Not A Little

1648 Words
—Arriba. Las duchas son de 5 a 5:15. Los esperamos en formación a más tardar esa hora. Los uniformes se encuentran fuera del baño —anuncia, y se va. Estoy tan desesperada por limpiarme que incluso olvido lo poco que tuve de sueño y busco en mi maleta mi ropa interior mientras todos se apuran para ir a bañarse. Empaqué mi mejor ropa, sin pensar que me darían un uniforme aquí. Vaya desperdicio. Ignoro la desnudez de todos y la suciedad de las regaderas mientras me introduzco a una, con mi botella de shampoo que huele a flores silvestres y mi jabón Chanel. Sé que la gente aquí no va a apreciar mi espléndido olor y que probablemente empezaré a sudar y apestar tan pronto como me ponga en formación, pero es desperdiciar mis caros suministros o utilizar los que tienen aquí de marca genérica. La opción menos horrenda es obvia. Abro la regadera y grito con horror cuando agua congelada cae sobre mí, haciéndome temblar. Me apresuro a salir de ahí pero alguien que no conozco me empuja levemente para que quede bajo el chorro de agua. —Te quedan 7 minutos para ir a la formación. No comeré engrudo por tu culpa, así que más te vale que te aguantes el agua fría. —¡Ugh! —me quejo, intentando matar a la chica con mis ojos y me sacudo para que me suelte, pero le hago caso, intentando apresurar el proceso de limpieza. La gente poco a poco termina y toma los uniformes para largarse a la formación, mientras que yo sigo con un montón de shampoo en mi largo cabello. —¡Un minuto, princesa! —grita la misma marimacha que me está acosando desde ayer y se va, dejándome sola. Me apuro lo más que puedo y aun así tardo más de tres minutos solo en secarme y salir de ahí. Luego, cuando voy por mi uniforme, me encuentro con la terrible noticia de que solo queda un pantalón que me queda muy grande y una blusa que me queda muy chica. Y unas botas horribles. Acomodo mi cabello mojada en una cola alta chorreando y corro a formación, donde una vez más, todos me miran llegar con reproche. Hawke ya está aquí, esta vez con el uniforme completo que para mi desgracia lo hace ver incluso más sexy. Camina por enfrente de nosotros y cuando pasa frente a mí, me da una mirada llena de antipatía. —Esta es tu segunda llamada. No te vuelvas a retrasar o lo de ayer no será nada comparado con lo que te pasará —me amenaza, después sigue caminando como si nada. En un momento de completo pánico, miro hacia arriba buscando comprensión en mi compañero de un lado y él está igualmente asustado con las palabras del sargento, compartiendo mi completo miedo— Dado a la interrupción de su compañera el día de ayer, no se pudo dar la introducción correcta, así que la completaremos hoy. Desde ahora ustedes son un equipo. Uno para todos y todos para uno, lo que significa que ayudan a todos y esperan ayuda de todos sus compañeros, les agraden o no. Y que si alguien rompe las reglas, el castigo se aplicará a todos, no solo a esa persona. —Las reglas son básicas y solo las diré una vez, así que pongan atención — prosigue, con su orgásmica voz llena de autoridad— nada de relaciones sexuales. Sé que comparten baño y habitación, y no me importa, toda clase de encuentro s****l será sancionado. Controlen cualquier impulso. Exijo puntualidad absoluta, ustedes llegan a la hora que se les espera, ni un minuto más. Hoy, una compañera rompió esa regla, por lo tanto tendrán un castigo aparte del que se ganaron ayer. Ultima regla: no cuestionen a ninguna autoridad. Ustedes aquí no son nadie. No valen nada. No me interesa si sus padres son ricos o poderosos, aquí mandamos nosotros. Si decimos salta, ustedes lo hacen hasta que digamos basta, aunque sea después de una semana. Sus lagrimas no nos conmueven, sus amenazas son vacías y tenemos el poder de hacer con ustedes lo que nos plazca... ¿Comprendido Todos murmuramos nuestra comprensión y Asher asiente, complacido. —Bien, ¿Alguna duda? —pregunta la chica del nombre feo. Un tipo flaco levanta su debilucha mano. —De hecho, es una duda y una queja ¿Cuáles serán nuestros castigos? Y, ayer, la única compañera que ha causado problemas, no nos dejó dormir porque no dejaba de llorar. Me quiero quejar de ella. Es problemática y egoísta. —Sí, disculpen —interrumpo, levantando mi mano para hacerme notar. Todos me voltean a ver— yo soy la que no dejaba de llorar. Solo quiero expresar que mi llanto de ayer se debió a la aberrante y humillante forma en la que el sargento Hawke me trató, lo cual reportaré a las autoridades competentes