-Deberías comprar algo. Tu despensa está vacía -me dice Agnes.
-Sí, pensaba hacerlo en la tarde, después del trabajo -le respondo.
Agnes vino a verme muy temprano. Como todos los lunes, me da el horario de la semana. Me toca trabajar hoy en la mañana, miércoles y jueves en la tarde y el sábado en la mañana. Bien, no es muy duro. Me gusta estar en las mañanas, así tengo el resto del día libre.
-Aquí tienes algo de dinero -me dice pasándome unos billetes- no lo malgastes.
-Claro que no, jefa -le respondo.
Guardo el dinero en mi billetera y la guardo en el bolsillo de la chaqueta. Y salimos los dos juntos hacia el burdel.
Ella se queda en la recepción y yo voy al vestidor. Me coloco un crop top ajustado de color azul marino y unos pantalones cortos sueltos. Y, por supuesto, el infaltable collar de perro. Me miro al espejo y me maquillo un poco para acentuar mis rasgos femeninos. Me peino otro poco y estoy listo para que alguien me elija.
Voy a la recepción y me quedo junto a mis compañeras. Ahora somos cinco y todas son chicas menos yo.
-Danielle me dijo que te habían golpeado el otro día, pero ya no se nota nada -me dice Mary, una chica afroamericana altísima. Yo no le llego ni al hombro.
-Sí, pero ya sabes, unos golpes más o golpes menos son parte del oficio. Aunque el tipo se confundió de cachete -le dijo sonriendo.
Las demás se ríen, porque es verdad. Las nalgadas son pan de cada día.
Me gusta estar con las chicas. Siempre son divertidas y se ríen conmigo.
-Espero que hoy me vaya bien -comenta Ayla, una chica de rasgos asiáticos, muy delgada y bajita- tengo que pagar la cuota de la universidad.
-Mientras más pervertidos vengan, mejor te irá. Como tienes cara y cuerpo de niña pequeña -comenta Carmen, una chica voluptuosa de rostro precioso. Parece elfa del señor de los anillos- lo que es yo, espero que le gusten las trans. Aunque últimamente me ha ido bien.
-Es que con esa cara y ese cuerpazo, hasta yo te cojería y eso que no me gustan las mujeres -le digo y todas vuelven a reír.
-Chicas, viene un cliente -nos avisa Agnes y nos ponemos de pie y nos colocamos lo más sexis que podemos.
Ayla es la primera elegida. Mientras avanza la mañana, van eligiendo a cada una de las chicas y a mí. Por suerte, este hombre sí supo de inmediato que yo no era chica y me eligió por eso. Menos mal, no quería otro golpe en la cara.
Estamos unos diez minutos en la habitación. No necesito hacer nada especial porque él ya estaba todo excitado, así que fue casi llegar y meter. Con condón y lubricante, por supuesto. Siempre con los cuidados necesarios y nunca tan masoquista.
Durante la hora feliz, me eligieron dos veces más, y media hora antes de irme, me eligieron otra vez. Este día fue bastante productivo y sin ningún problema, fluido como el agua.
A las 3 de la tarde me cambio de ropa, me despido de las chicas y me voy caminando a casa, pero antes de llegar, me desvío y voy al supermercado a comprar lo que me falta.
Tomo un carro y elijo verduras y frutas, un poco de pan, leche y legumbres. También shampoo y pasta dental que ya se me estaba acabando. Miro el carro y tiene muy pocas cosas, pero en fin, tampoco tengo que comprar tanto. El dinero no sale de los árboles... bueno, en estricto sentido sí porque está hecho de papel, pero no es algo que yo pueda ir y recoger de cualquier parte. Hay que cuidar lo que tengo. Además, he estado ahorrando y creo que por fin tengo lo suficiente para darme un pequeño lujo.
Después de pagar, coloco las cosas en una bolsa y me voy a casa. Guardo todo y saco mis ahorros para agregar estos últimos billetes. Lo cuento todo y por fin he juntado lo suficiente. Fueron dos años de ahorro, pero por fin lo junté todo.
Tomo todo ese dinero, lo guardo en mi billetera y salgo nuevamente, lleno de ilusión.
El lugar al que voy está casi a un kilómetro, pero prefiero caminar. No solo ahorro unos pocos pesos, sino que también me ayuda a hacer ejercicio y despejar la mente.
Luego de caminar unos quince minutos, por fin llego.
-¡Buenos días! -saludo alegremente al dependiente.
-Buenos días, ¿en qué te puedo ayudar? -responde él amablemente.
-Quisiera comprar esa tabla, esas ruedas, esos riser y esos truck -le digo apuntando a cada cosa que he estado mirando desde siempre y de las que enamoré desde que las vi. La tabla es de color amarillo con un dibujo de una especie de conejo rojo con una aureola entre sus largas orejas. Los truck son rojos igual que los riser y las ruedas son negras.
-Claro, ¿la quieres ver primero?
-Sí, genial.
El dependiente me la muestra mientras me va comentando todas las bondades de esta tabla y las ruedas. Finalmente le aseguro que quiero llevar todo eso. Vamos a la caja y le pago con todos los billetes y monedas que tengo.
-¿La quieres ya armada? -me pregunta.
-Claro. Así como para salir de aquí patinando -le digo alegremente.
-Genial. Entonces te ayudo -me dice. A pesar de que sé armarlas, le agradezco y le digo que sí.
Cuando era más pequeño tenía una tabla. Antes de que mis padres murieran yo solía patinar mucho en la calle. Pero luego pasó lo que pasó y nunca más me subí a una. Pero cuando empecé a trabajar, me volvió a picar el bichito y decidí ahorrar para comprarme una de las buenas.
Cuando por fin termina de armarla, colocarle los truck, las ruedas y pegarle la lija, me la pasa. Es hermosa y es mía. Finalmente.
-¡Muchas gracias! -exclamo.
-Aquí tienes las herramientas y un par de pernos por si debes cambiarlos -me dice el chico pasándome una pequeña caja de metal.
-Perfecto, muchas gracias.
-Que la disfrutes. Nos vemos.
-¡Nos vemos! -me despido y salgo de la tienda. Miro mi tabla nueva unos segundos y estoy que grito de emoción.
La pongo en el suelo y me subo. Pensé que al principio iba a perder el equilibrio o algo, si ya han pasado como cuatro años desde que me había subido a una, pero nada malo pasó.
Comienzo a avanzar y me deslizo suavemente por la calle. El sonido de las ruedas, el viento en mi cara, todo es perfecto... hasta que cruzo la calle.
Sin darme cuenta, un auto me golpea y mientras voy cayendo al suelo con un dolor intenso en las costillas, veo cómo la rueda del auto parte por la mitad mi tabla recién estrenada.