Tal y dijo cómo dijo Stefano al día siguiente un juez tenía toda la documentación lista, solo faltaba la firma de Samantha.
Ella meditó mucho toda la noche y en cada uno de los escenarios que se planteó siempre llegaba a la misma conclusión, convertirse en su esposa.
Ezra no la dejaría estar cerca si resultaba que el diagnóstico resultaba ser cierto, él se alejaría de todos, preferiría pasar por eso solo que dejar que alguien lo viera así de vulnerable.
El siempre se comportó como un hombre imponente, donde sea que iba siempre lograba sobresalir del resto, admirado por unos, envidiado por otros, su atractivo era indiscutible, la mujeres morían por estar a su lado o al menos optar por entrar en su cama, pero él actuaba como si ninguna fuera suficiente para estar a su lado, no lo hacía de una manera brusca, era muy sutil, les brindaba una sonrisa pero en ella no había más que rechazo.
El no podría vivir en un mundo donde todos los que antes lo respetaban y envidiaba ahora lo vieran con lástima, Ezra sin duda se iba a confinar en esa casa, no saldría de allí y tampoco dejaría a nadie entrar y ella no iba permitir eso, solo rogaba que al despertar él entendiera y no la odiara por hacer aquello.
Mientras terminaba de arreglarse para salir no pudo evitar recordar cuando lo conoció, llegó muy nerviosa a la entrevista de trabajó, fue una suerte enterarse de ella, entró a una cafetería buscando una oportunidad laboral y cuando estaba apunto de preguntar escucho como estaban solicitando una asistente ejecutiva en una de las empresas más prestigiosas del lugar, ella había leído mucho sobre esa empresa, entonces respiro hondo tomó valor y se dirigió al lugar.
Ella estaba preparará para ese cargo, su padre se había asegurado de brindarle una buena educación, pensó que este era justo el momento de aprovechar aquello.
Al llegar a recepción, se presentó como una postulante trago grueso al ver como la chica de la recepción la reparó por completo, todo lo que pudo hacer fue brindarle una sonrisa nerviosa, está la devolvió, le dio un gafete de visitante y le indicó hasta dónde dirigirse.
—¿Vienes a la entrevista? —Una voz le preguntó a sus espaldas, mientras se dirigía al elevador.
—Sí, espero poder obtener el empleo. Soy de la afueras de la ciudad y todo esto es nuevo para mí —Respondió muy amable, mientras empezó a arreglar su atuendo para verse impecable.
—¿Estás preparada para ese puesto? él dueño es un poco difícil —Sam estaba tan pendiente de verse presentable qué jamás volvió a ver la cara de la persona con quien hablaba, solo respondió las preguntas que éste le hacía.
—Eso creo…..
—¿Eso creo? Si le respondes eso no podrás convencerlo de darte la oportunidad —Samatha meditó sus palabras y tenía razón, esa no fue una respuesta profesional tenía que parecer segura de sí misma.
—Estoy muy calificada, tengo experiencia en administración, contabilidad, mercadeo y soy muy buena para relacionarme con las personas, también soy excelente en planificación de eventos y hablo tres idiomas — Respondió está vez en tono seguro y orgulloso.
—Así está mejor —le dijo la voz al entrar al elevador —Ahora ¿por qué te contrataría a tí y no a una de las mujeres allí arriba? —volvió a cuestionar la persona ahora de pie a su lado.
—Porque ninguna de ellas soy yo —Respondió con una sonrisa Samantha mientras arreglaba su cabello.
—Estás contratada —la persona a su lado le dijo llamando la atención de Sam que por primera vez volvió a verlo.
—¡Ezra Moratti! —soltó muy sorprendida.
Ella la noche anterior había leído mucho del gran imperio Moratti y del hombre joven que catalogan como el Magnate más importante de los negocios, jamás pensó que era justo quien le hacía aquellas preguntas.
—Un placer conocerte nueva asistente desconocida—le tendió la mano como saludo con una sonrisa ladeada que causó un hormigueo en Sam.
—Soy Samantha Ríos, señor —Ezra le dió una mirada reprobatoria al escucharla.
—Soy casi de tu edad, solo llámame Ezra —le dijo mientras detenia las puertas y le indicaba salir del elevador, Sam solo asintió e hizo lo que le indicó
—Doris buen día. Hazme un enorme favor dile a las chicas de la entrevista que ya no es necesaria su presencia. Ya tenemos una asistente — Le indico a una chica en otra recepción más pequeña que la planta principal.
Y así sin más la contrató, la relación laboral entre ambos fue demasiado de buena a decir verdad, más que jefe y empleada eran amigos, unos muy cercanos tanto que seis meses después luego de un evento con algunos socios lo inevitable sucedió.
—Gracias por traerme —Sam agradeció con una sonrisa, una a la que Ezra no se pudo resistir y terminó por besarla.
Sam no se resistió, una de las manos de Ezra tomó su nuca y la otra su cintura pegandola a su cuerpo, mientras la besaba con ternura y deseo a la vez.
—Eres única Samantha, es imposible no desearte —le susurró sobre sus labios mientras la miraba a los ojos.
