Leonardo trago saliva, por supuesto que alguna vez entregó su corazón a un mala mujer, la misma que lo llevó al fondo del abismo, pero su amor a Dios lo saco, solo que ahora para Leonardo esto que estaba sintiendo era distinto, algo que ni él mismo sabía descifrar.
—¿Dije algo malo padre? —dijo ella sin ni siquiera parpadear, mientras jugaba con los cubiertos.
—Para nada, ven, levántate —dijo el entusiasmado, Dara abrió sus ojos y lo miró con curiosidad.
—¿A dónde Padre? —dijo ella.
Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Leonardo, acompañado de una mirada llena de picardía.
—Solo quiero mostrarte algo, y eso responderá a tu pregunta —dijo él tomando las manos de ella para que se pusiera de pie.
Dara no pudo evitar dejar salir una enorme carcajada, cosa que hace mucho no hacía, y vaya que si.
—¡Padre!, ¿Acaso usted me va a decir todos sus secretos? —dijo ella mientras sonreía abiertamente.
Leonardo la miró fijamente por unos instantes, en verdad era bella, su sonrisa beta perfecta, ella era perfecta.
—Digamos que quiero mostrarte algo de lo que me llevó a lo que soy hoy. Ah, solo ve por ropa la vas a necesitar —dijo el.
Dara frunció el ceño y arrugó su nariz, ¿Acaso había escuchado mal?, si, eso era.
—¡Ropa! —vociferó ella.
—Si, ropa señorita desconfiada. El lugar que te voy a llevar queda a un día de aquí, así que por supuesto que vas a necesitar ropa, ¿Si quieres saber mi respuesta, tenemos que ir?—dijo mientras la jalaba de sus manos.
Dara no lo dudo segundo, Leonardo le inspiraba confianza, después de todo que malo podía pasar. Leonardo al igual que Dara fueron a sus habitaciones y empacaron algo de ropa.
—¡Listo padre! Ya estoy lista —dijo ella tocando suavemente la puerta de Leonardo.
Leonardo se giró y no pudo evitar sentir que su pecho se calentaba al ver a Dara, aún no se explicaba cómo con solo verla lo provocaba.
—Entonces vamos señorita, nos espera un día lleno de emociones —dijo el. Dara caminó detrás de él hasta llegar al garaje, dónde no pudo evitar abrir sus ojos de par en par al ver a lo que se iba a subir.
—Padre está seguro que nos iremos en eso —dijo ella señalando una moto Ducati Pinigale.
—Por supuesto, nadie mejor que Antonella para llevarnos —dijo él, mientras se colocaba el casco.
—¿Antonella?, así se llama esa cosa —dijo ella señalando la moto.
—Dara, no es una cosa, se llama Antonella fue un regalo de mi padre y si iremos en esta preciosura. —Leonardo le pasó el casco a Dara, quien después de batallar mentalmente, si subir, o no, solo respiro profundo, se sujeto de la cintura de Leonardo y puso su cabeza en la espalda de él.
Para Leonardo era algo distinto, desde Adriana no montaba en Antonella, pero hoy, precisamente hoy había tomado esa decisión todo por qué quería mostrarle una parte de la que fue su mundo a Dara.
A un lado de la vía estaba Oliver, observando con atención como del garaje salía una moto, y lo peor, con la esposa de su jefe, así que sacó su teléfono y marcó a Benjamín.
—¿Y ahora que quieres?, te deje cuidando a Dara, no a que me andarás llamando —dijo Benjamín al otro lado de la línea.
—Lo siento jefe, pero es precisamente por eso que lo estoy llamando —dijo Benjamín.
—¿De qué demonios estás hablando?, no me digas que otra vez Dara volvió a escapar —exclamó Benjamín mientras tiraba todo lo que estaba a su lado, afortunadamente estaba solo en una habitación, y Teresa no se pudo dar cuenta de los arranques de el.
—No jefe, solo que la señora Dara, va en este momento en una moto con su hermano, y la verdad no sé si seguirlos o esperar, ya sabe jefe que no es bueno que su hermano no me vea —dijo Oliver.
—Vaya que estoy trabajando con solo ineptos a mi lado. Mira maldito imbécil no te pago por pensar, te pago es paga que me obedezcas, así que quiero que sigas a mi hermano, y me mantengas informado de absolutamente todo —dijo Benjamín.
Oliver puso el pie en el acelerador, y fue detrás de la moto Leonardo, claro está con cuidado a qué no lo vieran.
El viento pegaba en los cuerpos de Dara y Leonardo, y el paisaje era simplemente hermoso, Dara miraba con atención, bueno hasta que la moto empezó a emitir un ruido extraño.
—¿Padre! ¿Sucede algo? —dijo ella al ver que Leonardo se detenía aún lado de la vía.
—Si, creo que acabamos de vararnos —dijo Leonardo rascando su cabeza.
Dara no pudo evitarlo y dejó salir una enorme sonrisa, ¿Qué de malo podía pasar?.
Después de casi una hora Leonardo estaba lleno de aceite, pero aún no arreglaba la moto. Dara ya había empezado a desesperarse, el cielo estaba apunto de dejar salir el diluvio universal, eso sin contar que estaban en medio de la nada.
—Dara, creo que debemos caminar, y volver después por la moto —dijo el.
—¡Padre!, pero…
—Pero nada, vamos no tenemos de otra, toma tus cosas —dijo el.
Oliver miraba con atención, había dejado su auto metros atrás para que ninguno de los dos lo viera, pero estaba apunto de llover, y no podía perder de vista a Leonardo, y mucho menos a Dara.
La lluvia empezó a caer, el cielo se rompía en mil pedazos, mientras Dara y Leonardo corrían en medio de la lluvia, hasta que vieron una vieja cabaña en medio de la nada.
—¡Padre!, ¿Está seguro?, mire que nos podemos meter en un problema —dijo ella.
—Ya tocamos varias veces, y créeme que si no entramos vamos a enfermarnos —exclamó él, mientras empujaba la puerta con su hombro.
Después de constatar que no había nadie, los dos se miraron fijamente y dejaron salir una sonrisa, estaban totalmente empapados.
Leonardo suspiró y caminó suavemente hasta donde Dara lo miraba fijamente, él no pudo evitarlo, por más que se resistió, no pudo controlar el impulso de llevar sus manos a las mejillas de ella.