Anne No dejaba de pensar en ese imbécil de Leonardo… y en el beso que nos dimos. Me obligaba a repetir una y otra vez en mi cabeza que únicamente fue actuación, que tenía que serlo, porque si no lo era entonces había un problema. Y yo no estaba lista para admitirlo. Hoy temprano desayuné en casa. Rena ya está aquí y, dentro de todo, estamos un poco más tranquilas. La casa se siente distinta cuando ella vuelve, menos vacía. Mi hermana está en su habitación y yo estoy en la cocina, sentada, desayunando con una calma que claramente es fingida. Mayra está en sus clases y papá en la oficina así que estoy sola. El silencio me pesa. —Mamá, ya sé todo sobre Maya… —le solté de repente, sin rodeos, sin prepararla. Ella levantó la mirada de inmediato, rígida. —¿De dónde sacaste ese nombre? —m

