—¡A ti no te diré una mierda! —el hombre rodó los ojos fastidiado con el comportamiento de Franco, la madre superiora dio orden de que soltaran a Franco y nos hizo pasar a su despacho.
—¡Tienes la entrada prohibida a este lugar! — rugió el hombre antes de que Franco le enseñará el dedo medio y cerrará la puerta del despacho.
—Jesús bendito Franco, ¿A ti porque te gusta molestar tanto a Germán?
Franco bufó y se sentó jadeando en la silla de la madre superiora, me sentí con tanta vergüenza, se notaba que Franco tenía mucha confianza en sí mismo y en el lugar por el que se sentía como el rey del lugar, pero yo por el contrario me sentía muy incómoda.
—Porque es un hijo de puta— respondió con simpleza, la madre superiora negó con su cabeza y se persigno varias veces antes de tomar asiento a mi lado, quedando ambas frente a Franco.
—Algún día te volveré a lavar esa boca con jabón como sigas diciendo esas groserías, esas no son palabras que se deben decir en la casa de Dios.
—¿Entonces que hace un ladrón como él acá adentro? — preguntó cruzando los brazos.
—Todos merecen el perdón de Dios. — los ojos de Franco se pusieron blancos al rodarlos.
—Ay por favor — me sentía como si estuviera en un partido de tenis, Franco estaba furioso y la madre superiora, con esa calma que siempre manejaba se hallaba serena a mi lado.
—¿A qué debo el honor de su visita profesora Lía? — preguntó entonces la madre superiora.
—Venimos a recoger a Nicolás — ella miró con interés a Franco y este le huyó a la mirada.
—¿A Nicolás? — asentí lentamente mirando a Franco, él jugaba con un lápiz rayando el escritorio.
—Si, ¿Dónde está? Nos queremos ir ya, este sitio no me gusta para nada.
—Eso no fue lo que dijiste cuando lo dejaste a mi cargo — vi que una vena en la frente de él se tenso, marcándose más que las otras.