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2828 Words
Capítulo 5: Cobardía  De camino al lugar de los hechos, solo podía pensar que debía ser una equivocación pero en mi mente llegaban una y otra vez las palabras que había compartido Kelly conmigo ayer y aunque una parte de mi estaba seguro de que sería ella la mujer a la que vería sin vida, quería con todas mis fuerzas desear que no fuera ella, no podía perder a más personas en tan pocos meses.  Cuando el carro se detuvo, tomé una gran bocanada de aire y salí de este, caminé hasta ver el cuerpo en el suelo tapado con una bolsa blanco, junto al cuerpo se encontraba el personal de criminalística, uno de ellos se acercó a mi, estrechamos manos a modo de saludo.  —La imagen puede ser un poco dura, pero necesitamos que la reconozca.  Cuando el hombre dijo esa palabra, a mi mente llegaron las imágenes de mis pesadillas, ver a Dante atravesado de lado a lado sin vida, me sentía ahogado y no quería verla, pero si no lo hacia yo, nadie más podría hacerlo, así que asentí al hombre y le pedí que me enseñara el cuerpo.  Levantó la bolsa blanca dejando ver el cuerpo tendido en el suelo, una arcada llegó a mi y tuve que hacerme hacia atrás. el hombre de nuevo cubrió el cuerpo mientras yo daba círculos en el mismo lugar pasando una y otra vez mis manos por mi cabello. —Es ella — pronuncié con la garganta apretada a punto de soltar lo poco que había comido ese día.  —Lo siento mucho —pronunció el hombre antes de irse.  Me alejé del lugar y llegué a un pequeño jardín de flores que estaba si mucho a unos diez metros, me agache y comencé a devolver el estómago, ver a Kelly de esa forma había sido incluso peor que ver a Dante, su cabeza estaba aplastada en un lado, tenía su rostro con líneas de sangre que bajaban por los orificios de su nariz.  Me senté en el suelo y golpee este con mi puño, sentí el ardor en mis nudillos pero no me importó, no me dolía su muerte, me dolía su cobardía, la ira comenzó a surgir en mí porque ella había sido una maldita malagradecida y mantenida, Dante le había dado absolutamente todo lo que tenía.  Le dió casa, carro, incluso le pagó su carrera universitaria, le pago las cirugías estéticas que ella quería, le daba lo que ella quisiera, nunca la engañó, fue el hombre más fiel que yo conocí en mi vida, su esposa y su hijo eran lo único importante para él, hablaba hasta por los codos de ellos, se sentía tan orgulloso al decir que tenía una familia, lo único que Dante pedía a cambio era amor, él a diferencia de mi, siempre creyó en el amor y nuestras historias eran un poco parecidas, no tenía familia no porque ellos lo hubieran abandonado como fue mi caso, si no que él huyó de su padre maltratador, se juró a sí mismo que sería un buen padre y nunca seguiría los pasos del hombre que lo engendró y lo hizo.  Nuestro trabajo nos mantenía alejados por tiempos prolongados de nuestras familias, pero para Dante eso era imposible, siempre llevaba consigo una cadena con una foto de su mujer e hijo, decía que ellos se merecían el cielo, no veía la hora de acabar la misión para volver con ellos.  —Si me llego a morir algún día —, había dicho una noche después de una redada un poco difícil — sé que mi hijo estará bien, porque le ha tocado una excelente madre que siempre estará con él.  —Hija de puta —pronuncie en un susurro recordando a mi amigo.  Pues él se había equivocado, vaya que no conocía en nada a la mujer con la que se había casado, lo arruinó y nunca lo supo, nunca se dió cuenta de que Kelly solo fue una aprovechada buena para nada, y ahora, la única petición que había hecho él por si moría era que ella cuidara de su hijo y claro, al ver que él ya no estaba, no supo como mantener su vida de lujos y prefirió acabar con su vida.  