1.
Finales de enero.
Grace observó a su madre, estaba totalmente pálida, postrada en una cama de hospital. No había abierto los ojos en días, ni siquiera se había movido.
Ella sintió que sus lágrimas se desbordaban por sus mejillas, pero las limpió rápidamente. No quería que su hermano la viera así, él había estado bastante preocupado, no necesitaba verla derrumbarse.
Los doctores aún no encontraban la causa de los constantes dolores de su madre, le habían realizado estudios bastante costosos, pero no tenían una respuesta precisa. Y eso hacía que la cambiaran constantemente de hospital.
Tomó la mano de su madre entre las de ella, su corazón se aceleró cuando la vio abrir los ojos lentamente y mirar todo a su alrededor con el ceño fruncido. ¿Dónde estoy, Grace? —Preguntó con la voz débil.
—En el hospital, mamá— respondió sonriendo tristemente—. Te desmayaste hace unos días y has estado ingresada aquí.
— ¿Me desmayé? —Preguntó confundida.
Grace asintió. —Los doctores te han hecho estudios en el cerebro, pero dicen que todo se debe a la anemia.
Su madre negó como si no lo pudiera creer. — ¿Anemia? —Preguntó incrédula.
—Estarás bien —le aseguró Grace con una sonrisa—. Iremos a casa y te mejorarás.
Grace pagó el hospital con lo último que le quedaba de sus ahorros, pero no se lo dijo a su madre, tampoco le había dicho que había dejado la universidad. En el último año su madre se había enfermado tantas veces que se le había hecho imposible pagar las cuentas del hospital, pagar la facultad de administración y mantenerse, así que había tomado la decisión de abandonar su carrera por un tiempo.
Grace la ayudó a entrar a la casa, su madre estaba algo débil, y aunque los médicos le aseguraban que mejoraría si tomaba los medicamentos, sabía que no era cierto. Observó a Alex, él se quitó la gorra que llevaba, y la ayudó a acomodar a su madre en el sillón. —Vamos, estoy bien. Y estoy hambrienta.
—Te ves animada, hoy —dijo él, sentándose a su lado.
Grace se metió en la cocina e hizo carne a la plancha con ensalada, revisó lentamente la despensa mientras tomaba nota mental de lo que tenía que comprar en el supermercado.
Los tres comieron en silencio. Ni siquiera su hermano, el cual hablaba demasiado, estaba de humor, él trabajaba en una compañía de envío de paquetes, pero no ganaba lo suficiente. Y aunque era mayor que ella, con treinta años. Todo en cierto punto dependía de ella.
—Las cosas mejorarán —dijo su madre de repente—. No quiero que estén tristes. Pronto Grace se graduará y encontrará un buen trabajo y estaremos mejor.
Ninguno habló. Axel la miró fijamente, pero ella se concentró en comer, él siempre le decía que tenía que decirle la verdad a su madre, pero no podía hacerlo. — Mamá… —empezó a Decir Axel.
—No —lo interrumpió Grace rápidamente—. No es el momento.
— ¿Qué está pasando? —Preguntó su madre, preocupada.
—Grace dejó la universidad y también el trabajo.
— ¡Maldita sea! —Exclamó Grace, parándose bruscamente del asiento y saliendo al patio trasero, se sentó en las sillas de hierro en el jardín. Su casa era pequeña pero hermosa, habían crecido ahí. En la parte trasera había un pequeño jardín en donde realizaban parrilladas y fiestas de vez en cuando.
No quería preocupar a su madre, no quería angustiarla. Toda su vida había cambiado en el último año, anteriormente trabajaba como asistente en una oficina de abogados, pero debido a las constantes visitas al doctor tuvo que renunciar.
Pensó que podría seguir en la universidad, pero cada vez todo en el hospital era más costoso y tuvo que elegir entre pagar la universidad o pagar el tratamiento de su madre, y obviamente se decidió por la salud de Alicia.
—Grace… —Escuchó que su madre llamaba suavemente su nombre, su hermano la estaba sosteniendo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó—. Tienes que descansar.
