Nada de Gases Sobre el Jefe

1767 Words
Fiorela —Siéntate. Quieta. No te muevas. —Lamar chasquea los dedos frente a una silla de salón. Estamos en el piso veinte, que es grande, diáfano y yo diría que tiene al menos dos pisos de altura. Muy industrial, con suelos de cemento y ventanales gigantes. Obviamente es donde hacen la mayoría de sus sesiones de fotos. No me hicieron mucho recorrido, solo algunas cosas que Lamar señaló al pasar, como el armario de muestras (para babear), donde estaremos fotografiando, y ahora esta silla. —No soy un perro —gruño, pero hago lo que me dicen de todos modos. —No, cariño, no lo eres. Eres una modelo, lo que significa que estás acostumbrada a que la gente te diga exactamente qué hacer y a hacerlo. Ahora, ven aquí. Resoplo, pero él me ignora. —Eso es molestamente cierto. Quizás si tuviera más carácter y fuera consecuente con mis palabras, no estaría aquí. —No. Seguirías aquí —afirma, solo para reconsiderarlo—. O tal vez no, ya que Valentina te habría destripado como a un pez y te habría arrojado al East River como cebo para lo que sea que viva allí. —Se estremece—. Por esto me gusta Boston mucho más que Nueva York. ¿Puedo preguntar por qué dejaste de modelar? —Tengo veintitrés años. Me lanza una mirada impaciente mientras se ajusta el puente de las gafas. —¿Y? —Y quiero ser diseñadora. Me encanta modelar. De verdad. Es divertido en su mayor parte. Por eso retrasé mi entrada en el FIT un año. Conocí a gente increíble, viajé por todo el mundo y gané buen dinero, pero es una carnicería. Es que te digan que estás gorda y que pierdas peso cuando no lo estás y no deberías hacerlo. Y a menos que estés en la cima de la lista de todos, te quemas rápido y joven. Me dedica una sonrisa de suficiencia. —¿Qué? ¿A qué viene esa mirada? —Eres inteligente y ves las cosas exactamente como son. Eso me gusta en mis pasantes y modelos. —La gente inteligente no comete tantos errores como los que yo he cometido. —No. La gente inteligente aprende de esos errores. La gente joven que confía en las personas equivocadas comete el tipo de errores que tú cometiste. Trago saliva. Por eso la gente necesita personas en su vida que sean incondicionales y que siempre les cuiden las espaldas. Tengo una mejor amiga, pero ¿quién no podría usar a más gente? —Creo que me cae usted bien. —No lo hagas. Soy un puto c*****o. —Agarra mi silla y me hace girar para quedar frente al espejo y las bandejas cargadas de maquillaje y equipo de peluquería. También me saludan dos mujeres, una pequeña y con curvas, con el pelo corto de color rojo camión de bomberos, y la otra de estatura media con el pelo castaño liso hasta los hombros y un flequillo tupido. —Estas diosas son dos miembros de nuestro equipo de estilismo interno. Sonia (la pelirroja) se encarga del maquillaje y Eloise (la morena) del cabello. Chicas, ella es Fiore... —Fiorela —corrijo. Él sacude la cabeza. —No. La industria del modelaje te conoce como Fiore Sage, así que esa eres tú hoy. Como iba diciendo —me ignora, volviéndose hacia ellas—, chicas, dado que nuestra modelo original no apareció, Fiore —enfatiza mi nombre— va a sustituirla, aunque técnicamente ahora es una pasante en nuestro departamento de diseño. —Bienvenida —dicen ambas al unísono. —Hola. —Les devuelvo sus sonrisas entusiastas—. Es un placer conocerlas a ambas. —Ya vamos con retraso, y todos sabemos cuánto le gusta a Zack que el horario se retrase, así que pongamos esto en marcha. —Lamar chasquea los dedos y ambas mujeres se lanzan sobre mí mientras él se va a hacer quién sabe qué. Limpian mi cara de cualquier resto de maquillaje que llevara y luego vienen la crema, la base, el corrector, el contorneado y todo lo demás. Me cepillan el pelo, lo secan, lo rizan y juegan con él. Durante todo ese tiempo me quedo aquí sentada, dejando que hagan lo que mejor saben hacer. —Siento no haber venido con la cara lavada. No esperaba modelar hoy. —¡Oh, tonterías! —Ambas me restan importancia con un gesto—. Eres perfecta y das mucho menos trabajo que la otra mujer que se supone que debería estar donde tú estás sentada. —Es verdad —coincide Sonia, rociando la parte posterior de mi cabello con laca—. Ella es una pesadilla. ¿Quieres algo de beber, cielo? —¿Se me permite algo que no sea café o agua? —Jesús, no quiero ni saberlo —dice Eloise, haciendo una mueca—. Sí. Puedes tomar lo que quieras, pero si pides alcohol a las —mira su reloj— nueve y cuarto de la mañana, vamos a tener que intervenir. Suelto una risita. —No. Iba a pedir una Diet Coke, pero sé que el gas no es algo que a muchos fotógrafos y directores de sesión les guste que sus modelos beban antes de una sesión. —Cariño, nadie va a verte el estómago y, mientras no le eructes al Sr. Whitaker, deberías