Desilusión
—Necesito que me consigas una esposa y debe ser a la brevedad posible —dentro de una oficina lujosa, Ezra Moratti le ordenaba a su asistente —Debe ser una mujer joven, a lo mucho de mi edad, educada, que venga de buena familia o al menos de una decente y sobre todo que sea capaz de no fastidiarme.
—¿Quieres un robot? —le cuestionó la mujer frente a él, llevaba a su lado mucho tiempo para saber que su actitud no era más que una máscara.
—Muy graciosa Sam, pero en serio, mi abuelo sigue insistiendo con la boda y ya no me voy a poder seguir negando.
—Siempre te has salido con la tuya con él. Por qué esta vez sería diferente —le Cuestionó su asistente.
—Amenazó con quitarme todo… Pondrá al frente a Bruno y yo no voy a permitir eso —Respondió Ezra bastante ofuscado.
—Bruno, él no es apto para estar al frente de todo, llevará todo a la ruina —Ezra asintió conforme a lo expuesto por su asistente, ella siempre sabía lo que debía hacer y cómo hacerlo.
—Deberías tú casarte conmigo, me conoces, te conozco. Será una unión ideal —Le dijo Ezra con una sonrisa, sacando una de Sam frente a él.
—Podría ser posible, pero tenemos un problema, estoy comprometida —Sam le mostró su anillo con un brillo bastante especial en su mirada.
Ezra resoplo derrotado y se encogió de hombros mientras Sam salía de la oficina a encargarse de su trabajo.
Llevaba cinco años al lado de Ezra, como su fiel asistente, su tapadera, su apoyo, su amiga, en la mujer que podía confiar, la que siempre lo escuchaba, una amiga.
Ella conocía cada cosa de él o eso era lo que creía, Ezra era mucho más de lo que él dejaba que ella viera.
El día transcurrió a paso lento, Sam estaba ansiosa su novio volvía de un viaje de trabajo y ella ya no aguantaba más sin verlo, hacía quince días que no lo veía, emocionada terminó su horario laboral, fue al baño retocó su maquillaje, acomodo su ropa y salió dispuesta a ir a ver al que ella creía era el amor de su vida.
Fue directo a la casa de sus suegros, donde se suponía le harían una cena de bienvenida a Gustavo su novio, Samantha jamás pensó que ese noche sería a una de las más difíciles que tendría que vivir, al llegar y tocar el timbre fue recibida como si fuera un bicho raro, una extraña, como si su presencia allí estuviera de más, la incomodidad se hacía más fuerte con cada segundo qué pasaba.
Intento encontrar a Gustavo pero todo parecía indicar que se lo había tragado la tierra, después de tanto buscar y de no entender el porque era tratada así, decidió irse pero antes de llegar a la salida pudo escuchar como una ronda de aplausos llenaba el lugar, al voltearse a ver el motivo se encontró con la imagen del hombre que ama y que se suponía iba a ser su esposo tomado de la mano de otra mujer mientras le daba miradas de amor y como la cereza del pastel ella está embarazada, su vientre abultado se hacía notar bajo la tela del vestido qué usaba.
Sam solo quedó allí de pie observando aquello, la desilusión y el dolor que sentía en esos momentos la dejó sin fuerzas para siquiera moverse, estaba de pie allí pero por dentro estaba en un abismo, no sabía si llorar, gritar, reclamar, el hombre frente a ella se había burlado de sus sentimientos, de sus ilusiones.
Aquella fiesta no era más que para anunciar la boda de ambos, como si la relación que tenía con Sam no había existido, lo más duro de todo fue ver cómo las personas que solían recibirla y tratarla con cariño ahora la miraban de mala manera, como si ella fuera una intrusa, después del brindis, ver cómo todos aplaudían y a Gustavo besar a la mujer entre sus brazos.
Salió de ese lugar con el corazón roto con todo los sentimientos revueltos, llena de dudas, confundida no lograba entender porque, hasta hace unas semanas él parecía amarla, pero ahora resulta que todo es mentira, todo este tiempo le estuvo mintiendo. Había embarazado a otra mujer cuando a ella le dijo que no quería hijos por el momento, le dio un anillo y le dijo que después harían una cena con su familia para celebrar, pero ahora le dio un anillo a otra y toda su familia lo celebró, en que momento ella se convirtió en su juguete, en una burla para él.
