TRAVIX Me muevo inquieto de un lado para otro, incapaz de encontrar un punto de anclaje. Juego con mis dedos, retorciéndolos y lastimándolos hasta que el dolor físico intenta acallar el mental; es una extraña manía que he tenido desde que era pequeño y que solo hace acto de presencia cuando los nervios me superan. Porque sí, estoy nervioso. No dejo de dar vueltas en la gran casa, jalándome los cortos cabellos de la nuca hasta casi arrancarlos de raíz. He estado inquieto desde el mensaje que recibió Kali, mi sobrina, de parte de Arisha, donde le anunciaba que estaban a punto de secuestrar a Vuk. Gracias al Creador ella pudo evitarlo y el niño ahora está a salvo en el convento junto a ella. Cuando Kali me lo contó, mi cuerpo se movió casi en automático y la seguí hasta el convento para ayu

