En sus manos

1024 Words
Leonardo la miró fijamente a los ojos, y por primera vez en su vida se perdió en azul profundo en los ojos de una mujer. Dara volvió a quedarse dormida, mientras el corazón de Leonardo había empezado a palpitar a mil, nunca antes había estado tan cerca de una mujer, y menos tenerla tan cerca de sus labios, aquellos que le habían dejado oler por escasos segundos el olor a menta. Leonardo movió su cabeza, y volvió a donde su madre, quien preparaba algo caliente para aquella muchacha que por alguna razón le había robado el corazón. Las horas pasaron, incluso dos días, hasta que Dara por fin abrió sus ojos… miro todo a su alrededor y no pudo evitar sentirse en peligro. Así que se puso de pie, buscó su ropa y salió como alma que lleva el diablo de la habitación. —¿A dónde vas muchacha? —vociferó Teresa al ver que la joven que dormía en la habitación de Leonardo acaba de despertar. —Disculpe señora, no sé e donde estoy, y no quiero causar problemas —dijo Dara recordando todo como una ráfaga de aire. —No te preocupes preciosa, ven, vuelve a la habitación de mi hijo, estás todavía mal y no quiero que te pongas peor —dijo Teresa con tono dulce. Eran sentimientos encontrados, por un lado Dara se sentía a salvó con la mujer que tenía al frente, pero muy en el fondo sentía que estaba en verdadero peligro, pero aún así hizo lo que Teresa le pidió. —Vamos cariño, báñate, mi hijo busco está ropa para ti, dijo que quedaría bien, y créeme que mi hijo es el mejor para esas cosas —exclamó Teresa. Dara hizo lo que Teresa le pidió, se despojó por completo de su ropa, hace mucho que no se daba un baño, y su cuerpo ya lo necesitaba. Dara dejo que el agua recorriera cada centímetro de su piel, tal vez así borraría de su mente las caricias de todos esos hombres. Una lágrima resbaló por sus mejillas, nunca pensó que el hombre en que confiara tanto y le entregara su corazón la traicionara. Pero de algo si estaba segura y era que Benjamín nunca la encontraría de nuevo. Dara limpios sus lágrimas, y dejó que el agua siguiera cayendo sobre su cuerpo desnudo. Leonardo había llegado con varias cosas para la chica, Teresa le había pedido comprarle miles de cosas, Leonardo caminó hacia su habitación, solo esperaba que aquella chica ya estuviera mucho mejor. Leonardo llevó sus manos a su cabeza al ver que Dara ya no estaba sobre la cama, así que corrió rápidamente hacia el baño, en donde quedó totalmente congelado al ver que aquella mujer se encontraba totalmente desnuda. Leonardo apretó sus ojos y salió antes que aquella mujer lo viera. Se sentó sobre la cama y llevó las manos a su cabeza, en verdad que había cometido un error, un grave error. —¡Ahhh! —grito Dara al ver a un sacerdote sentado sobre la cama. Leonardo levantó la mirada y ahí estaban otra vez esos ojos azules que no había podido sacar de su cabeza durante varias horas. —No te asustes, soy Leonardo, me imagino que ya conoces a mi madre, Teresa —dijo Leonardo sin dirigirle la mirada, pues Dara aún tenía casi que todo el cuerpo desnudo. —Discúlpeme padre, que estúpida soy —Dara tomó una manta y tapó rápidamente todo su cuerpo. —No te preocupes, te dejo para que estés a gusto, eso sí, mi madre quiere hacerte una propuesta, solo espero y lo pienses —dijo Leonardo llevando sus manos al bolsillo de sus pantalones. Dará respiro profundo mordiéndose el labio inferior, en verdad que Leonardo era un hombre demasiado guapo, solo que había un pequeño problema… él era sacerdote. La cena junto a Teresa y Leonardo fue lo mejor que Dara había sentido durante mucho tiempo, claramente hacía mucho que no tenía una comida decente sobre su mesa. —¿Entonces cariño? Vas a quedarte a trabajar conmigo, Leonardo mi hijo quiere ayudarte, y eso fue lo mejor que se me ocurrió a mi, una niña tan linda como tú no es bueno que esté sola en la calle —dijo una vez más Teresa, estaba segura que Dara aceptaría. Adicional Teresa sabía que esa chica necesitaba ayuda y ella le brindaría todo lo que estuviera en sus manos. Dara dudo, pero claramente era lo mejor que le podía pasar en mucho tiempo, alzó su mirada y se encontró con la mirada penetrante de Leonardo, vaya que si la inquietaba. —Si, señora aceptó ser su dama de compañía, solo le pido que me deje salir algunas noches, solo eso —dijo Dara, pues estaba segura que no podía dejar del todo el club, o de lo contrario el italiano la mataría, así como casi lo hace por primera vez, solo que es vez fue por tenerla a ella. Después de la cena, Dara salió y prometió volver a la mañana siguiente, no sin antes agradecer por todo lo que había hecho por ella. Dara miro nuevamente hacia el frente, dio una bocanada grande de aire y entró, estaba segura que su vida cambiará, pero está noche no podía faltar al club, ya había faltado muchas veces y el italiano no se lo perdonaría. —¿En dónde estabas maldita zorra? —dijo el italiano tomando fuertemente del cabello de Dara, quien dejó salir un grito ahogado. —Ya te lo dije, me enferme, pero aquí estoy —dijo Dara. —Por tu culpa perdí mucho dinero, el cual tendrás que pagar —dijo el italiano lamiendo sus labios. El más que nadie se había enamorado de Dara y no perdería cualquier excusa para tenerla en sus brazos. Así que al ver que Dara salía de su oficina, la jalo del brazo y la tiró sobre su escritorio dejándola completamente expuesta para él. —Por ahora empezarás conmigo —dijo el italiano rasgando la blusa, que Dara llevaba puesta, sus ojos se cerraron, tan fuerte que deseaba estar muerta en ese mismo momento.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD