2- Titania

2405 Words
Pov: Milo Bruno Duarte Maldito tránsito, odio llegar sobre el horario, porque no me da tiempo a hacer nada. Miro mi reloj de mano y aún me quedan 5 minutos hasta la hora de la reunión, voy de camino al ascensor y soy atropellado, con fuerza por una joven. No solo casi caigo por la rapidez con la que impactó contra mí, sino que los folders que traía en mis manos caen al suelo. — ¿Acaso no ve el camino? No puede ir con tanta prisa sin mirar —escupo molesto. Qué desastre y qué descuidada, odio a las personas tan brutas. — Yo... lo siento... —su voz se escucha tan baja que apenas entiendo lo que dice. Levanto la vista mientras junto los papeles para ver a la empleada que hoy perderá su trabajo. — Con un lo siento no volverán a estar acomodados mis folder, usted no trabaja aquí —no me mira a la cara y junta mis papeles—. ¿No sabe que debe mirar a la cara a las personas? Es de mala educación no responder cuando alguien le habla —me mira un momento. Joven, cabello castaño y una gafas con filtro azul que no me permiten ver sus ojos. — Lo lamento, señor, mi intención no fue golpearlo, yo solo tengo algo de prisa. — Pues hubiera salido antes, eso no es mi problema. ¿Acaso cree que es divertido chocar con alguien? —las puertas del ascensor se abren y eso me distrae. — Yo solo quería... — No me importa, tenga cuidado y mire al caminar, es muy simple —entro al ascensor sin perder un minuto más con una desconocida y bruta. Subo hasta mi piso, ya con la hora justa, predico la puntualidad y no la cumplo, eso me molesta, porque todo fue culpa de factores externos. Apenas bajo del ascensor, Norman; mi asistente, se acerca apresurada, como si algo hubiera pasado. — ¿Qué sucedió? —llega a mí. — La señora Lousteau llegó 10 minutos antes como usted siempre exige, lleva esperando mucho y supongo que eso no es bueno, señor —suspiro porque no lo es, tiene razón. Esta reunión está estipulada hace semanas, Lousteau es conocida por tener muchos amigos y es un gran impulso para renovar cartilla de clientes. — Llegué a horario de todos modos, no podrá decir nada —viendo el reloj, noto que estoy a tiempo, por poco. — De acuerdo, está en su oficina esperando... —dice algo más pero ya me alejé para entrar a mi oficina así que no la escucho, si es importante me seguirá. Abro la puerta y solo entro a la oficina sin decir una palabra, dejo mis folders sobre el escritorio y levanto la vista para ver a Mercedes Lousteau, es la primera vez que la veo en persona. — Lamento la tardanza, señora Lousteau, terrible tráfico y una ineficiente en la puerta me atropelló, me disculpo si la hice esperar demasiado —la mujer; elegante, cabello rubio blanquecino, una mirada que denota posición. — Supongo que son asuntos que pueden suceder, mientras que eso me garantice que aceptará tomar mis obras —me acomodo en mi asiento. — Depende de cómo sean, pero no creo que pida nada extraño ni ilegal, así que, seguro no habrá problemas para tomar sus obras —apoya una carpeta sobre el escritorio y la desliza hacia mí. — Verá, señor Bruno Duarte, Gales tiene el mejor prestigio y usted habrá oído de mí. — Un poco, no demasiado, sé que es una mujer sociable, pero... —hojeo la carpeta. — No diría sociable o quizás sí, porque para mi negocio debo serlo, los clubs más prestigiosos y concurridos de toda la cuidad, son míos, tengo algunos en Europa, pero mi mayor concurrencia la tengo aquí —la observo con cuidado. — Sí, aquí estoy viendo que quiere hacer remodelaciones en todos, agrandar varios e incluso construir uno nuevo, es mucho trabajo y lo quiere en 6 meses —sonríe y asiente. — Pagaré bien, no se preocupe por eso —se apoya hacia atrás en su asiento—, incluso le daré un pase vip para mis clubes, para que conozca lo magnífico de ellos y vea que sí vale la pena arriesgarse a esto. — No lograrlo sería malo para nosotros, nos bajaría prestigio —advierto—, hay asuntos legales que tardan mucho y conseguir los permisos tan rápido, podría ser arriesgado — abre su cartera y saca una tarjeta de color dorada. — No debe responder ahora, puede hacerlo luego —me extiende la tarjeta—, con ella podrá ir a cualquiera de mis clubs gratis, usted y quien quiera lo acompañe —mira su reloj de mano. — Gracias, no suelo ir a ese tipo de