Dara suspiro, levantó una de sus manos y tomó las de Leonardo, sentirlo hacia que su cuerpo se estremeciera por completo, y más tenerlo tan cerca.
—¡Leonardo! —dijo ella en un hilo de voz.
Leonardo subió su otra mano colocando uno de sus dedos sobre los labios de Dara silenciándola, quien no resistió y dio un suave mordisco en la punta del dedo de Leonardo.
—Dara, se que lo que te voy a decir no responde a tu pregunta, no se que me pasa contigo, se que debo mi vida a Dios, para ello me preparé. Pero no sé si pueda seguir adelante, si tú sigues en mi vida —dijo él, mientras se acercaba mucho más a ella.
Ella tragó saliva, y sonrió, su corazón estaba apunto de salirse de su pecho, el hombre por el que estaba apunto de volverse loca, le estaba condensando que también sentía cosas por ella, solo que ella no podía arruinar la vida del hombre que le tendió la mano.
—Leonardo yo no quiero arruinar su vida, y le prometo que cuando volvamos a la ciudad desaparezco de su vida —dijo ella, con el alma en sus manos, era lo último que quería decir, solo que estaba segura que ella nunca podría ser feliz, y menos con el.
Leonardo bajo sus manos, la sujetó de la cintura y la pego a él, “Dios” estaba seguro que se iba arrepentir toda la vida.
—No quiero que te vayas de nuestras vidas, por favor, te necesito, te necesito en mi vida —dijo bajando sus labios a los de Dara, quien abrió su boca y dejó entrar lo que tanto deseaba.
Leonardo no aguanto más, y se apoderó por completo de la boca de Dara, dejando caer suavemente sus cuerpos sobre el piso de madera, su ropa estaba completamente húmeda, pero sus cuerpos ardían.
—No sabes cómo te deseo, sé que esto no es correcto, por qué voy a romper mi celibato, pero no puedo contenerme más. —dijo él, mientras dejaba besos húmedos por el cuello de Dara.
Sus manos bajaron torpemente por la blusa de Dara y desabrochó botón por botón, hasta dejar sus pechos totalmente expuestos para el.
Leonardo no pudo evitar tragar saliva, era hermosa, definitivamente la mejor creación de Dios, aún no se explicaba como una mujer tan hermosa podía estar justamente entre sus brazos.
Ya no había razón, los dos habían perdido su cordura, ahora solo estaba el deseo que los quemaba por dentro.
Leonardo bajó lentamente por el cuello de Dara y se detuvo justo en sus pechos, vaya, como resistirse, dejo salir una sonrisa lasciva, y se apoderó uno a uno de sus pechos, succionándolos por completo.
Su erección estaba apunto de salirse de sus pantalones, vaya que si. Dara arqueo su espalda, y dejo que Leonardo se apoderara por completo de ella.
Con mucho cuidado Leonardo terminó de despojar a Dara de absolutamente todo, acto seguido el se despojó de todo.
Los ojos de Dara viajaron directo a su m*****o, ella tragó saliva y no pudo evitar llevar una de sus manos y masajearlo. Leonardo dejó salir un gemido ronco, Dios, era como sentir la gloria, sus delicadas manos armaban perfecto en su m*****o erecto.
Leonardo se acomodo encima de ella y empezó a besarla hasta sentir que la respiración empezaba a faltarle, su boca se detuvo justo en su monte venus, dónde sonrió, abrió las piernas de Dara y empezó a besarla absolutamente todo, su lengua masajeaba suavemente su clítoris, mientras Dara se retorcía de placer.
Sus piernas temblaban, su corazón latía con mucha más fuerza, su cuerpo le pedía a gritos que no se detuviera.
Para Leonardo era como estar bebiendo el santo calis, era como beber del agua de la juventud, el agua de la vida, ella estaba húmeda, completamente húmeda, y era por él, su boca hizo más presión al sentir que ella se tensaba por completo.
—¡Ahhh! —un gemido gutural escapó de los labios de Dara al sentir que estaba tocando el cielo con las manos, nunca antes había sentido lo que Leonardo le estaba provocando, y mucho menos nunca antes nadie le había brindado ese placer, ese mismo de poder sentir justo en su monte venus, era la primera vez, su primera vez, y vaya que se sentía apenada por lo que acaba de pasar, y más al ver a Leonardo como lamía todo lo que su cuerpo había dejado salir.
Son muy pocas las mujeres que llegan a ese estado, y ella había sido una. Su cuerpo había empezado a temblar mucho más, así que Leonardo volvió a acomodarse encima de ella y la besó suavemente.
—No temas, no tienes por que sentirte incómoda, es lo mejor que le puede pasar a una mujer —dijo él, mientras besaba los labios de Dara.
Ella asintió y abrió una vez más sus piernas para Leonardo, quien no dudó un segundo y la embistió como una bestia, llevaba varios años sin estar con una mujer, pero Dara acaba de despertar al demonio.
Dara se acomodo encima de él, empezando a mover sus caderas, mientras Leonardo llevaba sus manos a los pechos de ella y los llevaba a su boca, “Dios”, sus cuerpos estaban completamente húmedos.
Al igual que Oliver, quien observaba por la ventana como el sacerdote, hermano de Benjamin, estaba con Dara, la mujer que él quería para él.
Oliver sacó su celular y grabó cada instante, cada momento dónde Dara y Leonardo se demostraban su amor. Vaya que está información que estaba obteniendo, le iba a costar un ojo de cara a Benjamín.
—¡Hay padrecito!, usted acabo de cometer un grave error, y fue meterse con la mujer equivocada… mi mujer —dijo Benjamín en voz baja.