II. El misterioso fotógrafo

1667 Words
Capítulo 2   KIARA CRAFT   Recordaba cuando mi mamá odiaba que me dijera a mí misma “estúpida” pero realmente no había otra palabra para describir como me sentía ahora, quedé como todo un payaso de circo; del que se burlan en la cara y únicamente le tienen lastima. ¿Acaso todo estuvo en mi mente? Cada palabra, cada sentimiento, cada beso… pero es que ahora todo comenzaba a cobrar sentido, por eso no me quería besar, por eso no quería que folláramos, por eso no dormíamos en la misma habitación, por eso comenzaba a ser evasivo conmigo, como si quisiera simplemente tenerme ahí, una simple cuartada para todas las revistas, periódicos y post de internet, la escritora y el famoso empresario que se enamoraron. Claro que todo había empezado por una farsa; un engaño para cobrar la herencia, pero no contaba con que siguiera siendo una farsa, debí esperar algo así de él, pero siempre me creí mi propio mundo de fantasía donde el amor de cuento de hadas existía. Nuevamente aquí estaba, sintiéndome estúpida mientras seguía dándole vueltas al mismo tema de Ángelo y esa rubia. Maldito. Las lágrimas salían de mis ojos y se escurrían por mis mejillas mientras mantenía la mirada fija a través de la ventana, era de noche y el viaje muy largo, las nubes hacían un débil contraste de colores con la luna, al menos el paisaje acompañaba la melancolía de mi corazón roto. —Hey —dijo el sujeto a mi lado tocando mi brazo, miré sus dedos tocando mi piel antes de alzar la vista hacia él, no lo conocía y realmente no había entablado conversación ni por cortesía porque no estaba de ánimos. —Hey —murmuré apartando el brazo y el recogió su mano rápidamente pareciendo un poco apenado, ante la tenue oscuridad y mis ojos irritados casi no podía diferenciar los rasgos de su rostro. —¿Estás bien? —preguntó y señaló los audífonos—, es que cada vez que la música de mi iPod se termina para empezar otra, oigo que estas llorando. Uh. Qué vergüenza. Limpié las lágrimas que escurrían por mis mejillas, ni siquiera tenia maquillaje, evidentemente era muy obvio que lloraba más que una magdalena, mi nariz tupida me delataba cada vez que intentaba respirar profundo para controlarme. —¿Primera vez volando? —continuó cambiando el tema, probablemente observando que no iba a responder, no era que tuviera muchas ganas de hablar, pero creí que al menos eso me ayudaría a distraerme. Noté que tenía un acento extraño. —No —recordé que las veces que viajé por primera vez en avión fueron con Ángelo, maldición ya debía comenzar a evitar pensar en él porque solo me atormentaba—. ¿Tu sí es primera vez que viajas en avión? —No, por mi trabajo tengo que viajar mucho —vi el destello de sus dientes cuando sonrió—, de hecho, soy de Italia. Ahora comprendía el porqué de su acento. —Ya —murmuré afirmando con la cabeza, al menos mi acompañante parecía tener una vida interesante para variar—. ¿Qué trabajas? —Soy fotógrafo —dijo. Alcé ambas cejas, nunca había conocido a un fotógrafo, o alguien que viviera de eso, me agradaban las personas con cierto instinto creativo y artístico. —Que genial —murmuré. —¿Qué le pasó a tu pierna? —preguntó, fruncí el ceño, casi por un momento se me había olvidado de que la tenía enyesada, por los medicamentos, ni siquiera me dolía. —Me caí cambiando un bombillo. —Uy, eso debió doler. —Un poco —murmuré, claro que más dolió la discusión y ver a mi esposo besando a otra. — Oye —continuó—, ¿te gustaría una sesión? Realmente era lo que menos me apetecía, pero iba a estar en Italia por tiempo indefinido, así que no iba a cerrar cualquier posibilidad. —Claro… ¿Cuánto cobras? —No, gratis, aquí mismo —dijo y creo que vi que tenía la cámara en sus manos, pero no estaba segura. Todo estaba oscuro. —Es de noche. —Perfecto para que capte la oscuridad de tu aura. ¿Era una ofensa? No, creo que él lo veía en el sentido artístico. —Oh, pero mira que tengo los ojos hinchados y ni una pizca de maquillaje —dije sin comprender, estaba literalmente destruida, tanto por dentro como por fuera. —Es lo que quiero captar —dijo—, claro, si no te importa… quiero reflejar en la foto real dolor y luego cuando vuelva a encontrarte, reflejaré real felicidad. ¿Cuándo vuelva a encontrarme? ¿De qué clase de libro cliché había salido este tipo? Claro que su fe y su manera de decirme que todo mejoraría creó algo en mi pecho, me gustaba que fuera optimista, me hacia creer que este túnel oscuro tenia un final lleno de luz. —¿Si te atreves? —continuó—, ven, dejame hacerte 1 y te la muestro a ver que tal. —Bueno. Me quedé quieta mirando hacia la ventana y otra vez, los recuerdos de Ángelo besando a otra atormentaron mi mente, pero es que cada vez que dejaba de distraerme era lo único que mi mente traía de vuelta, como si quisiera echarme en cara lo tonta que había sido por confiar en él. —Perfecto —dijo, voltee saliendo de mis pensamientos, ni siquiera había escuchado o visto el flash de la cámara.  