—Ezra yo… —la silencio con otro beso uno cargado de pasión, tanta que Sam dejó de pensar y solo se entregó al deseo que ella también sentía.
Después de un rato yacían en la cama de Sam, ambos desnudos, dándose placer desenfrenado, Ezra se había enamorado de Samantha tanto que no dejaba de pensarla y querer estar con ella a toda hora, en cambio Sam no demostraba ningún tipo de sentimientos por él, lo que hacía que Ezra se obligará a callar aquellos sentimientos.
Pero esa noche no lo soportó más y dejó salir lo que sentía y pensó que Sam sentía lo mismo pero al despertar las cosas no salieron como él esperaba.
—Buenos días preciosa —beso su hombro mientras ella preparaba el desayuno, su mano viajó bajo la tela lisa del vestido que Sam usaba.
—Ezra no lo hagas —Sam le pidió mientras se alejaba de él, tomándolo por sorpresa.
—¿Qué sucede Sam? —le cuestionó.
—Necesito el trabajo Ezra….. sabes la situación económica difícil que atraviesan mis padres, esto no puede repetirse —Ezra suspiro derrotado al escucharla.
—Lo sé Sam, yo jamás te quitaría tu trabajo por estar conmigo.
—Has pensado en lo incómodo que sería…. No puedo hacer esto, por ahora solo quiero enfocarme en mi trabajo y tú eres mi jefe y quiero que la relación que hemos forjado estos meses se mantenga igual. Olvidemos que esto pasó —le pidió muy segura a lo que Ezra ya no refutó nada, solo le brindo un sonrisa y asintió ante su petición, aunque por dentro aquello lo había lastimado.
El la quería para algo serio, tanto que le había hablado a su abuelo de sus sentimientos por ella, y él le había aconsejado que la conquistara, pero no espero que ella lo rechazará sin quiera poder hablar de manera seria de eso.
La conocía bien para saber que si él seguía insistiendo terminaría mal o ella tomaría la decisión de irse por lo tanto decidió guardar aquello y mantenerla como su asistente.
—Sam pensé que no vendrías —le dijo Stefano afuera del registro civil donde la esperaba para hacer efectivo el acuerdo.
—Buenos días señor Moratti, me retrasé un poco pero estoy lista —trato de sonar calmada pero por dentro había una batalla que se debatía entre si aquello era lo correcto o no.
—Vamos entonces solo debes firmar el acta y serás su esposa, pero antes firma esto Sam —Tomó los documentos y empezó a hojearlos.
Aquello era un acuerdo donde se comprometía a quedarse con Ezra hasta que él sanará del todo y luego podía divorciarse si así lo quería, pero si él no lograba caminar ella estaría a su lado toda la vida, sin pensar mucho lo firmó y devolvió todo a Stefano que recibió conforme los documentos.
Mientras Sam entraba a firmar el acta de matrimonio Stefano se quedó con su mayordomo que no dudó en cuestionar lo que estaba haciendo.
—No cree usted que esto enfadara a Ezra.
—Siempre ha estado enamorado de ella, ahora es su esposa, no veo porque vaya a enojarse —respondió seguro, pero en el fondo él sabía qué su nieto no lo aceptaría tan fácil.
—Es muy diferente, despertar inmóvil y que la mujer que ama acepte casarse por su condición, sabe que esto no va a terminar bien.
—Ya está hecho solo será cuestión de adaptarse, además los has visto, se llevan muy bien, la relación que tienen es fuerte. Van a superarlo —el mayordomo rogó que fuera así, pero tenía sus dudas. Ezra era un alma noble y dulce, pero también un arrogante, malhumorado y bastante grosero si se lo proponía, no le gustaría que Sam tuviera que soportar aquel hombre.
Después de un rato Sam salió con su acta de matrimonio y se la entregó a Stefano, no quiso hablar más del tema solo queria ir al hospital y ver a Ezra el día anterior no pudo hacerlo.
No pudo evitar empezar a llorar al verlo tendido en la cama, no pudo evitar sentirse culpable, todo era su culpa, estaba así por ella, deseó tanto no haberle dicho lo que había sucedido, ahora él estaría bien, pero ella tenía que abrir su boca.
Se acercó a la enorme cama, se quitó los zapatos, subió a la misma y se acurrucó a su lado.
—Lo siento tanto Ezra, espero que algún día puedas perdonarme —enterró su cara en su cuello, mientras sollozaba —No mereces esto, no es justo. No me odies por favor —soltó con la voz temblorosa.
—Sam ¿Por qué lloras? —Al escuchar a Ezra se incorporó de forma rápida para verlo directo a los ojos —Espero que no sea por mí —Le dijo con su habitual coquetería.
Sam no respondió en cambio se acercó a él y lo abrazó con mucho cariño y anhelo, Ezra respondió el abrazo pero cuando trato de incorporarse para subirla sobre su regazo sus piernas no respondieron causando que se alertara.
—Sam no puedo mover las piernas —Al escucharlo ella empezó a sollozar otra vez y lo apretó con más fuerza —¿Sam que sucede? —Pero ella seguía sin soltarlo y sin decir nada —Dime algo ¿Sam?....