estar bien. Las tres nos reímos. —Nada de gases sobre el jefe. Entendido. —Iré a buscarte una Diet Coke. ¡Con pajita y nada después de los labios! —advierte Sonia, y yo asiento, conociendo ya de sobra esa rutina. Nada de arruinar el maquillaje ni desordenar el pelo. —No puedo creer el color de tu pelo —exclama Eloise, pasando sus dedos por mis largos mechones para convertir algunos de los rizos en ondas sueltas—. Este color es simplemente impresionante. —Gracias —murmuro con los labios apretados para no estropear el maquillaje. —Es natural, ¿verdad? Si no, voy a tener que acostarme con quienquiera que haya hecho estas mechas para aprender sus secretos. Mi sonrisa es incontenible y me alegro mucho de ello. Necesitaba algo de esto después del intento de asalto, Zack, mi tacón roto y el fiasco de las rodillas sangrantes de esta mañana. —Es natural. No se requieren favores eróticos. —Menos mal. —Me guiña un ojo. —Su piel es igual de increíble. Toma, cielo. —Sonia me entrega una lata de Diet Coke con una pajita. Odio beber así, pero es lo único que consigues cuando no se te permite mover mucho la cabeza. —Nunca llegamos a ver a las modelos caminar durante los desfiles porque siempre estamos en el "backstage". Pero sabemos quién eres y hemos seguido tu carrera, así que tenemos muchas ganas de verte trabajar esta mañana. —Vaya. Gracias. —Estoy estupefacta. No tenía idea de que la gente supiera tanto de mí más allá de lo que ocurrió en la semana de la moda la primavera pasada—. Ni siquiera sé qué tipo de sesión voy a hacer —admito. —Esta es la primera de cinco rondas de peluquería y maquillaje —me informa Sonia, dando los retoques finales a mi sombra de ojos—. Es para la línea de otoño. Te pondrán el vestido azul primero porque ese es el que quieren para la sesión con el Sr. Whitaker. —Qué alegría. Ambas se ríen por lo bajo ante mi tono sarcástico, intercambiando miradas significativas. —¿No eres muy fan de él? —¿Te refieres a como lo es el resto del mundo? No exactamente. —Sin contar lo de esta mañana, mis razones son mejores que las de cualquier otra persona. —Él es... rudo —coincide Eloise diplomáticamente, golpeando un cepillo contra su muslo—. Quiero decir, nunca es grosero. Al menos no con nosotras. Pero es brusco, cortante y un perfeccionista total. Como es de esperar de alguien en su posición. —Yo sigo amándolo. —Sonia se lleva la mano al corazón con expresión soñadora—. No puedo evitarlo. Central Square era mi banda favorita de todos los tiempos. Fui a verlos en concierto diez veces, y eso incluye varias ciudades. Me quedé desolada cuando se separaron. —Tú, yo y todos los demás en el planeta. —Eloise suelta una media carcajada antes de ponerse seria—. Después de todo lo que pasaron, después de lo que él pasó perdiendo a Suzie, no los culpo por dejarlo y por que él sea... gruñón. Central Square era la mezcla perfecta de pop de "boy band" y banda de rock feroz. Cinco chicos de Central Square, Cambridge, que triunfaron siendo adolescentes después de que un vídeo suyo en YouTube se hiciera viral. Eran el equivalente a si Bieber y One Direction hubieran tenido un hijo enorme. Los conocí apenas dos segundos después de que les llegara la fama y estuvieran listos para viajar por el mundo. De la noche a la mañana se convirtieron, sin duda, en la banda más grande del mundo y así se mantuvieron durante cuatro años. Viajes globales y conciertos en estadios con entradas agotadas. Zachary era el mayor y tocaba el bajo, mientras que su hermano menor, Rainer —quien sigue siendo una estrella de rock de enorme éxito—, era el vocalista. Entonces su mánager y novia de Zack, Suzie, murió en la ducha. Fue trágico, y después de eso, la banda no pudo continuar. Se separaron oficialmente a las pocas semanas de su muerte; cada uno tomó rumbos distintos, haciendo cosas diferentes, aunque se rumorea que todos siguen siendo muy cercanos. Pero ocho años después, Zack nunca ha sido fotografiado con otra mujer. No tiene citas. Y es un notorio, bueno, gruñón, como dijo Eloise. "Ping". Los teléfonos de Eloise y Sonia suenan a la vez, sacándonos a todas de nuestra ensoñación. —¿Qué es eso? —pregunto mientras las dos mujeres corren hacia sus teléfonos. —El chat de la empresa. Están listos para ti. Hablando del chat de la empresa, saco mi propio teléfono al ponerme de pie, asegurándome de que mi jefa e Iris, mi mejor amiga que trabaja aquí como pasante de marketing, recibieron mi mensaje sobre dónde estoy. Lo hicieron, lo cual es un alivio. Mi jefa escribió que se alegraba de que pudiera echar una mano donde fuera necesario, así que claramente no está enfadada por mi retraso o por faltar a mi primer día como pasante de diseño.
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