Un par de toques en la puerta la sacaron de sus pensamientos, haciéndole dar un brinco. Jetro no pudo ir tras su padre, ahora se sentía más culpable que nunca, y quería volver a pedir disculpas, pero no sabía cómo. –¿Estás bien?. –preguntó para escuchar su voz, le preocupaba que estuviese llorando. –Pedí un cambio de ropa, no sé si sea de su talla, pero lo dejaré sobre la cama junto al abrigo en una bolsa, hay un clima muy cálido afuera para usar el abrigo a esta hora. –divagó desde fuera. –Gracias. Lo devolveré en cuanto pueda. –dijo asumiendo que él seguía afuera, pero no obtuvo respuesta, Jetro no espero lo suficiente puesto que había escuchado la puerta de la entrada, y aún le avergonzaba ver a Isabella a la cara. Hecho un vistazo por la mirilla y vio a su tío, sabía lo que eso sig

