Me bajo temblando y me acerco poco a poco a la parte delantera del auto, rezando para que la persona esté bien... al menos que esté entera.
Cuando me asomo, lo primero que veo es una cabellera pelirroja que se me hace vagamente familiar.
-¿Estás bien?- pregunta Henry al chico mientras se acerca a él, sin tocarlo ni moverlo.
-He estado peor -contesta el chico con una voz que ya conozco. Se sienta lentamente dándome la espalda. El chico se toca el pecho y me doy cuenta de que está respirando con dificultad.
-Será mejor que no te muevas -le recomienda Henry.
Me acerco más para ponerme cara a cara con el pelirrojo. Como lo sospeché, es el chico del burdel. Él levanta la mirada y por un segundo pone una expresión de sorpresa que borra de inmediato.
Aidan mira bajo la rueda del auto. Sigo su mirada y veo una tabla quebrada. Así que eso fue lo que había sonado antes. Entonces el pelirrojo suelta unas lágrimas.
-¿Quieres que te llevemos al hospital? -le pregunto.
-No, no, estoy bien -dice mientras sigue llorando.
-Hay que llevarte al hospital -dice Henry con seriedad. Le toma la mano al chico y yo lo ayudo a ponerse de pie. Lo llevamos a los asientos traseros del auto y lo dejamos sentado.
El chico tiene una cara lamentable, así que decido sentarme junto a él. Henry toma el asiento del piloto y partimos.
-¿Te duele mucho? -le pregunto.
-Me han golpeado peor -me responde.
-Y por qué lloras entonces.
-Porque rompiste mi tabla nueva.
Lo miro perplejo. ¿O sea que se preocupa más por una tonta tabla que por su propia vida?
-No es tan terrible -lo intento consolar- Puedes reemplazarla.
Él me mira con furia, como si hubiera insultado a su madre y a toda su familia.
-Típico de niño rico -me dice- no todo el mundo la tiene tan fácil como tú.
Lo miro con sorpresa y decido no decir nada más. Él mira por la ventana, aún con el ceño fruncido.
Llegamos al hospital privado, en el cual mi familia se atiende desde siempre. Aidan se baja del auto pero se niega a dar un paso más.
-¿Qué tienes? -le pregunto.
-No puedo pagar esto -me dice.
-El gasto va por nosotros -responde Henry.
Entonces el pelirrojo decide entrar.
No esperamos mucho y lo atienden. El doctor lo revisa y decide hacerle unos rayos X para confirmar su sospecha.
Después de dicho examen, nos informa que Aidan tiene un par de costillas trizadas, y hematomas, pero aparte de eso, todos sus órganos internos están bien.
-Tendrás que estar en reposo un par de semanas, y luego un mes sin hacer mucho esfuerzo -informa el doctor mientras escribe una receta de medicamentos para el dolor.
Aidan palidece.
-No puedo hacer eso -murmura el pelirrojo- tengo que trabajar.
-Lo siento. Pero es la única forma en que sanen de forma eficaz y completa -dice el doctor pasándole el papel.
El chico asiente con la cabeza y toma el papel con resignación.
-¿Eso es todo, doctor? -pregunta Henry.
-Eso es todo. Y en seis semanas tendrás que venir para una revisión. Si después de dos semanas te sigue doliendo al respirar, ven a verme -dice el doctor.
Aidan vuelve a asentir y salimos de la consulta.
-Gracias -dice el chico en voz baja cuando salimos del hospital- pero ya tengo que volver a casa.
-¿No quieres que te compremos los medicamentos? -le pregunto.
-No, gracias. Ya hicieron suficiente por mí -responde.
-Entonces te vamos a dejar a tu casa -le dice Henry. Él asiente con la cabeza y subimos todos al auto. Él nos va indicando el camino hasta que llegamos a un edificio de tres pisos.
-Gracias por todo, Raen. De verdad -dice al bajarse. Yo me bajo tras él. Me sorprende un poco que recuerde mi nombre.