Cobarde.  Era la única frase que encajaba en mi mundo para ella, la cobardía es una mierda , mucho más cuando no se sabe afrontar y definitivamente ella no lo hizo, había olvidado la voluntad de su esposo y había decidido suicidarse porque vida de lujos y malgasto  ya no tendría y a parte tenía que cuidar de un niño.  Nicolás, llevé una mano a mi pecho sintiendo una pequeña presión, él sería el único afectado de todo esto, crecería con traumas y  muy seguramente se perdería en el mundo, era una lástima porque es de los niños más listos que he conocido nunca, el que es menos irritante y maduro para su edad, era una mini versión de mi, ya lo imaginaba buscando su lugar de vida en cualquier parte, podía terminar siendo un ladrón, un drogadicto… El mundo estaba lleno de cosas que no se alcanzaban a imaginar y en Nicolás me podía ver reflejado yo, a los ocho años huyendo de la policía porque me había visto robar un pedazo de pan, a los doce siendo arrestado por primera vez por dormir en la calle…  Ahora, que no sabía donde estaba Nicolás, estaba seguro de que el niño no estaría bien, no tenía ni idea del lugar en el que lo hubiera dejado Kelly, me puse de pie y me acerqué a los policías que me habían llevado al lugar. —¿Ella dejó una nota o algo? — pregunté.  Sentí mi celular vibrar en el bolsillo, era un número desconocido, coloqué el modo silencioso y volví a guardarlo en mi bolsillo.  —Solo tenía un papel en  —su mano que decía, “Lo siento”  Bufé, no lo creía ni ella misma.  —Ella tiene un hijo de 4 años, se llama Nicolás, no sé dónde pueda estar, en la ciudad no tienen familia, yo soy lo más cercano al niño.  Hice memoria de lo que había hablado con Kelly, descubrir una pequeña pista, leer entre líneas lo que me había querido decir, me sentía inutil, mi trabajo consistia en saber leer a las personas y yo no había notado que ella se refería a que no podía vivir más, al igual que mantuvo a Dante engañado, también lo hizo conmigo, repasé mentalmente cada detalle de ayer y recordé a la madre superiora, muy lógico que lo hubiera dejado con ella.  —Ya sé dónde está — comenté  —Voy por él.  —Espere, debe llenar unas formas para el cuerpo. — saqué una tarjeta de mi abogado y se la dí.  —Él es mi abogado, se encargará de todos los trámites, yo voy a buscar al niño.  —Debería de entonces llamar al servicio social.  —Lo haré cuando tenga al niño.  Los dejé allí y me dirigí al hogar de la madre superiora, no tardé más de quince minutos en llegar, bajé del taxi y entré al lugar, pasé por delante de todas las figuras religiosas sin rendirles pleitesía, no me persigné ante ellas ni toqué el agua bendita, si fuera cierto el mito de que al entrar un pecador el cuerpo de aquella persona  se prende en llamas,  el mió ya estaría más que calcinado.  Conocía el camino a la oficina de la madre superiora, así que con rapidez entré al lugar sin pedir permiso primero, ella se encontraba arrodillada frente a un cristo crucificado, ¿De verdad veneraban a un hombre que probablemente no existió y nunca hizo milagros? —Hijo mío, que alegría verte de nuevo —saludó poniéndose de pie, solamente asentí con la cabeza, se acercó a mí y palmó lentamente mi mejilla —pero mira como tienes ese cabello despeinado.  Me miré a través de la ventana que había al lado, mi cabello que llegaba un poco más abajo de mis hombros y que siempre permanecía en un moño, se había salido de este y  ahora era maraña enredada, deshice mi coleta mientras le soltaba lo importante.  —Kelly se ha suicidado —ella llevó una de sus arrugadas manos a la boca.  —Dios la tenga en su santa gloria — pronunció y comenzó a hacer un ruego, rodé los ojos.  —Ninguna gloria, ella va directo al infierno para estar con el diablo.  —Por mi Dios bendito, no pronuncies ese nombre en la casa de Dios.  —¿Nicolás está acá? — pregunté directo ignorando su rostro fruncido debido a mis anteriores palabras.  —Oh, pero pobre niño que ha quedado sin padres, que le señor lo bendiga de ahora en adelante, Dios vió en él un gran guerrero y le ha puesto una batalla muy dura. —Tiene tan solo cuatro años —comenté recordando.  —No hay edad para la fé, todos nacemos con un propósito en nuestras vidas, nuestro señor tiene planeado cada paso que damos y siempre estará pendiente de nuestras vidas.  —¿Dónde está el niño? — volví a preguntar, no me importaba escuchar sermones de fé, cada quien creía en lo que quería dependiendo de su religión y a la vez cada quien se engañaba a su manera, no había otra razón. —Ella lo ha dejado en el jardín infantil, debe de estar ahí todavía.  —Bien, iré por él y lo traeré, ¿Está bien? — ella se encogió de hombros y asintió.  —En la casa de Dios siempre hay lugar para uno más.  —Bien.  Esperé a que ella me diera la dirección del lugar para ir a recogerlo, ella me convenció de ir primero por una maleta de ropa, así que yo iría por las cosas de Nicolás, ella iría a recogerlo y yo le entregaría las pertenencias.  Y así fue como hice, metí en una mochila algunas prendas de Nicolás, lo suficiente por un tiempo, él era pequeño aún por lo que lo podrían adoptar rápido, así que no metí demasiada ropa; tomé un taxi de nuevo ahora con rumbo al jardín para entregar la mochila.  Cuando llegué, el guarda parecía ya estarme esperando por lo que me dejó pasar, caminamos por unos pasillos y pude ver como el cuerpo de una chica se sacudía en sollozos contra una pared, la detallé  un poco, su cabello rubio claro estaba recogido en una coleta alta, su tez era pálida y su rostro se encontraba muy rojo debido al llanto.  —Profesora Lía — llamó el guarda a la mujer, ella abrió los ojos y pude ver lo rojo que estaban, se notaban que eran entre grises o azules, la verdad no los pude distinguir muy bien por lo irritados que estaban.  —Dígame Alfredo — respondió ella con la voz ronca.  —Ha venido el tío del niño por él —la mujer movió su cabeza y restregó sus ojos con sus manos hechas puños.  —Gracias, — dijo y abrió los ojos.  —Señor Franco, intenté comunicarme con usted varias veces pero no tuve éxito.  —Vi las llamadas pero estaba ocupado con otros asuntos — mentí, simplemente las había ignorado.  —Lamento la pérdida, — casi reí en su cara, yo no lo lamentaba, los cobardes simplemente no merecían vivir y ahora Kelly estaba en el lugar que le correspondía.— la madre superiora ya ha puesto al tanto de la situación al pequeño Nicolás y está esperando que usted llegara. Solamente asentí y entré al sitió que ella me señaló, era una cocina y Nicolás estaba llorando, cuando me vió, lo vi temblar un poco.  —Tío — pronunció, miré a la madre superiora.  —El taxi los está esperando con la mochila del niño.  —Hijo, deberías de hablar con él — me negué en rotundo.  —No tengo nada que decirle — miré a la silla pero la encontré vacía.  Salí para  ver en donde se había metido Nicolás y lo encontré abrazado a la profesora.  —Nicolás, — lo llamé  —Tengo muchas cosas que hacer, no puedo quedarme más tiempo esperando — la mujer me miró con enojo, creí conocerla, pero había estado con tantas mujeres que me era imposible recordar el rostro de todas.  —Bebé, tienes que ir con tu tío, ¿Si? — le dijo a Nicolás, él comenzó a sollozar un poco más mientras se aferraba a ella  —Tienes que ir, nos veremos en clase todos los días, ¿Si?  Lo cargué para llevarlo de una vez por todas a la casa hogar, allí era donde pertenecía de ahora en adelante, la madre superiora llegó unos minutos después, la puerta del taxi ya estaba abierta listo para llevarlos.  —Él debería quedarse contigo, recuerda a Dante — me negué aún más, no tenía que meter a Dante en nada de esto.  —No sé qué hacer con un niño, él estará mejor allá — comenté, ella negó con su cabeza pero no respondió nada y entró al taxi, cerré la puerta y vi como se alejaba el taxi con Nicolás allí adentro.  —¡Tío!  —lo escuché gritar llorando y decidí ignorar ese pinchazo que sentí en el pecho, era lo mejor para él, me lo repetí una y otra vez sin llegar a creerlo.  Fui directo al bar, vi las caras sorprendidas de todos al verme llegar tan temprano, pero simplemente me senté en la mesa más alejada de todas y pedí una gran botella de tequila, comencé a beber para ahogar el dolor que sentía.  Mi mente me decía que ahora el cobarde era yo, por abandonar a un niño que me necesitaba, no lo creía así, yo no estaba hecho para cuidar niños que no me pertenecían, me convencí de una y mil formas de que Nicolás iba a estar mejor con ellos y no conmigo; a la tercera botella mis acciones ya me parecían un poco incoherente, no tenía que pensar en Nicolás sufriendo por la vida si yo lo cuidaba, él no tenía porqué repetir mi historia si yo le daba el apoyo que nunca tuve. Las palabras de Dante antes de morir se repetían una y otra vez en mi cabeza.  —¿Y si lo hago mal?  — Ni siquiera sabía cada cuánto tiempo debían comer los niños, o cada cuantos días se tenían que bañar. Si lloraba de noche yo qué haría, si se golpeaba o le pasaba algo malo… No podía cuidar de él. No pude cuidar de cuarenta hombres, ahora mucho menos podría cuidar de un niño frágil que en cualquier momento podría tener un accidente, cobarde, decía una voz en mi cabeza, llamaste cobarde a quien hizo lo mismo que estás haciendo, intenté callar esas voces metiendo más y más alcohol a mi cuerpo.  En algún momento de la noche, cuando ya no reconocía ni mi propio nombre, comencé a quebrar las botellas, algún pedazo tuvo que golpear un hombre porque no sé cómo  porque razón quedé en medio de una pelea.  Desperté debido a los fuertes golpes que daban a mi puerta, llevé mis manos a mis oídos para callar el sonido, pero de nuevo se escuchaban aún más fuerte, era tanto mi dolor de cabeza que me sentía aún mareado, mi cara dolía en varias partes y mis nudillos estaban bastante rojos e inflamados, me levanté de la cama dándome cuenta que había sido tan grande la cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior que por primera vez en mucho tiempo había olvidado las pesadillas y no había despertado a las cinco de la mañana, el reloj marcaba las ocho y cuarenta de la mañana. } Los golpes en la puerta no se detenían y furioso salí de mi habitación dispuesto a insultar a quien sea el idiota que esta insistiendo tanto.  Al abrir la puerta me encontré a la persona que menos me imaginé, mi ceño fruncido se notaba bastante, era la profesora del día de ayer en el jardín, ella pareció asustada al ver mi cara y se hizo un poco hacia atrás.  —Ehh, hola, vine a traerle el desayuno a Nicolás — me mostró una bolsa de una panadería y de nuevo los recuerdos y mi cobardía llegaron a mi.  —Él no esta aqui — respondí sintiendo mi garganta rasposa.  —¿Qúe? ¿Cómo que no? — entró a mi casa sin invitación, Bela y Zeus se le lanzaron encima felices para saludarla.  Ella acarició el pelaje de los perros mientras seguía revisando toda la casa, yo tenía el puño apretado contra mi frente tratando de calmar el dolor.  —¿Dónde está el niño? — preguntó cuando ya había buscado por toda la casa.  —En el lugar donde estará bien, en la casa hogar.  —¡¿Qué?!
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