bc

Prohibido Tocar a mi Hermanastro

book_age18+
1
FOLLOW
1K
READ
family
heir/heiress
drama
city
office/work place
like
intro-logo
Blurb

Hermosa, exasperante y peligrosamente joven, Fiorela Moreau es alguien que Zachary Whitaker creía haber dejado atrás hace mucho tiempo: su antigua hermanastra. Hasta que aparece de repente como pasante de diseño en su prestigiosa empresa de moda.

Y ese es solo el comienzo del problema.

Porque lo verdaderamente complicado es la forma en que Fiore logra alterar su calma y encender su sangre, arrastrándolo lejos de la fría y gruñona coraza con la que Zack se protege del mundo.

Fiore no debería estar allí.

Y cuanto más descubre Zack sobre cómo consiguió ese puesto, más peligrosa se vuelve la situación… para él y para todo lo que ha construido.

No puede confiar en ella.

No puede despedirla.

Y definitivamente no debería desear besar esos labios desafiantes que no dejan de provocarlo.

Ahora Zack se encuentra en una peligrosa partida donde debe mantener cerca a sus amigos… y aún más cerca a sus enemigos.

El problema es que mantener cerca a Fiore no es tan sencillo. Ella es un torbellino de luz, sonrisas y risas irresistibles que lo desarma a cada paso. Pero detrás de esa alegría se esconden secretos y un pasado turbulento que despiertan en él un impulso imposible de ignorar: protegerla, arreglarlo todo.

Y está su boca…

Esa boca que lo desafía, que discute con él a cada instante. La misma que Zack no puede dejar de mirar ni de imaginar.

Está en problemas.

En serios problemas.

Porque Fiore tiene el poder de derribar todo lo que él ha construido.

Incluido lo poco que queda de su corazón.