Alicia negó tristemente. — ¿Cuándo pensabas contármelo?
—No te lo iba a decir, solo quería solucionar las cosas antes de que te enteraras.
Alicia asintió. —Axel me enseñó las cuentas del hospital.
Grace lo observó con odio. —Acordamos que no lo harías— le dijo bruscamente.
—No podía ocultárselo, Grace. Se trata de mamá
— ¡Y está enferma! —Gritó ella, acercándose a Axel—. Iba a solucionarlo.
— ¿Cómo lo harías?
—Conseguí trabajo —respondió ella rápidamente—. En el edificio corporativo Bonet.
Su madre frunció el ceño. —Pero eso queda lejos de aquí, amor.
Grace asintió. —Tendré que mudarme al centro de la ciudad. Vio la tristeza en los ojos de su madre y no puso evitar sentirse mal—. Inicio la próxima semana —continuó diciendo—. Me pagarán bien, así que podré venir cada fin de semana. Estaré bien —aseguró mirando a su madre.
—Estaremos bien, no te preocupes —le aseguró su madre con los ojos aguados.
**
Grace observó el edificio corporativo Bonet. Era muy imponente. De color gris con el gran título Bonet en color verde, adornando la entrada. Bonet era el nombre de la línea más grande de bancos en todo el país.
Su amiga Liliana la había ayudado a conseguir el trabajo, ella trabajaba en el departamento de recursos humanos y dio buenas recomendaciones de ella a la jefa del departamento.
Entró en las instalaciones, lista para empezar nuevamente de cero con este nuevo trabajo. Llevaba una falda de tubo color negra, y una camisa color roja, con tacones negros. Su pelo era corto, no llegaba a sus hombros. Se presentó ante recursos humanos y realizó todo el papeleo del primer día, sacar carné, conocer a algunos de sus compañeros de trabajo y ver para quien trabajaba.
Aunque no sabía mucho sobre finanzas, era buena siendo asistente, así que estaba familiarizada con el puesto, y aún más sabiendo que sería una de las asistentes en el departamento jurídico de la empresa, aunque no tenía interés en ser abogada, no podía negar que sabía mucho sobre leyes y procedimientos legales, gracias a que había trabajado anteriormente con abogados.
Conoció a Fernando, el jefe del departamento jurídico, para el cual sería asistente. Su primer día no fue tan malo, había rápidamente entendido como funcionaban las cosas. A mitad del día Liliana fue por ella para invitarla a comer. Aceptó la invitación rápidamente, Liliana era su antigua compañera de la universidad, desde que la había conocido ambas habían tenido química, y se podía decir que eran casi como mejores amigas.
Ella se quitó las gafas de sol cuando entró nuevamente a su puesto de trabajo, volvió a redactar los documentos que había dejado pendientes. Luego de unas horas respiró hondo, tenía tan solo veintinueve, sin embargo, sentía que todo descansaba en sus hombros. Aunque el trabajo la mantenía ocupada, no dejaba de pensar en la salud de su madre.
Cuando el reloj marcó las seis, tomó su bolso y entró al ascensor. Llegó al pequeño apartamento que había alquilado cerca del trabajo. Era en un cuarto piso. Miró su reflejo en el espejo del ascensor, sus ojeras delataban el cansancio que tenía, todo eso ligado con nostalgia, nunca en sus veintinueve años había vivido lejos de su madre y su hermano. Dejó su bolso en la mesa y se tiró en la cama. —Mañana será un nuevo día —susurró lentamente. Cuando se acostó en la cama y cerró los ojos, su móvil empezó a sonar, miró la imagen de Gregory y maldijo, tomando la llamada. —Es media noche —dijo directamente.
—Te extraño, Grace —dijo él lentamente—. ¿Puedo ir a verte? Prometo que no te tocaré solo… Solo quiero estar contigo. —Ella se sentó en la cama lentamente—. Estoy fuera de tu apartamento, Alex me dio la dirección.
Ella respiró hondo. —Está bien —aceptó parándose de la cama.