Grace mantuvo su mirada fija en él, por lo que pudo apreciar, era claro que él no quería estar ahí, lo podía notar en su postura y en la manera en que fingía sonreír cuando era necesario.
—…Y hoy diez de febrero, me complace saber que hemos mantenido a Banco Bonet por más de veinte años de pie, Gracias a todos por aportar un pequeño grano de arena para que esto sea posible.
Grace parpadeó cuando se dio cuenta de que no había prestado atención al discurso. Miró su copa y terminó de beber de golpe lo que quedaba de champagne. Su amiga Liliana estaba a su lado, mirando fijamente a todos los demás.
—No te dejes confundir con sus sonrisas —susurró su amiga—. La mayoría de ellos no son buenas personas.
Ella asintió, incapaz de hacer otra cosa. ¿Qué podría decir? No conocía a nadie, debía de llevarse del consejo de su amiga, Liliana llevaba años trabajando en el edificio corporativo.
Se acercó a la barra y pidió una bebida. Quería que la noche acabara, ya que sus zapatos la estaban matando, además quería llamar a su madre y saber cómo estaba. Le había prometido ir el fin de semana, pero el trabajo no se lo había permitido, así que se sentía algo mal por dejarla abandonarla. Se giró, pero chocó con Liliana, derramando parte de la piña colada en su vestido. —Lo siento, Grace —dijo su amiga apenada.
—Está bien —dijo con una sonrisa. Terminó de beber la piña colada, necesitaba ir al baño. Alzó la vista, y buscó entre la multitud una manera de escabullirse y no pasar en medio de todos, pero su mirada se cruzó directamente con la de Ángel, él estaba en un medio de un grupo de hombres, todos reían, pero él la estaba mirando fijamente, no sonreía, solo la miraba.
Eso la hizo apartar la vista, que la miraran fijamente la hacía sentir incomoda. Fue hasta el baño, necesitaba limpiar la piña colada derramada en su vestido, se miró en el espejo. Ciertamente se veía bonita esa noche, debía de reconocerlo, sonrió mientras se limpiaba con algo de agua su vestido.
Regresó con su amiga, y se sintió algo aliviada cuando le informaron que los Bonet se habían marchado, aun así, la orquesta seguía tocando música instrumental, y los mozos seguían sirviendo bebidas, mientras había una mesa con aperitivos bastante deliciosos.
—Vámonos de aquí, es hora de cenar —dijo Liliana tomándola de la mano y saliendo con ella del gran salón.
Cuando salieron del edificio, Grace observó como un coche n***o estaba aparcado justo frente a la entrada, y había un chofer esperando de pie junto a la puerta del auto. Ella miró hacia atrás y entonces vio como Ángel Bonet avanzaba a paso rápido, con su teléfono pegado en la oreja.
No pudo quitar la vista de él, hasta que se subió al auto y se marchó. — ¿Grace? —Escuchó que preguntaba su amiga—. ¿Estás bien?
—Por supuesto — respondió de forma automática, subiendo al coche de su amiga.
Llegó después de media noche a casa, se quitó los zapatos y los dejó tirados en la sala. Entró a la cocina y tomó un vaso de agua, revisó su teléfono, tenía llamadas perdidas de Gregory. Respiró hondo, no quería crear una costumbre con él, no quería tenerlo en su apartamento cada noche, solo porque la extrañara. No estaba bien. Pensó en llamar a su madre, pero debía de estar dormida, así que llamó a su hermano. Lo conocía, él solía quedarse despierto hasta las dos o tres de la mañana viendo cualquier serie tonta en Netflix.
—¿Todo está bien? —preguntó con los ojos cerrados. Cada vez que llamaba a su madre, tenía el temor de que le dijeran que había empeorado.
—Ella está dormida, pero estable… Incluso hemos ido al supermercado hoy, está algo animada.
Eso la hizo respirar hondo. Se apoyó del desayunador y sonrió. — ¿Estás seguro de eso?
—Sí, así que puedes abrir los ojos. todo está bien.
Eso la hizo sonreír, él la conocía bien, y sabía que antes de hacer alguna pregunta que pudiera acarrear una mala respuesta, cerraba los ojos preparándose para lo peor. —Ya los he abierto— respondió lentamente.
—No viniste en el fin de semana. Mamá estuvo algo triste.
—Lo sé —dijo rápidamente—. Hoy era el aniversario de la empresa y no podía faltar. Prometo que estaré en casa en cuanto pueda.
Él se quedó en silencio unos segundos. —Cuídate, Grace. Si sientes que es mucho trabajo puedes regresar a casa, encontraremos una salida juntos, lo sabes.
—Lo sé —dijo sintiendo que su garganta se apretaba—. cuida de mamá, y cuídate tú también —dijo antes de colgar.
No pudo evitar llorar, no quería que le pasara nada a su madre, ella y su hermano era lo único que tenía, ya era muy difícil vivir sin ellos, no podría soportar que alguno de ellos muriera. Necesitaba ahorrar todo el dinero que pudiera, así que, aunque las demás chicas la invitaran a salir, la mayor parte del tiempo se negaba. Había conseguido el trabajo con un propósito, no podía darse la gran vida, sabiendo que la salud de su madre dependía del dinero que ella ganaba.
Cuando llegó al trabajo, vio que todas sus cosas estaban recogidas encima de su escritorio, frunció el ceño, pero antes de poder hablar, una compañera le indicó que la jefa de recursos humanos quería hablar con ella.
Sintió que su corazón caía hasta sus pies, no podía ser despedida tan rápido, ni siquiera llevaba un mes. —Hubo un pequeño cambio, Grace. Te moveremos de posición.
Ella asintió, y volvió a respirar, la preocupación se alejó de su cuerpo, aunque no por mucho tiempo.
—Serás la asistente de Ángel Bonet.