lugares, pero pensaré si ir o no —frunce el ceño y mira la puerta. — Esta niña se está tardando —la miro confuso. — ¿Vino acompañada? —asiente. — Con mi hija, ella es mi asistente, es quien dejaré aquí para ayudarlo con el trabajo. No se preocupe, ella es encantadora, hacendosa y muy callada, no le dará problemas —arqueo una ceja. Ya veo por donde viene el asunto, la típica señora que ofrece a su hija. No me extraña en absoluto, otra mujer más que intenta manipularme. — Entonces pensaré en su oferta, revisaré con mi equipo su carpeta —me levanto y ella lo hace también. Estrecho mi mano con la suya. — Espero su respuesta, señor Duarte —me acerco a la puerta para abrirla—. Esta muchacha se tarda demasiado, ¿dónde se metió? —abro la puerta y soy atropellado de nuevo, pero ahora un líquido caliente cae en mi ropa, que si no me aparto me quema vivo. — ¿Usted otra vez? — ¡Tania! ¿Cómo eres tan descuidada? —miro a la joven que agacha la cabeza sosteniendo aún la taza de café—. Lo siento, señor Duarte, hoy mi hija está un poco alborotada. ¡Qué desastre! —saca de su bolsillo un pañuelo para intentar limpiarme pero me niego, tomo el pañuelo y me limpio yo. — Debería aprender la prudencia, porque un día matará a alguien con tanto descuido, dos veces en menos de una hora, jovencita —la señora Lousteau se acerca a ella. — Discúlpate, hija, es una pena con el señor Duarte. ¿Qué pensará de ti? —ese comentario molesto me sonó a la típica madre que le quiere buscar novio a su hija. Y esta joven tiene el perfecto perfil de la inocente joven que quiere conquistar a importante empresario… ¿Casualidades? No lo creo, esto seguro es solo una maldita treta para encajarme a este desastre de jovencita. — Lo lamento, señor Duarte, he sido una descuidada y… — Descuiden, tengo otras reuniones. Le estaré hablando, señora Lousteau, procure enseñarle a su hija acerca de la prudencia porque si termina trabajando aquí, la necesitará —solo me volteo y ellas salen. Lo malo de trabajar con personas de prestigio, siempre quieren que sus hijas me agraden, más siendo una mujer inteligente para hacer tantos negocios, es tan predecible que Mercedes Lousteau querrá emparejarme con su hija. Qué molesto. Como si yo me fijaría en una bruta de su calibre y además de que ese papel seguramente es toda una actuación y es una interesada. Continúo mi trabajo, tengo otras reuniones más, pero ninguna tan importante como la de Losuteau, le envío el proyecto a mis asesores, ellos me dirán si es redituable o no. — Tranquila, él no se negará a atenderme, señorita Norman —escucho voces afuera, identifico a mi hermana. Resoplo porque hoy no estoy de humor para socializar. Sigo mirando mis papeles y mi hermana Violeta entra por la puerta. — Hola, Milo —levanto de reojo la vista. — Violeta —vuelvo la vista a mis papeles. — No seas descortés —dejo los papeles y la miro. — Hola, Violeta. ¿Qué te trae por aquí? —sonrío solo un momento, es una sonrisa fingida. — Qué amargado eres —se sienta súper relajada—. Vine a pedirte unos consejos, estoy con algunos casos y me tocó uno empresarial, de un empleado que fue despedido injustificadamente —la miro frunciendo el ceño—. No me veas así. — ¿Me darás comisión? —resopla. — Sabes que mis clientes son... — Pro bono, gratis, nunca te pagan, Violeta, pero usas muchos recursos que sí pagas —rueda los ojos. — Tú no me entenderías, anda ayúdame, hermanito. ¡Por fis! Sabes que si me necesitas yo te ayudo —ruedo los ojos. — Como a todo mundo, eso no me hace sentir especial —sonríe. Mi hermana Violeta es menor que yo por 6 años, es la única que tengo y lo digo sin tapujos, ella es la mujer más honesta, más bondadosa y abnegada que conozco, es una abogada increíble que trabaja gratis para ayudar a las personas que no tienen la posibilidad de pagar un abogado, cobra el mínimo cuando lo hace y lleva una vida demasiado sencilla a lo bien que viviría si explotara esa vocación innata para el derecho, que ella tiene. A ella es a la única que ayudo sin cobrar, porque eso me haría sentir un maldito. Yo creo que Viole, salió a mamá y a papá, ellos son dos almas nobles también. — Sabes que eres especial, Milo, solo si puedes, me ayudaría que me dieras tu opinión y consejo, lo tengo casi resuelto, pero tú tienes