Bernardo:
Ver en esa pasarela los diseños de la italianita, me emocionaban al punto de querer abrazarla y agradecerle lo que estaba haciendo por mi, por mi empresa. Varios críticos de la moda se habían quedado anonadados, ante tanta belleza sofisticada, elegante y con los mejores insumos y telas, esta temporada nos iría de maravilla.
Siguen pasando los modelos y me sorprende en cómo, una chica talentosa de veintitantos años haga posible que mi empresa, el patrimonio de mis padres, salga del riesgo en el que está.
—¿De dónde sacaste a esa mocosa?—dice mi ex diseñadora de modas, a la que utilice a mi antojo y ella, pobre ilusa se enamoró de un ser que jamás podría darle la estabilidad que ella pedía.
Esa loca mujer a la que tuve que despedir y hacer que los de seguridad la sacaran de la empresa. La mujer por la cual, tuve que asistir a las entidades correspondientes para poner una orden de alejamiento contra ella.
—¿Qué cojones haces tú aquí? Vete ahora mismo.
—No me iré, Bernardo. Tú eres mío como esta empresa.
—¡ja, ja, ja! Por favor, no me hagas reír.
—lo sabes Santander. Me debes mucho.
—No te debo ni el saludo Marta. Vete ahora.
—Esta colección es demasiado en va guardia para una empresa que está al borde de la quiebra, deberías pensar algo mejor para sostenerla.
—¿En la quiebra? No estás en nada. Lo mejor es que te vayas.
—Esa seguridad no te durará mucho, cariño. Yo me encargaré de hundirte.
Toma una copa de champaña rose y se la embebe como si no hubiese un mañana
Mientras que las chicas siguen modelando las maravillosas prendas, la Italiana cierra el desfile dando las gracias e invitándome a dar la cara a la prensa para presentarla oficialmente como la diseñadora de modas de ColoursFaith.
Mis padres llegan casi de último y gozan de la recepción.
—¡Definitivamente me estas cumpliendo lo que prometiste!—asevera mi padre, tomándose un vaso de whisky en las rocas.
—¿A que te refieres Padre?
—Me diste buenas telas, maravillosos diseños y una vista fenomenal este otoño. ¿Quién es el diamante que está haciendo brillar mi empresa?—Dice.
—Es Minerva D’Angelo, una italiana joven, estudió en la academia de Florencia arte y moda.
—Buen trabajo Bernardo pero… no te confíes.
Sé pierde entre la multitud de la recepción, dejándome solo con mis pensamientos que juro, por Dios, me están consumiendo. Esto de asumir una empresa y sea la mater de las demás empresas sólidas; Pensando seriamente si debo de hablar o no porque, yo tengo miedo, miedo a que la verdad salga a la luz y quedarme en la calle.
—Hermanito, queremos conocer a la persona que hizo de este otoño algo espectacular —Dicen las gemelas al unísono.
—j***r, primero mamá y papá y luego ustedes… son insufribles, vamos a ver si encontramos a D’Angelo por ahí —las encaminó hacia backstage, viendo a todas las bellas mujeres en tanga y top y dándome el deleite del siglo. Veo que esta ahí, presumiendo de sus dotes de diseñadora.
Carraspeo fuerte para que paren de hacer lo que están haciendo y felicitarlos a todos por la noche de hoy, todos me prestan atención, incluso las bobolonas de mis hermanas.
—Esta noche fue sensacional y espero que sigan así. ¡Por más triunfos, j***r!—Elevo mi brazo hacia delante en señal de brindis y todos aplauden. Logré lo que quería, la atención de la italiana.
—Señor Santander, ¿Qué le ha parecido mi trabajo?—acota curiosa.
—¡Excepcional! Estas contratada indefinidamente. Esta fue tu prueba de fuego aunque, aún falte ver como irán las ventas pero, yo te aseguro que tu trabajo, aquí está seguro—En el momento en que ella se lanza a mis brazos para agradecer, mi piel se eriza con un efecto.
Siempre creeré en el destino, sus ojos no mienten y sé que le gusto. Lástima que no sea de mi tipo.
Fue una muestra de afecto muy pronunciada y eso en cierta parte me irrita.
—Pe… perdón, señor—nerviosa al mil por ciento, sus mejillas son dos lumbres ardientes.
—No te preocupes Minerva. Te presento a mis hermanas, María Eugenia y María Elena Santander.—Mis hermanas gustosas, se abalanzaron sobre Minerva, llenándola de abrazos y elogios por la magia de la pasarela.
Ella gusto también de tal gesto, hablando del fascinante mundo de la moda, se pierden entre tanta platica que me parece un jodido mambo. Me estreso y mejor las dejo ahí.
La visita de Marta no fue grata, me desestabiliza esa mujer al punto de quebrarme por dentro. Yo debo de encontrar un proyecto millonario, mi empresa se encuentra en quiebre y haré todo lo necesario para salvarla del abismo en el que se encuentra.
Transcurre la noche, una de las modelos de pasarela fue Catalina Cruz, una gallega preciosa que, además de ser estrambótica, es una máquina de sexo puro.
—Guapa, ¿Te llevó a casa?—exclamó en mi tono donjuán.
—Bernardo, Bernardo… ¿Desde cuando preguntas?
—Soy todo un caballero, muñequita… ¿En tu casa o en motel de siempre?—la veo con mi toque seductor, dándole una sonrisa atrevida.
Y es que no es por alardear pero… mujer que tocó, mujer que follo. Así soy yo, esa es mi naturaleza… «Por eso tu empresa está al borde del abismo, animal»—Retumba en mi mente, sacándome de la cabeza por completo la calentura. —Ahora que lo pienso, recordé que tengo una cena con la diseñadora, te llamare en cuanto me desocupe —Le doy una nalgada a la castaña y ella solamente pasa sus dedos en mi hombro.
Antes de irme de este lugar, pasó por el taller improvisado de la mujer que me esta salvando las pelotas y la encuentro bailando sensual mente con un maniquí, esta un poco ebria y a lo cual me ofrezco a llevarla al pequeño Loft que la empresa le costea. Esa boca que provoca, me está incitando a perderme en la cremosidad de su piel de porcelana.
—Minerva, te llevó a casa—le digo en tono severo a lo cual ella se asusta.
—Perdón, perdón —se ríe tontamente— no acostumbro a beber, hoy ameritaba que tomará unas seis copas de vino blanco y heme aquí, haciendo un jolgorio con los maniquíes.—acota jocosa, su sonrisa es única.
—No te preocupes, te llevo.
—¡perfecto! Solo tomo mi bolso—dice sonriente y tambaleándose sobre sus pies.
Aquí empezaría mi plan maquiavélico, mi salvación estaba justo al lado del copiloto de mi jeep, pero también sabía que yo era devastación pero… en los negocios y el amor… todo se vale.