-No agradezcas tanto. Fue mi culpa de todos modos. Lo siento mucho, Aidan -le digo con pesar. Él me mira son sorpresa y sonríe.
-No eres el primero que me da un golpe tan fuerte -dice y ríe un poco, pero se detiene de inmediato. Deben dolerle las costillas. Y luego agrega -perdón por lo que te dije en el auto. Estaba enojado.
-Ah, no te preocupes. De todas formas es verdad. Soy un niño rico -le digo sonriendo.
Él me sonríe de vuelta, se despide agitando la mano y entra al edificio.
Entro al auto, al asiento del copiloto junto a Henry y él parte.
-Creo que dejaremos las clases prácticas para después -me dice.
-Sí. Mejor -le digo-. ¿Podemos volver al lugar del accidente?
-Claro.
Cuando llegamos a esa esquina me bajo del auto y, para mi suerte, la tabla quebrada está en la calle, aunque alguien la empujó junto a la berma. Recojo los dos pedazos y me subo nuevamente al auto con todo en mis brazos..
-¿Y eso por qué? -me pregunta Henry cuando me siento junto a él.
-Supongo que le debo una tabla nueva, ya que por mi culpa se rompió esta -respondo.
Al verla detenidamente me doy cuenta que es literalmente nueva. Las ruedas tienen a penas un poco de polvo, pero la lija y la tabla están inmaculadas, dejando de lado el detalle que están rotas, de verdad el skate estaba nuevo y me siento culpable.
Al llegar a casa, subo directamente a mi habitación con la tabla entre mis brazos, pero no es necesario esconderla ya que no hay nadie a esta hora más que el mayordomo y las empleadas. Mi padre está en la oficina, mi hermana está en la universidad y probablemente mi madre estará en casa de alguna amiga o en algún club.
Cuando llego a mi cuarto, cierro la puerta y me voy directo al escritorio. Mistoffelees se acurruca en mis piernas y comienza a ronronear mientras yo busco en internet algún lugar que vendan esa misma tabla.
Para mi mala suerte, ya no quedan en esta ciudad, pero no es problema ya que puedo pedir una por internet y llegaría en una semana más o menos. Por suerte los truck y las ruedas están en perfecto estado, así que no será necesario cambiarlos por otros.
Después de hacer el pago con la tarjeta que me dio mi padre este año, solo debo esperar que llegue, armarla y entregársela a Aidan.
-¡Raen!
La voz estridente de mi hermana me sobresalta y me giro inmediatamente.
-Sira, maldición, por qué siempre haces eso, ¿quieres matarme de un infarto o algo? -le digo colocando una mano sobre mi pecho.
-Eres muy joven para eso -responde ella con indiferencia- ¿Y esa tabla?
A mi hermana no se le va nada.
-Ah, es de un amigo... se le rompió y me pidió que viera si en internet podía encontrar otra -le contesto como si fuera lo más normal del mundo.
-¿Y él no puede hacerlo?
-Mmmm... no.
-Ah, bueno. En fin, venía a hablarte de otro tema muy importante, querido hermanito. Tu cumpleaños.
Yo ruedo los ojos. Sira siempre es la que más se emociona con mi cumpleaños, porque es una excusa para hacer una gran fiesta. Y ahora debe estar más emocionada porque podrá invitar a sus amigos de la universidad.
-No pienso hacer nada especial -le digo. Luego de ver su reacción decepcionada, agrego -¡No es cierto! Pienso hacer la mejor fiesta del año.
Sira sonríe ampliamente y me abraza.
-Puedo ayudarte a organizarla -me dice.
-Por supuesto. Y puedes invitar a todos los que quieras, sé que tienes buen gusto en la gente -le digo guiñándole un ojo.
Ella asiente con la cabeza y me desordena el cabello antes de irse nuevamente.
Sí, es bueno hacer una fiesta. 17 años no se cumplen todos los días.