El corazón de Dara latía a mil por segundos, era como si un caballo estuviera apunto de irse a un precipicio. Dara estaba realmente angustiada, lo único que quería era ir hacia la salida, solo que Oliver la tomó del cabello fuerte. —¡Ahhhh! —grito Dara mientras era jalada por el piso. —Te lo dije muñequita, me perteneces, eres mía, y ahora no vas a escapar de mí, ¿Sabías que si te llevo ahora mismo con tu esposo serás solo mía? —exclamó Oliver rozando la lengua por el cuello de Dara. A la mente de Dara vino el recuerdo de aquel día, el mismo que Benjamín se la entregó en bandeja de plata a Oliver para que hiciera con ella lo que él quisiera, afortunadamente ella encontró un abrecartas y lo enterró en la cara de Oliver. —¡Es mejor que me sueltes, o juro que te vas a arrepentir! —dijo e