chap-preview
Free preview
Primer día, primer desastre
Zachary El titular era lo único que importaba. Era lo único que se repetía una y otra vez, hasta el cansancio, en cada cadena de noticias, revista de espectáculos y blog. «Suzie Ward, mánager de la exitosa banda de pop Central Square y novia de Zachary Whitaker, hallada muerta en la ducha». Al titular le siguió una especulación masiva porque, aunque hubo algunas filtraciones y declaraciones aisladas, nadie sabía lo que realmente había pasado, excepto nosotros. E incluso entonces, soy el único que conoce la verdad. Un secreto que me llevaré a la tumba. Un maldito desamor que me ha convertido en el encantador hijo de puta que soy hoy. Especialmente hoy. Hace ocho años, perdí al amor de mi vida. Y no parece volverse más fácil con el paso del tiempo. Quizás sea porque ese día perdí algo más que a ella. Perdí una parte de mí mismo que no he sido capaz de recuperar. Mi teléfono vibra en el asiento a mi lado, pero no me molesto en revisarlo. Es alguno de los chicos, mi hermano o el trabajo. No quiero lidiar con nada de eso ahora mismo. Debería haberme quedado en casa hoy. No debería haberme levantado de la cama esta mañana, pero hoy tenemos una sesión de fotos para algunas piezas de la nueva línea de otoño para mujeres, y tengo que estar presente, y ¿a quién carajos le importa? La cama y whisky de desayuno eran una opción mucho mejor. Mi chófer, Ashley, se sienta en silencio y con paciencia en la parte delantera, mirando fijamente hacia adelante y permitiéndome este momento. Él lo sabe. Ha estado conmigo el tiempo suficiente para saber que saldré cuando esté listo, y simplemente aún no lo estoy. ¿Superaré esto algún día? ¿Se disipará alguna vez el dolor? —¿Qué pasa si llamo para decir que estoy enfermo? —mascullo entre dientes y noto que Ashley se mueve adelante. No le estoy preguntando a él, pero no me importaría que me respondiera de todos modos. Es lo más parecido a una figura paterna que tengo en mi vida, a pesar de que le pago por estar aquí porque mi verdadero padre es un pedazo de mierda de clase mundial. Él es la razón por la que yo soy el CEO de Whitaker Fashion en su lugar. —Si me permite sugerirlo, si hablara de ese día, podría ayudarle a desahogar su alma. —Uno tiene que tener alma para poder desahogarla. Él deja escapar un suspiro fúnebre de una manera que me indica que no le hace ninguna gracia. —Hablar de ello no me desahogará. Solo cargará a otros. —La verdad no me hará libre. Arruinará a alguien que ya está sufriendo más de lo que debería. —Sabe que... —Lo sé. Y gracias. Si alguna vez quiero hablar de ello, es posible que escuches más de lo que jamás quisiste. Él suelta una risita ante mi tono irónico justo cuando un destello de color blanco rubio pasa velozmente frente a mi ventana, sacándome de mis miserables pensamientos. Inadvertidamente, sigo el rastro que deja, transfigurado por el color único y el flujo ondulado mientras rebota y juega con el sol y la brisa del verano. Eso es hasta que desaparece de mi vista en un repentino vaivén junto con el cuerpo al que pertenece. Entonces se escucha el grito. —Mierda. Sujetando mi teléfono, salgo disparado del coche y subo corriendo los tres escalones de cemento hasta el primer rellano, donde una mujer grita y forcejea con un hombre que intenta arrebatarle el bolso. Agarrando el asa de cuero, él da un tirón firme, logrando ganar ventaja con el bolso mientras simultáneamente la empuja al suelo. Con fuerza. Sin pensarlo dos veces, choco contra él; toda la fuerza de mi tamaño y peso lo derriba. El bolso resbala de su mano, deslizándose por los escalones, pero antes de que pueda evitar la caída o enderezar su cuerpo para huir, lo agarro por la camisa y lo levanto. Con sus pies colgando del suelo, lo observo mejor. —Jesús —siseo con consternación—. ¿Qué demonios haces robando bolsos a tu edad? El chico, que no debe tener más de diecisiete años, me mira con desprecio, con toda la bravuconería de un estúpido a pesar de que lo tengo colgando como una lombriz proverbial en un anzuelo. —Vete a la mierda, hombre. ¿Qué carajo te importa lo que haga? No me conoces. Lo bajo, pero no suelto mi agarre de su camisa. —¿Crees que robarle a las mujeres te hace rudo? ¿Te hace un hombre? ¿Sabes lo que es ser rudo? —Me pongo justo frente a su cara—. Ser rudo es ser un hombre incluso cuando las probabilidades están en tu contra. Es hacer lo correcto cuando lo incorrecto es más fácil. Crece. Sal de tu mierda y hazlo mejor. Ahora vete antes de que llame a la policía. Lo empujo lejos, pero me aseguro de que vea que lo sigo con la mirada. Por un segundo, vacila, su mirada se desvía hacia la mujer que aún está en el suelo y luego vuelve a mí antes de salir corriendo. Me doy la vuelta, observando a la mujer ahora sentada que maldice por lo bajo y mira incrédula un tacón de aguja que aprieta con rabia en su puño. El tacón largo y estrecho cuelga lánguidamente del zapato n***o, tras haberse roto. —No se supone que hagas esto —se lamenta—. ¡Hoy no! Tu trabajo es llevarme del punto A al punto B sin romperte como una ramita. ¿No sabes lo que esto significa para mí? Ahora mira. —Sus manos recorren su cuerpo—. Soy un desastre sangriento. Literalmente. —Sacude el zapato de forma amenazante—. Le voy a decir a Marie que nos hiciste esto, y no estará contenta. Para nada. ¿Marie? Observo mejor los zapatos. Marie Marcato. Exclusivos y caros. Pero claramente habla en broma e ira, porque nadie conoce ni habla con Marie directamente. Ni siquiera yo, y lo he estado intentando por más tiempo del que me gustaría admitir. Aun así, no puedo entender cómo está más disgustada por la rotura de su tacón que por el hecho de que casi la asaltan. Mi sombra se proyecta sobre