Camino sin rumbo fijo, todo lo que podía hacer era recordar y llorar, se abrazó a sí misma tratando de consolarse, ella no tenía a nadie, sus padres eran de las afueras de la ciudad ella había venido buscando nuevas oportunidades, consiguió trabajo con System Logistic la compañía donde Ezra era Ceo, después de algún de un tiempo trabajando supo que no era solo el Ceo allí, si no en otra grupo de empresas estaba trabajando para un Magnate multiempresarial, entonces se prometió a sí misma darlo mejor, y estar a la altura del cargo que obtuvo gracias a su esfuerzo, Ser la asistente del Ceo venía con muchas responsabilidades, tenía que estar disponible las 24 horas del día, trabajar largas jornadas, ser la sombra y los odios en todas partes.
Sam se había caracterizado por anticipar cada cosa que Ezra necesitará, antes de que él pudiera pedirlo, ella ya lo había resuelto. Era muy eficiente y sobre todo leal.
Cuando Ezra supo de su relación con Gustavo estuvo en total desacuerdo le dijo que él no era un buen hombre, que se apartará pero ella estaba demasiado entusiasmada con el socio de su jefe para escuchar razones, Ezra después de mucho y darse cuanta que ella no iba escucharlo la dejo hacer lo que quisiera con la advertencia de que si algún día Gustavo llegaba a lastimarla él iría y le partiría la cara así eso le costará la sociedad.
Justo lo que tanto Ezra le advirtió paso, y ella no tenía cara para ir y decirle lo que había pasado, entonces decidió llorar esa noche sacar todo ese dolor porque al día siguiente llegaría a su lugar de trabajo con un sonrisa como si nada hubiera pasado, no le costaría a Ezra millones de dólares solo porque ella no había podido elegir a un buen hombre.
Así intentó hacerlo al día siguiente pero por más que intentó fingir estaba distraída tanto que Ezra terminó notando qué a su aplicada asistente le ocurría algo, después que terminó con algunas reuniones la hizo ir a la oficina y la confrontó.
—Samantha Ríos quiero saber qué sucede —Le exigió después de hacerla tomar asiento.
—No sucede nada —Resopló molesto al escuchar su respuesta —Estoy bien Ezra, son cosas de chicas.
—No me vengas con eso Sam, sé cuando estás en tus días, y es obvio que no estás en ellos, dime que pasa —Sam tragó con dificultad, sabía que no podría mentirle Ezra la conocía bien.
—Anoche Gustavo se comprometió con otra mujer, ella está embarazada —Ezra estampó su mano contra el escritorio molesto.
—¡Ese maldito! que te dijo al respecto —le cuestionó —¡Sam! —Le gritó al ver que no respondía.
—¡No dijo nada! —Respondió entre llanto —Se quedó allí celebrando y besándola en mi cara, toda su maldita familia estaba presente y aplaudieron felices, actuaron como si no me conocieran —Terminó de decir con la voz entrecortada.
—Te lo advertí Sam, te dije que te alejaras de él —Le reprocho molesto —Quería evitar que te hiciera sufrir.
—Lo sé, pero no ayuda que ahora me lo reproches. Confié en él y solo estuvo jugando conmigo Ezra —Ezra sintió como todo empezó a hervir dentro de él al verla llorar devastada —Me dio este anillo solo para que no desconfiara de y creí que iba a casarse conmigo y ahora… Soy una estúpida.
Ezra camino hasta la puerta sin decir nada, sus pasos resonaban de forma pesada sobre el suelo del mismo, Sam se puso de pie al verlo partir.
—¿Dónde vas Ezra? —le cuestionó.
—A romperle la cara, se lo advertí también a él Sam, esto no se va a quedar así.
—Ezra espera, no vayas Ezra… Ezra…
De nada valieron gritos el imponente Ezra Moratti salió de su rango de visión, con toda la intención de iniciar una pelea, Sam solo pudo dejarse caer en él asiento culpándose por haberlo dicho, solo esperaba que las cosas no terminarán en una situación demasiado complicada.
Ella solo era una asistente y que el Dueño y Magnate del imperio Moratti fuera darse de golpes con un socio por una simple asistente, aquello sería un escándalo, uno que ella no necesitaba.