CAPÍTULO 4:

1148 Words
—¡Señoras y señores, demos inicio a la mayor atracción de la noche!—el grito del anfitrión llenó de júbilo la estancia, Luna miró alrededor intranquila, mordiendo sus labios, suspirando, no se había recuperado de aquel fugaz encuentro, de la cercanía del alfa Noah Ivanovich, y eso le creaba una confusión enorme—Ahora, nuestros queridos benefactores podrán pujar por sus joyas favoritas y disfrutar de su inigualable compañía. No sean tímidos, y den todo de ustedes para llevarse estas bellezas... —Luna—la pelinegra giró encontrando a Derek com una sonrisa—Vamos, serás parte de la subasta—la joven abrió los ojos impresionada, quedando con la palabra en la boca cuando Derek dio media vuelta y siguió su camino, la joven lo siguió aún aturdida por la información. —Señor Park, espere un momento—intentó más el hombre no se detuvo. Luna estiró el brazo entre el gentío y lo tomó de la mano llamando su atención, Derek giró, ambos quedando frente a frente, Luna soltó la mano del alfa rápidamente. —Señor Park, yo no postulé para la subasta, no estoy interesada en ello—Derek la observó con dejé aburrido, acercándose. Luna no sintió su cuerpo estremecer o su su piel erizarse, su reacción era tan decadente comparada a la tenida con Ivanovich. —Lo sé, señorita Rowland, sin embargo, hay alguien sumamente interesado en usted esta noche, y ha pedido que seas parte de la subasta—Derek la observó de arriba hacia abajo —Es un hombre poderoso en demasía. Espero que estés a la altura. Luna apretó la mandíbula ante las palabras de Derek, tragando saliva con dificultad. —¿Ese hombre es Noah Ivanovich?—preguntó aunque estaba segura de ello. Derek ladeó el rostro y sonrió. —Veo que ya se conocieron. Eres más inteligente de lo que pensé Luna Rowland—sonrió—Zorra astuta—rió bajo negando, alejándose. Luna respiró hondo y tomó todo el contenido de la copa de un solo trago dejando ir una maldición al aire. :::: Noah observó a Luna Rowland desde el área VIP con una sonrisa. Se dió un trago de vodka respirando hondo con todo un cumulo de aromas alrededor queriendo llamar su atención. —Señor Ivanovich—el pelinegro volteó a ver al recién llegado, un hombre de razgos asiáticos, cabello largo recogido en un moño y tatuajes coloridos en la zona del cuello y pecho que se veían a través de la camisa, acompañado de otros tres hombres—Es un placer volver a verlo. —Señor Kang—delvolvió Noah estrechando la mano del recién llegado, un hombre beta y que sin embargo por años había llevado en la espalda el poder de toda un viejo clan—Han pasado años desde la última vez que lo ví. —Sí—aceptó el hombre con dejé aburrido—Cuando te alejas de nuestro mundo es así, la gente tiende a olvidar que existes sino cargas un arma y pintas con un poco de sangre—Noah asintió con una sonrisa cínica. —Suele pasar. ¿A qué debo sus palabras?—inquirió. A su lado llegó Mika, haciendo que los acompañantes del señor Kang se pusieran alerta, el pelirrojo I se inmutó, tomando asiento en el sillón más cercano del área VIP, disfrutando su trago. —He oído que actualmente Blood Moon ha tenido uno que otro problema con los Yakune. Noah tomó las palabras del señor Kang y las dejó andar por su mente, cuadró los hombros y recostó con calma al borde del balcón que daba al salón de fiesta, observando a Kang como si quiera saber todos sus secretos. —Lamento decirle que no es así, señor Kang—suspiró apoyando su peso en el brazo izquierdo, bebiendo tranquilamente con el derecho—Sin embargo y en caso de que fuera real, no veo porqué sería de su incumbencia. El señor Kang sonrió acercándose a Noah. —En esta ciudad cada noticia es de interés público, más cuando puede jodernos a todos. Ivanovich asintió, regalando a Kang un hermosa y malisiosa sonrisa. —¿Quiere un consejo, señor Kang?—inquirió, el hombre esperó pacientemente—Deje de indagar por los problemas ajenos y dedique más tiempo a pagar la enorme deduda que tiene con Yakune, los Imae y conmigo—gruñó bajo—¿Oh debo suponer que ya tiene todo mi dinero, y por ello se ha vuelto tan comunicativo últimamente?—Kang apretó la mandíbula y se alejó sin decir una palabra, Noah sonrió. —Ha sido un placer hablar con usted, señor Ivanovich. —Claro que sí. Cuando quiera, señor Kang. Mika rió bajo negando al ver al antiguo líder del clan Kang irse entre la indignación y la vergüenza, y a Noah continuar disfrutando de su trago con una dulce y malsana satisfacción. —Mantén un ojo sobre él—demandó Noah hacia el pelirrojo tomando asiento—Quiero un reporte diario y completo. Sin falta—Mika asintió. —Cuenta con ello. Las luces alrededor se volvieron tenues, y la subasta comenzó, hombres y mujeres defilando en finas prendas, llevando joyas sumamente caras, sonriendo y pavoneandose en aras de llevarse al mejor postos, Noah miró todo aburrido, con la música de fondo y una sonrisa que aumentó una vez captó ese aroma tan extraño y Luna Rowland apareció en el estrado. —He aquí nuestra última joya—presentó el animador. Luna había cambiado sus prendas, usando ahora un vestido verde esperalda ajustado y largo que dejaba ver ambas piernas y realzaba la zona del busto, Noah se levantó y acercó al balcón curioso, la joven mantenía la mirada en la audiencia y parecía totalmente incómoda con ello. La puja comenzó, Noah espero pacientemente a que cada quien diera una cifra, captando el como Luna disimuladamente buscaba alrededor, Noah estaba seguro de que Luna sabía de su pedido a Derek, y que a quien buscaba era a él. —Cien mil—dijo en voz alta, Luna alzó automáticamente la vista hacia su balcón, sus ojos verdes brillaban bajo la luz de los reflectores. —Perfecto, ¿Alguien da más de cien mil dólares?—inquirió el animador. —Ciento diez mil—se oyó una voz a lo lejos, Noah gruñó a la par de su lobo. —Trescientos mil—todo se mantuvo en silencio ante las palabras de Noah. —Bueno—susurró el animador nervioso viendo a Noah quien mantenía expresión seria—Creo que tenemos un ganador. Señor Ivanovich, su joya se le será enviada en breve. Noah asintió dando media vuelta. —¿Qué fue eso?—Noah se dio un trago largo de vodka. —Mika, cierra la boca—mordió molesto, sintiéndose peor cuando el pelirrojo no hizo más que reír como un loco.
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