ella, bloqueando el cegador sol de verano. —¿En qué estabas pensando al pelear con él? Podría haber estado armado o haberte lastimado seriamente. ¿Estás bien? —Los cortes en sus rodillas gotean sangre por sus espinillas hasta los escalones de concreto, pero ella está más concentrada en su zapato roto. Unos ojos azul aciano alarmantemente brillantes se clavan en mi rostro. Y en el momento en que me reconoce, se vuelven redondos como platos, y sus carnosos labios rosados se parten. —Mierda —susurra con brusquedad. —Ahora te pones al día. Eso es lo que dije cuando vi que estabas forcejeando con él. ¿Estás. Bien? —repito, mi molestia se filtra en mi tono ahora que me mira como, bueno, como todos los demás. Deslumbrada, asombrada y aterrorizada—. ¿Acaso no sabes responder preguntas o el inglés, junto con el sentido común, es una dificultad para ti? Ella me mira con desdén ante mis palabras afiladas y cortantes. —¿Honestamente acabas de preguntar eso? ¿Tienes idea de lo increíblemente rudo y condescendiente que es eso después de lo que acaba de pasar? Mis labios amagan con curvarse en una mueca de suficiencia, pero la descarto al instante. —Lo que sea con tal de que hables. Ella aparta la mirada, observando sus rodillas que sangran y supuran por todas partes. —Me empujó y mi zapato se rompió —responde tajante—. Obviamente, no estoy teniendo la mejor de las mañanas. —Obviamente —digo con voz monótona, imitando su tono sarcástico y mordaz—. Y ahora estás herida. Por tercera vez, ¿estás bien? —Um. No lo sé —admite con un suspiro tembloroso—. Estoy cabreada. Y herida. Y molesta. Por tantas, tantas cosas en este momento. —¿Puedo ayudarte a levantarte? —Podrías ser la última persona en la tierra a la que debería pedir o aceptar ayuda. Bien. No estoy seguro de qué hacer con eso. —¿Trabajas aquí? —Probablemente no por mucho más tiempo. Soy una pasante de diseño. Primer día. —El arrepentimiento golpea inmediatamente sus rasgos y frunce el ceño, sacudiendo la cabeza violentamente—. De verdad desearía no haberte dicho eso. Suelto una carcajada y, ante el sonido de mi risa —que ella asume erróneamente que es a su costa— me lanza una mirada fulminante con esos ojos cautivadores. Luego está su cabello, y esos labios sexys, y esas fascinantes pecas diminutas en el puente de una nariz adorablemente pequeña y a través de la parte superior de sus pómulos perfectos y... mierda. No puedo dejar de mirarla. Aunque sé que he visto su cara antes, me cuesta ubicar dónde exactamente. Aun así, mi estúpido m*****o se agita en mis pantalones. No es el momento más oportuno para eso, dada su posición desde el suelo. Lentamente, comienza a levantarse, aunque con torpeza porque no puede apoyarse sobre sus rodillas para ayudarse y la falda lápiz que lleva es restrictiva alrededor de sus muslos. —No es una buena idea —le digo—. Estás sangrando. Tu zapato está roto. Sin mencionar que acabas de admitir que no estás segura de si estás bien. —Estoy bien. —Sisea con una respiración entrecortada cuando su rodilla roza el suelo—. No puedo vivir aquí exactamente y, además, no quiero llegar tarde en mi primer día. —Estoy seguro de que lo entenderán cuando te vean. Se gira sobre su costado, intentando usar los codos, y esto es simplemente ridículo. —No sé qué clase de movimiento es ese, pero solo vas a lastimarte más —le advierto—. ¿Realmente tu bolso valía esto? Anda, toma mi mano. —No, gracias. —Aparta mi mano ofrecida, dejando que su orgullo gane la partida. O tal vez es porque te estás portando como un imbécil con ella después de que acabaran de atacarla. Alejo ese pensamiento. —¿Sabes quién soy? —pregunto con frialdad, molesto porque me rechaza cuando la ayudé con el asaltante y me ofrezco a ayudarla de nuevo. Ella me lanza una mirada. —¿Te refieres a alguien que no sea el idiota que está parado sobre mí, burlándose? Sí, sé quién eres. —Entonces me sorprende que me sigas hablando así. —Es una pasante. Eso significa que trabaja para mí, directa o indirectamente. ¿Y que me responda de esta manera? —A mí también. Debe ser toda la pérdida de sangre y la adrenalina que me tienen aturdida. Supongo que nadie te responde ni te insulta. —No si tienen algún tipo de instinto natural de preservación, el cual creo que ya establecimos que tú no tienes. —Vaya —se burla ella—. Eres un verdadero príncipe entre los mortales, Zachary. —Resopla—. ¿Qué clase de nombre es Zachary, de todos modos? Paxton, Jaxson, incluso Saxton, pero nunca había oído hablar de un Zachary. Mis ojos se entrecierran en rendijas amenazantes. Puedo ser aterrador cuando estoy motivado. —Un nombre que no es de tu incumbencia, pasante. Hablando de nombres... —Levanto una ceja con expectación hacia ella. —Ni hablar. Me despedirán seguro si sabes quién soy. No tengo idea de qué significa eso, pero no me importa lo suficiente ahora mismo como para buscar más respuestas. No soporto verla tambalearse ni un segundo más, quiera mi ayuda o no. Agachándome, paso mi brazo alrededor de sus caderas, levantando la mayor parte de su peso para evitar que use sus rodillas. Hago todo lo posible por ignorar cómo se siente su cuerpo contra el mío. Y lo bien que huele. Perfume, champú, jabón líquido o su fragancia natural... sea lo que sea, si pudiera embotellarlo y venderlo, sería más rico de lo que ya soy.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

La esposa rechazada del ceo

read
222.2K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.7K
bc

La joven Ceo

read
16.7K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
65.1K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
58.9K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
11.8K
bc

Bajo acuerdo

read
49.5K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook