La noticia que acababa de recibir de su hermano le había caído como un balde de agua fría, dejándola aturdida y frustrada. —Bastián, no puedes casarte con ella, no puedes arruinar tu vida, lo sabes —exclamó, su voz cargada de emoción y preocupación por su hermano. La respuesta de su hermano llegó con una frialdad que la desconcertó: —Ya está decidido. Esas tres palabras resonaron en los oídos de Joanne como un eco ominoso. Podía imaginar la expresión estoica de Bastián al otro lado de la línea, esa máscara de indiferencia que solía ponerse cuando quería evitar confrontaciones. Pero esta vez, Joanne no estaba dispuesta a dejarlo escapar tan fácilmente. —Por Dios, Bastián, deja de seguirle la corriente a mamá —suplicó, dejando que un poco de su desesperación se filtrara en su voz—. Sab

