_ Marian, qué hermosa está tu hija, parece una princesa de cuento. Sonreí al comentario de mi clienta. Había regresado al trabajo, la idea de que un loco había entrado varias veces en mi casa no me permitía alejarme de Zafiro. Por supuesto, Arnoldo, el supuesto niñero armado que mi marido había contratado, no se separaba de nosotras. _ Sí, se deben a los costosos y exagerados vestidos que le compra doña Vilma. Comenté a la mujer, quien obviamente venía a mi salón por recomendación de mi suegra. Decían que Silvia era ponzoñosa, pero sus clientas eran fieles. _ Ahí me la imagino enamorada de ella, porque el niño Zuriel es su consentido, el bebé, como ella le dice a ese grandulón. Pero te seré sincera, amiga, yo juraba que se casaría con Julieta, él amaba a esa mujer. Ella es una buena ch