experiencia en negocios, empresas y empleados —sonríe y suspiro. Señalo mi lado y ella arrastra su silla cerca de mí, saca de su bolso un folder y comienza a mostrarme material que tiene para la audiencia. La ayudo sin pedir nada a cambio, no necesitaba mucha ayuda, ella es buena para resolver cualquier problema, además de que se involucra tanto que lo hace personal, es una buena abogada, porque le gusta ayudar a esa gente. — Eres un genio ¿lo sabes? —se levanta y me abraza. — Lo sé, lo sé, no tienes que quitarme el aire —se carcajea y me suelta. — Qué presumido eres, te dejo trabajar, de verdad me has ayudado. — Págame tomando clientes pagos y múdate de ese lugar horrendo donde vives, no puedo creer que compartes hasta piso con un extraño —se carcajea. — Déjame en paz, tengo mucha vida para ganar dinero, ayudar me hace bien y eso luego volverá en algo bueno también —niego en desacuerdo. — Ya vete antes que me arrepienta de haberte ayudado —camina hasta la puerta. — Gracias, Milo. Te quiero, hermano —sacudo mi mano y se marcha. También la quiero. Aunque no comparta su forma de vivir. Sigo en mis cosas y ya muy tarde con la empresa vacía salgo de ella, toco mi bolsillo y siento la tarjeta que me dio Lousteau. Así que clubes nocturnos. «Podría ser divertido y quitarte el estrés que la frustración de ayer te dejó» No existe frustración alguna. «Yo creo que sí, porque estás mal humorado y sin ganas de salir» Eso no es cierto. «¿No?» No, porque iré a uno de los clubes de Lousteau. Miro la tarjeta y busco los nombres de sus clubes, uno en especial llama mi atención. "Titania" Así que vuelvo a mi oficina en busca ropa que tengo por si acaso, me tomo una ducha y salgo hacia el club. Vamos a ver a lo que se refiere cuando dice que vale la pena el riesgo por sus clubes. Llego a la dirección y el lugar se ve muy discreto, al pasar por la entrada me detiene un hombre de traje n***o. — Señor, ¿tiene pase? El ingreso es exclusivo —le muestro la tarjeta que Lousteau me dio y mi identificación—. Lo siento, señor Duarte, pase, lo llevaremos al área Vip. Bueno, al menos ella sí cumplió, un trato exclusivo, eso me gusta. Al entrar el club no se ve muy distinto a cualquier otro, pero detrás hay una puerta negra que al abrirla, el lugar se ve distinto, elegante, muy privado. Hay algunas mesas muy reservadas, también se ven cortinas donde no parece suceder nada decente e incluso puertas numeradas que parecen aún más exclusivas, hay una barra larga que está dividida en dos partes una donde el límite es marcado por algunos guardias. Me dejan de este lado. — Puede beber lo que desee gratis, hay servicios a los que puede acceder, solo disfrute la estadía en Titania —sonrío y se marcha. Me pido un Gin tonic, es lo único que bebo y me dedico a observar el lugar, hay mujeres pero todas están acompañadas, no se ven como mujeres nada más, se ven más bien como trabajadoras. Eso me agrada, les tengo mucho respeto a las mujeres que trabajan ofreciendo sexo, admiro su honestidad, porque en vez de estafarte coqueteándote y quitándote tu dinero, van de frente y uno sabe a lo que atiene, todo es transparente y sincero, soy fiel consumidor de servicios sexuales, son mejor que ligar con cualquier mujer que va a mentirme. Observo todo pensando ¿qué hago aquí? Si hoy no tengo humor para esto, además, ninguna de las mujeres cerca me ha parecido atractiva como para pagar. Resoplo y dejo mi trago sobre la barra, me levanto de mi asiento quedándome sorprendido. ¡No es posible! Su cuello y esa marca tan llamativa aparecen frente a mí, está apoyada en la barra justo del otro lado del límite, me acerco para verla más de cerca y que esto no sea una jugada de mi imaginación. Sí es ella, no pueden haber dos personas con la misma mancha en el cuello, detrás de su oreja. Ella tiene una peluca y su ropa es muy llamativa. Mi curiosidad me posee, porque admito que me quedé pensando en ella ayer. Me acerco pero antes de cruzar el límite me detienen unos hombres. — No se puede pasar, señor, a menos que contrate servicio y... — Ella... —la señalo. — ¿Quiere contratar a Anne? —dudo pero la veo alejarse. — Sí, quiero pagar por ella, en una habitación. «Ahora sí te has vuelto loco»
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