--- Una melodía suave entra en mi sueño, envolviéndome en una sensación cálida y familiar. La voz dulce de mi China me despierta lentamente. Abro los ojos y la veo, con su sonrisa serena, sosteniendo en brazos a nuestra pequeña, dándole el biberón. La escena me llena de paz. —Hola… ¿Cómo están mis princesas? —pregunto con una sonrisa. —Estoy hambrienta —responde sin dejar de alimentar a nuestra hija. Su belleza es como un atardecer, cálida y radiante. Me quedo observándola por unos segundos, grabando en mi mente la imagen de ella con nuestra pequeña en brazos. —Voy a pedir servicio al cuarto. ¿Quieres algo especial? Ella toca sus labios con un gesto pensativo y me mira con dulzura. —Algo de frutas. Me gustaría salir a comer fuera, conocer un poco… Claro, si tú quieres. —Saldremos y

