Dante permaneció inmóvil varios segundos después del grito de su padre. La lluvia seguía golpeando los ventanales de la oficina con una insistencia constante, como si no distinguiera entre afuera y adentro. El teléfono seguía pegado a su oído, pero su atención ya no estaba del otro lado de la línea. Valentina lo observaba desde unos pasos atrás, viendo cómo la tensión en su mandíbula cambiaba de forma, cómo la furia inicial se transformaba en algo más frío y sostenido. —No me importa lo que esté diciendo la prensa —respondió finalmente— Todavía no sabemos qué tan profundo llega todo esto. La voz de Lucien seguía filtrándose con interferencias, cargada de una autoridad que no necesitaba elevar el volumen para sentirse pesada. —Lo que sí sabemos —continuó Dante— es que alguien filtró info

