5. Mi corazón se desbocó:

1084 Words
Minerva: Bien dicen que uno regresa a donde fue feliz… sin embargo ml felicidad estaba al otro lado del país, eran kilómetros los que nos dividían. Mi León es un niño muy inteligente y eso, lo heredó de mi. «¡Qué arrogante!»—me dice el cerebro. Voy en la jeep de mi jefe, después de la celebración privada que me hice al entregar un trabajo impecable. Ojalá mi padre estuviera orgulloso de mí, pienso. Siempre que bebo, la necesidad de desahogarme esta latente pero… no aquí, no con él. —Solamente sé que vienes de Italia y que eres una diseñadora muy talentosa—Exclama mi jefe, un hombre guapísimo e imponente. Su belleza rebasa los límites. —gracias por lo de talentosa, señor Santander. Pues soy hija única, mis padres, más bien mi madre me apoyo emocionalmente con seguir adelante en la carrera. Mi padre en el lado económico, aunque no muy convencido pero… para mí está pasarela me hace sentir diferente. Perdón si hablo mucho—le digo nerviosa, soltando de a pocos el aire que me llena y no me deja respirar. Él olor fragante de su perfume y la combinación del licor que emana de su boca me ponen en alerta, tenía años de no sentir este calor que embarga mi cuerpo y hace el juego macabro del vaivén de ml sangre caliente recorrer por mis venas, traspasando la fina línea que hay entre devorarle la boca a mi jefe o quedarme trabajando bajo las reglas. Me prometí luego de Fabián, no confiar en los hombres y menos enamorarme. Sabía que no todos los hombres eran iguales pero, muy en el fondo sabía que un enredo con mi jefe y más, de esa índole, acarrearía un sinfín de problemas y no quería que eso pasará. Esta noche fue única, destaque en mi pasión, en mi talento y desde hoy terminé de aceptar qué soy una mujer que merece todo lo bueno de esta tierra. —¿a Minerva, en que piensas? —dice mi sexy jefe, parqueado en el edificio del loft. No se cuanto tiempo llevemos aquí, divague demasiado y profundice en mi tan solo un rato. —Perdón nuevamente jefe. Gracias por traerme—le hago un ademán de despedida pero, en cuanto decido bajar del auto me mareo, ¿Qué tan potente es el vino español? Me pregunto. Como si mi jefe leyera mentes me responde. —Es tan potente y bueno como para dormir a un toro—sonríe y me muestra esa sonrisa que solo dedica en su círculo familiar. Dato que pude notar en cuanto sus hermanas gemelas fueron a ovacionar mi talento con la tela. Le regalo una sonrisa dulce y de inmediato, él sale a recibirme del otro lado del auto. Le pone seguro y me encamina hacia el ascensor… esto es peligroso ya que… desde que nació León yo no he… no he intimado con nadie y el vino, complementado con las hormonas y un hombre bien parecido, pueden hacerme una mala jugada. —Te llevaré hasta tu loft, no puedes pararte sola—me dice con su cálido aliento, golpeando mi rostro y haciéndome estremecer con el agarre que tiene de mi cintura. Mi corazón y cuerpo desbocados hacia ese espécimen perfecto… me siento una zorra por morbosear a mi jefe pero… La fottuta madre, ¿Quién en su sano juicio lo desearía pasar enredada en las sábanas de Bernardo Santander? «Tú» dice el mambo de mi cabeza. —¿Pasa algo?—dice el castaño barbado. —No jefe, gracias por traerme. —¿Puedo pasar?—me pide y no puedo negar la entrada a lo que el mismo costea. Entramos al loft, prendo las luces y veo en el ventanal la bella noche que ofrece Madrid. —Desea tomar algo, señor Santander?—mascullo —Un whisky, por favor. Inmediatamente sacó del bar del loft la bebida que pide. Aquí está todo equipado así que si quiero beber también, la empresa patrocina mis estados ebrios. —Cuéntame más de ti, preciosa. Solamente esa oración con cinco palabras; resbalan a mis palabras en un mar de historias que contar. Empiezo desde mi juventud, mis sueños y mi experiencia en Prada. Solamente que, aunque este ebria no quiero que sientan lástima o me hagan sentir de menos por ser madre soltera. Omitiendo a mi adoración, mi León. —Tengo un proyecto que espero cumplirlo, es algo grande y no es tan surrealista.—lo digo, embebiéndome el segundo vaso de whisky. —¿Qué proyecto, Minerva? Pueda que yo te ayude y puedas ser hasta Batman si lo deseas. —Es sobre un tema que pueda aburrirlo… señor. —No me digas señor… dime Bernardo. —No podría hablarle así a mi jefe… ya me siento incomoda con estar aquí contándole mi vida—recalco. —Tutéame, tu si puedes, belleza. —Tengo un proyecto que incluye a Versacce y sé que ellos mueren por saberlo pero… debo esperar a que se abran las convocatorias anuales para expresar mi proyecto. Ahora es muy tarde para mostrártelo. —Tengo toda la noche para escucharte, preciosa. —Es sobre una academia para estudiar moda y bellas artes… dirigida para madres solteras. Sé que Versacce me apoyará en esto… —Suena interesante—concluye. Termina la bebida que permanecía en el cristal de fondo blanco y se pone de pie. Puedo ver su altura pronunciada, su cuerpo perfecto tallado en ese traje Armani… sólo nos separan unos cuantos centímetros, mi corazón no razona y es dominado por mi cuerpo… un beso estampado es lo que mis labios le ceden a la boca perfecta de mi jefe… el que transformaría mi cielo en el mismo infierno. Me separó abruptamente de su regazo, ya me tenía empotrada en el ventanal del loft, calientes jadeos solté al sentir sus enormes manos en mi cuerpo, palpándolo descaradamente. —Perdón, esto fue un error—nerviosa, acomodando mi vestido y mi cabello, limpio el lápiz labial que se me corrió en cuanto decidí lanzarme a su boca que, para mi sabia a cielo y a infierno. —Me voy, descansa. Se termina de relamer los labios, viéndome ahí, me dedica una sonrisa arrogante… camina hacia la entrada y se marcha. Quedó sola con los sentimientos a flor de piel, con el corazón desbocado y llorando como una tonta. Yo no puedo ser así de fácil y dócil. Mi padre tenía razón… soy una mujer fácil.
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