Me acerqué y observé mi reflejo en la pantalla de la cámara profesional, una lagrima rodaba por mi ojo y mi mirada era tan triste que casi quería consolarme a mí misma, curiosamente no me veía tan mal, había tenido fotos peores. Él tenia razón, reflejaba real tristeza. —Creo que me quedaré con esta —dijo el fotógrafo—, soy Vicencio Lacoste, por cierto. Me ofreció su mano y yo se la estreché forzando una ligera sonrisa. —Kiara Craft. Él me sonrió y realmente agradecí en mi mente por este desconocido que me había hecho despejar mi mente al menos unos minutos, tenía el presentimiento de que este sería un viaje interesante.   ÁNGELO WERNER   Llegué al apartamento intentando mantenerme calmado, aun no podía creer todo el espectáculo que había montado Kiara frente a uno de los restaurantes más prestigiosos de la ciudad, me hervía la sangre, pero de seguro que ella más aun, necesitaba calmarla, explicale lo que había pasado para que pudiera comprender. La busqué en las habitaciones y para mi sorpresa, todo estaba vacío. ¿Qué demo…? Llamé a uno de mis agentes de seguridad, contestó enseguida. —Señor. —¿Dónde está? —solté intentando controlar las ganas de gritar, había ido a terapia y tenia que respirar profundo para poder calmarme, pero j***r, realmente sentía que estaba a nada de ponerme a gritarle a todo el mundo. —Se fue en taxi señor, no pude detenerla. —Tiene una pierna enyesada y tú pesas el doble… —dije y sentí que ya mi autocontrol se había ido a la mierda cuando agregué en un fuerte grito: — ¡¿CÓMO COÑOS ES QUE NO PUDISTE DETENERLA?! —Señor no iba a secuestrarla… —murmuró. —¿Por qué no? —no esperé respuesta y colgué lanzando el teléfono a un lado, la gente que trabajaba conmigo era inútil, gente incompetente que no sabía hacer nada bien. Iba a llamar a Kiara pero cuando tomé mi teléfono del suelo a donde lo había lanzado, me di cuenta de que le había destrozado la pantalla y no encendía. Maldita sea. Me dirigí nuevamente al ascensor y me monté en mi camioneta, sabia que posiblemente se había ido a su apartamento, se suponía que lo estaba vendiendo, solo esperaba que no se le fuera la olla y por su furia de lo que creyó ver hubiera cometido una locura. Me acerqué al sujeto de seguridad de la recepción, sin llave maestra que únicamente tenían los propietarios no me dejarían subir. —Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarlo? —Soy Ángelo Werner, el esposo de Kiara Craft —dije sintiéndome ligeramente más calmado—, ¿puede avisarle que estoy aquí? Él pareció un poco incomodo cuando negó con la cabeza. —Señor Werner, la señora Kiara me dejó dicho que iba a salir de viaje de último momento por una emergencia familiar. ¿Qué? —Pero si la única familia que tiene Kiara soy yo —dije sintiendo una rara mezcla de incredulidad y enojo—, ¿A dónde fue? —No lo sé señor, no me dijo. —¿Hace cuánto que se fue? —La ultima vez que la vi fue poco más de dos horas —dijo. Maldición, debí ir detrás de ella cuando la mandé a sacar del restaurante, pero creí que solo estaba sobreactuando, que como siempre, se contentaría con alguna palabra bonita o algún regalo. Siempre había sido así de sencillo, ¿Qué había cambiado? «Ella cree que la engañaste». Di un paso atrás llevando una mano a mi cabeza, ella ahora pensaba eso y lo peor era que se había ido de viaje sin darme la posibilidad de explicarle que no era lo que pensaba, ese beso no era nada para mí. —¿Vio si llevaba maletas? —indagué. Él sujeto me miraba con algo de desconfianza, de seguro no hablaba muy bien el hecho de que estuviera aquí buscándola, siendo su esposo y ella hubiera salido del país de repente. —Sí, llevaba —murmuró. Se había ido de viaje, aun estaba en estado de shock. «¿Dónde estás Kiara?» Salí de ahí pensando en las posibilidades, la única persona que ella conocía que estaba fuera del país era su mejor amiga Lana… ¿Italia? De seguro que se había ido con ella. Tomé mi teléfono para llamar a mi asistente, necesitaba un vuelo para irme ahora a buscarla.        
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