el se ríe.
-Es verdad. Tendremos que vernos para que puedas pasármelo.
Asiento con la cabeza y le doy un largo beso en los labios. Luego nos despedimos y salgo. Me subo al auto, enojado, y Henry me lleva nuevamente a casa.