De nuevo frente a él

1098 Words
Bueno no había nada más que pensar, Oliver apuntó nuevamente hacia Leonardo, quien levantó su pierna y tiró el arma de Oliver al piso. —¡Maldito desgraciado! —vociferó Oliver. Leonardo solo negó y al ver que Oliver se lanzó sobre él se hizo aún lado y lo esquivo, para después darle unos cuantos golpes que lo tiraron al piso. —¡Te voy a entregar a la policía!, así nunca más volverás a lastimar a una mujer sola e indefensa —exclamó Leonardo —¡Padre por favor! —suplico una vez más Dara. —Dara por favor busca un celular y llama a la policía —vociferó Leonardo. —No padre, vámonos, ese hombre no va a durar mucho encerrado, yo ya lo he denunciado miles de veces y por alguna extraña razón siempre sale en libertad —comentó Dara. Leonardo la miró fijamente a los ojos y supo que Dara le hablaba con la verdad, pero aún así, tomó a Oliver del saco y lo llevó casi arrastras hasta la estación de policía, y pidió encerrarlo por un buen tiempo. Dara respiro un poco más tranquila, tal vez al jefe ser amigo de Leonardo, Oliver podría estar mucho más tiempo encerrado. —¡Gracias padre! —exclamo Dara bajando su mirada al piso. —No tienes por que darme las gracias, nadie tiene derecho a golpear a una mujer, sea lo que sea —dijo mientras levantaba el mentón de Dara y así mirar una vez más a esos ojos azules que le llamaban tanto la atención. —Padre créame que yo no escogí esta vida, solo intento salir de ella —dijo sonando lo más sincera posible, aunque ella más que nadie sabía que era imposible salir de ese mundo donde la habían hundido hasta lo más profundo de sus ser. —Puedes estar tranquila, mi madre y yo te vamos a dar ese empujón que necesitas, solo te pido que nunca vuelvas a ese mundo —dijo Leonardo. —Sí padre yo haré todo lo que ustedes me pidan. —Era la primera vez que Dara decía una mentira tan grande, aunque quisiera hacer lo que el padre le decía, pero aún así intentaría. Dos días pasaron, dos días en donde Dara no pudo ir a trabajar, y de seguro el Italiano la mataría, pero como haría, si le prometió a Leonardo que no iba a volver, aunque por otro lado estaba tranquila al saber que Oliver seguía encerrado. —¡Qué bonito mi niña! —exclamó Teresa llevándose las manos a su boca, al ver lo hermosa que había quedado la mesa. —Gracias señora —dijo Dará. —Ya te he dicho no soy señora, soy Teresa, apréndelo —dijo Teresa mientras sonreía. Miró nuevamente todo y dejó salir un suspiro, en verdad Dara había hecho un buen trabajo y todo estaba más que perfecto para la llegada de su hijo mayor. —Bueno niña ve y te colocas el vestido que te deje en la cama —exclamó Teresa llamando la atención de Dara. Dara asintió y salió hacia su habitación, al entrar a su habitación no lo podía creer en verdad Teresa se había equivocado, el vestido que estaba sobre su cama era demasiado hermoso, el cual ella no podía utilizar. —Teresa, creo que esté vestido no es para mí —dijo Dara. Teresa sonrió y después de explicarle que era lo mínimo que ella se merecía Dara por fin aceptó ponérselo. Para Teresa Dara era la mujer perfecta para su hijo Benjamín, una chica linda, de buenos principios sería perfecta. En el aeropuerto Leonardo abrazaba con efusividad a Benjamín, llevaba meses sin verlo, claramente fueron criados por la mejor mamá. Al llegar a casa Benjamín corrió a los brazos de Teresa quien lo abrazó tan fuerte que unas lágrimas resbalaron por las mejillas de Teresa, claramente Teresa extrañaba tanto a su hijo como él a ella. —Bueno, entonces vamos a cenar me muero de hambre —vociferó Benjamín. —Leonardo ve y trae a Dara, quiero que ella cene con nosotros —dijo Teresa en un susurro. Leonardo asintió y salió hacia la habitación de Dara dejando a su hermano Benjamín y a su madre en la sala. —Dara, mi madre pide verte —exclamó Leonardo tocando suavemente la puerta de la habitación, había prometido no volver a entrar sin tocar después de aquel día que la vio completamente desnuda. Dara camino y abrió la puerta e invito a seguir al padre, quien apenas podía mantenerse de pie, era verdad él era un sacerdote entregado a la vida de Dios, pero esa noche Dara simplemente estaba más hermosa que nunca. El vestido rojo ceñido al cuerpo resaltaba todas sus curvas. Leonardo movió su cabeza en repetidas veces hasta sentir que había bajado de aquella nube en la que lo había sumido, Dara. —Vamos ya estoy lista —dijo y sin pensarlo se colgó del brazo de Leonardo. Los dos caminaron hasta la sala en donde Benjamín servía un trago de whisky, Teresa le hizo señas a Dara que esperara para presentarle a su hijo. Quien al girarse por poco y le provoca la muerte a Dara. Benjamín se quedó totalmente paralizado no podía creer que la tuviera a ella precisamente al frente de él, pero no podía dejar que su hermano y madre se dieran de cuenta de absolutamente nada. Dara por su lado estaba tratando de contener su respiración, no podía ser tanta su mala suerte, al frente de ella estaba el hombre que le había desgraciado la vida entera. —Dara mi niña, él es Benjamín, mi hijo mayor —dijo Teresa sacando de sus pensamientos a Dara y de paso a Benjamín, quien con solo mirarla le hizo entender que no podía abrir la boca. —Mucho gusto Dara Stiven —dijo con su voz entrecortada. Leonardo, quien estaba aprendiendo a conocer a la mujer que colgaba de su brazo, miraba con curiosidad a Dara, y estaba seguro que algo le estaba pasando a ella. —Disculpen antes que sirvan la cena voy por un vaso de agua —dijo Dara. Claramente lo único que quería era huir de ahí y lejos sería lo mejor. Dara camino totalmente aturdía, sus piernas se habían convertido en una completa gelatina, y su corazón estaba apunto de salirse de su pecho. Se detuvo justo en la cocina, en verdad necesitaba un enorme vaso de agua, solo así podría pensar más. Bueno no sería por mucho tiempo, pues Benjamín iba directo hacia la cocina.
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