tan pronto como regrese a la civilización. —Bien —suspira Asher y clava sus malvados ojos en mí— ¿Cuál es tu nombre, recluta? —Crystal Angelo, señor. —Gracias a Angelo, todos correrán cinco kilómetros hoy. Regresaremos para desayunar y más tarde completarán el otro castigo, después de las actividades agendadas para hoy. Si su compañera es problemática, por su propio bien, intenten controlarla. Mientras ella siga cometiendo errores, todos los pagarán juntos. Sin excepciones. Así que ahora me encuentro corriendo al lado de once personas que me odian, bajo el caliente sol del desierto. Bueno, parece ser que la sargento con nombre raro no me odia, pero de todos modos no tengo su completa simpatía. Asher corre a un lado de mí encargándose de que sepa lo inútil que soy. Siendo honesta, no entiendo porqué le caigo tan mal, lo único que he hecho es defenderme de lo que me parece una injusticia. —¡Vamos! ¡Solo van dos kilómetros! —grita en mi oído, trotando a mi lado sin siquiera jadear, mientras yo estoy al borde de un colapso. Dos kilometros es mucho más de que he corrido en toda mi vida junto— joder, compónte un poco. Te ves horrible. —¡Déjame en paz, demonios! —gimo, bajando la velocidad porque ya no puedo más. Mi boca está tan seca que ni siquiera puedo hablar bien. Hawke no parece contento con eso y pone una gran manota en mi espalda para empujarme a correr más rápido. —Eres la que lo está haciendo peor. Nadie se ve tan jodido como tú. Tu condición física apesta. —¡Ya! —exploto, sintiéndome extrañamente más agotada que antes. Mis piernas empiezan a temblar y mi visión se pone borrosa. En menos de un segundo, todo se pone n***o y la pesadilla se acaba. ➿➿➿➿ Abro los ojos y suspiro, sintiendo como si estuviera en el paraíso. El aire acondicionado nunca había parecido tan cómodo y refrescante antes, supongo que es cierto eso de que no valoras lo que tienes hasta que te mandan a un miserable campamento en el desierto. —Bien. Ya era hora —escucho decir a alguien. Muevo la vista y veo al sargento Hawke sentado en una silla de cuero a un lado de mi camilla jugando con su celular. Estoy en un hospital, creo, a juzgar por las maquinas, la camilla y la intravenosa conectada a mi pálido brazo— párate. Es hora de irnos, perdí cuatro horas de mi valioso tiempo aquí. Todo porque la señorita se deshidrató y desmayó. —Bueno ¿qué mierda esperabas? —me exalto, arrepintiéndome casi inmediatamente, cuando entrecierra sus ojos hacia mí— quiero decir, ¿que mierda esperaba, señor? No dormí más de dos horas anoche. Y me ha abusado fisicamente bajo el sol por dos días seguidos. —Ese no es mi problema. Y no he abusado fisicamente de ti, cuida lo que dices —advierte, recostándose otra vez en el sillón y levantando de nuevo su iPhone, igual al mío— le hablaré a alguien para que venga por nosotros de una vez. —Bien, ya qué —pongo los ojos en blanco y me quedo pensando en lo diferente que se ve en un lugar neutral donde no es un despiadado sargento— ¿Tienes i********:? Asher me voltea a ver como si fuera estúpida. —Nosotros no somos amigos, recluta. —¿O sea que sí tienes? —presiono, haciéndolo negar con la cabeza, fastidiado de mí— solo estoy tratando de platicar con usted, conocerlo. Digo, para que deje de odiarme tanto sin ninguna razón aparente. —Dejaré de odiarte cuando empieces a respetar —está enojado de nuevo— solo cállate. Cuando pienses que quieres decir algo, arrepiéntete. Nadie quiere oírlo. —Bueno, eso lo dices porque me odias. Muchas personas aprecian bastante mis temas de conversación. No lo sabrías porque lo único que haces es maltratarme y humillarme. —Mi trabajo es maltratarte y humillarte hasta que aprendas algo de disciplina. Tus padres confían en mí para cambiarte. Te pusieron en mis manos para regresarte como alguien nuevo, completamente diferente a lo que eres ahora. Y los entiendo perfectamente. —Mis padres me aman tal y como... —Me da igual. No te quejes de mis métodos, aunque no te gusten. Solo haz lo que te digo. —Pero... ugh, como sea... ¿sabe qué? Creo que usted y yo podríamos llegar a un acuerdo —empiezo, intentando reprimir mi sonrisa por la grandiosa idea que se me acaba de venir a la cabeza. Algo que nos beneficia bastante a ambos. Asher entrecierra sus ojos hacia mí con sospecha y dice que no antes de siquiera oír lo que tengo en mente— mi proposición involucra un muy feliz y saciado Asher que no me pone a hacer lagartijas cada vez cometo algún pequeño error.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD