Estallar

1037 Words
Las manos de Leonardo bajaron por las piernas descubiertas de Dara, «Dios». Sentir a Dara para Leonardo era algo indescriptible, algo que nunca había sentido, ni siquiera con aquella mujer que lo había marcado para siempre. Los ojos de Dara se dilataron, y sus manos se enterraron en la espalda desnuda de Leonardo, quien torpemente llevaba sus manos al monte de venus de Dara, era como un imán, uno que lo atraía sin ninguna explicación. Un suave gemido salió de los labios de Dara, era la primera vez que se sentía tan vulnerable, tan sexi, tan deseada. Sus bocas se movían bruscamente y sus dientes empezaban a chocar por la intensidad de besó. Los dedos de Leonardo se metieron dentro de Dara, quien estaba completamente húmeda, y lo peor, era por él. ¿Cómo una mujer podía perderlo hasta el punto de perder lo que tanto le había costado? “ Su cabeza”. Leonardo movió su cabeza bruscamente. Era como si un balde de agua fría cayera justo en su mente, él levantó su mirada y vio aquella mujer loca por el deseo. No, no él no podía hacer eso. Leonardo se levantó bruscamente, tomó una sábana y tapo su cuerpo, para después mirar a Dara a los ojos. —¡Esto no debió pasar!, por favor vístete y sal de mi habitación —dijo Leonardo con un tono suave. —¡Lo siento mucho padre! ¡Fue mi culpa!, yo no debí besarlo, yo no debí entrar aquí, yo no debo estar más en esta casa —exclamó Dara dejando salir una lágrima por sus mejillas. Se sentía tan estúpida, tan culpable por lo que acaba de pasar, y lo peor, sentía que estaba cometiendo un acto de mala fé. —Dara, no tienes que irte, recuerda que ahora trabajas para mi madre. Y en cuanto a culpas, yo también soy culpable, no debí corresponder a ese beso, no de una mujer como tú —dijo Leonardo sin medir sus palabras. Para nada se refería a que ella fuese una prostituta, él solo quería explicarle que no podía volver a perder la cabeza por una mujer. —Con una prostituta como yo, si lo se padre, yo no soy la mejor mujer del mundo. Pero también sé que usted tiene toda la razón —dijo bajando su mirada. —Dara no quiero ofenderte, no lo mires de esa manera, solo que yo decidí entregar mi vida a Dios, y no quiero perder mi cabeza de nuevo por una mujer —exclamó Leonardo tomando las manos de Dará. —Padre, es mejor que me vaya en este momento a dormir, yo no puedo estar más aquí —exclamó ella, mientras salía de esa habitación como alma que lleva el diablo. Leonardo llevó sus manos a la cabeza, debía arreglar las cosas con ella, así que caminó detrás de ella. Los pasos de Dara se hicieron más largos para llegar a su habitación, solo que se detuvo en seco al recordar que Benjamin podría seguir tirado en su habitación. Pero aún así siguió hacia su habitación, antes de entrar miró y vio que Leonardo venía detrás de ella, sin dudarlo un segundo entró en la habitación y echó seguro, ahora no podía hablar con él, o de lo contrario haría cosas de las que más tarde se arrepentiría. —¡Dara! ¿podemos hablar? —dijo Leonardo al otro lado de la puerta. Dará se dejó caer al piso, de su mente no salían las palabras de Leonardo. —¿Qué hiciste muñequita?, para que mi hermano te esté buscando en tu habitación. —Los ojos de Dara se abrieron de par en par al ver a Benjamín salir del baño con un trapo en su cabeza. —Ah, ah, ni lo intentes —dijo Benjamín moviendo sus dedos, al ver que Dara intentaba abrir la puerta. —¡Dara abre la puerta!, tenemos que hablar —exclamó Leonardo nuevamente. Benjamín camino hacia Dara la tomó el cabello haciendo que su cuerpo se arqueara hacia atrás. —¿Qué diablos le dijiste a mi hermano?, ¿Acaso se te ocurrió contarle algo? —exclamó Benjamín jalando con mucha más fuerza el cabello de Dara. —Si te preocupa que le haya hablado mal de ti, puedes estar tranquilo, todavía no he dicho nada, así que es mejor que me sueltes o tu mamá y Leonardo se entera de absolutamente todo. —Ni se te ocurra decirle algo a mi madre, o a mi hermano, o te prometo que no la pasarás nada bien —susurró de nuevo Benjamín. —Dará abre la puerta, tenemos que hablar, se que no estás bien, y que tal vez mis palabras no fueron las correctas, por favor abre la puerta —dijo Leonardo. —Le vas abrir la puerta a mi hermano, y le vas a pedir que se vaya, que sea lo que tenga que hablar contigo, lo hablarán mañana, ah, y no quiero que se te ocurra decirle que estoy aquí, o lo vas a lamentar mucho, ¡Cariñito! —dijo Benjamín bajando su lengua por el cuello de Dará. Ella solo podía sentir repulsión, pero si no hacía lo que Benjamín le pedía, ella más que nadie sabía que le podía pasar. De lo único que se lamentaba era ver que ya no quedaba nada de la mujer fuerte que un día fue, ahora no quedaba nada de ella. —¡Suéltame! —dijo Dará. Benjamín lamió una vez más el cuello de ella para después soltarla. Dara se giró al mismo tiempo que tomaba la perilla de la puerta en sus manos, miró una vez más a Benjamín quien le hacía señas, de que no podía hablar. Leonardo abrió sus ojos al ver que la puerta se abría y detrás estaba ella. Por alguna razón extraña la tomó del brazo y la jalo hacia él, y así la abrazó tan fuerte que sentí que su pecho en cualquier momento iba a estallar. —Quiero que hablemos, y no quiero un no por respuesta —dijo Leonardo tomando el mentón de Dara, quien se despegó bruscamente al recordar que en su habitación todavía estaba Benjamín esperando por ella.
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