Jazmín
Repaso mi maquillaje una última vez, antes de salir a la cocina. Pude conciliar el sueño muy tarde debido a mi grandísima metedura de pata, ¿cómo podría mirarle a los ojos a Antoine?, después de los mensajes y la foto, no me atrevería.
Vuelvo a mirar la imagen que me devuelve el espejo y mis enormes ojeras son imposibles de camuflajear, ni aplicando dos kilos más de corrector las lograría disimular, así que desisto y opto por lucir a la moda: lindo maquillaje de oso panda.
—Buenos días princesa —saludo primero a mi chica preferida dándole dos besos —. Buenos días —saludo ahora a Nicole con tono seductor. Muero por saber cómo le fue.
—Buenos días tía. Mami hizo ricos hot cakes para el desayuno —dice con la boca llena de alimentos y los labios cubiertos de jalea de fresa.
Tomo uno de los hot cakes y le doy un solo mordisco, sé que debo alimentarme, pero ya comeré algo en la oficina, no puedo llegar tarde a mi primer día de trabajo.
—Están deliciosos Sue, pero tía ya se tiene que marchar.
—¿No tomarás nada para el camino? —cuestiona Nicole.
—¡No! —grito ya en la puerta—. Voy tarde.
Por suerte la compañía no se encuentra demasiado lejos de mi piso. Vivo a unos 25 minutos, si el tráfico me acompaña y al parecer, hoy lo ha hecho.
“Empezamos el día con buen pie, solo necesitamos ver al Adonis y todo será perfecto”
A veces quisiera apalearme mentalmente, pero luego pienso que eso sería extremadamente raro y se me pasa.
Parqueo el coche, un Mercedes Benz Clase G 63 color n***o, mi gran capricho, me costó gran parte de la fortuna que gané durante mis primeros desfiles, pero valió la pena cada euro, Spirit, “sí, estoy obsesionada”; es quien me lleva a todos lados.
Llego a la puerta principal. Todo aquí, grita lujos y buen gusto; ayer no pude, con el nerviosismo, detallar la magnífica arquitectura. Frente a mí, hay un enorme edificio, la torre Leuchtenberg le llaman, está ubicado en el centro de Madrid, catalogado el cuarto más grande de todo el país.
La fachada es toda de cristal, con el nombre de la compañía en dorado, la mayoría de los espacios están cubiertos de Breccia Pernice, es un mármol rosa con nervios blancos.
Entro y en la recepción, todo es demasiado monocromático, decorado con muebles negros, alfombras blancas, espejos y un enorme recibidor de cristal a juego con todo el exterior.
Una linda chica de cabellos rojos, joven y muy atractiva me recibe. Su nombre es Sabrina, leo en su identificador. La chica no para de hacerme cientos de preguntas sobre mi antigua carrera y los malditos cotilleos que salen en esas revistas, sin dudas, es bastante entrometida.
— Bueno Sabrina, ha sido un placer, pero debo comenzar mis tareas de hoy —me despido y me dirijo hacia el ascensor. Piso número 12.
Las puertas del ascensor se abren y lo primero que veo es a Marie, sentada en su escritorio sumergida entre los apuntes de su agenda.
—Buenos días Marie —saludo con una enorme sonrisa, porque es de esas personas que te agradan sin apenas conocerla.
—Buen día señorita Gómez. Es usted muy puntual.
—Gracias, pero por favor, llámeme solo Jazmín —le aclaro, no hay necesidad de ser tan formales.
—Así será seño…—la miro entrecerrando los ojos y rectifica—. Así será Jazmín.
Marie me indica en donde trabajaré, es una antigua y polvorienta oficina que pide una remodelación urgente. Es pequeña, pero cómoda, con un cuadro, una alfombra y algunas flores se verá genial.
—Jazmín, espero haya revisado el informe que le envié, en la tarde visitareis los talleres y comenzareis el casting para elegir a las modelos de esta colección —expresa parada en la puerta.
“Tiempo con nuestro adonis”
— Repasé cada línea que me enviaste y el itinerario.
—Genial, puntual y responsable. El señor Joseph, no se equivocaba al contratarla.
—¿El señor Joseph? —cuestiono.
—El señor es el dueño de Leuchtenberg Designs, el actual duque. Personalmente se encargó de elaborar su contrato. Estaba dispuesto a ofrecer cualquier suma, con tal de que aceptaras trabajar con nosotros.
Sus palabras me dejan sorprendidas, un hombre tan importante como él, había tenido el detalle de pensar en mí de primera opción para el cargo, además, no estaba dispuesto a recibir un no.
“Vamos Jazmín, no nos vengamos arriba”
El timbre sobre el escritorio de Marie comienza a sonar y ella sale de prisa al ascensor, al parecer, tiene algo muy importante para hacer.
Me encierro en mi pequeña oficina y analizo todos los bocetos que tienen planificados, parecen cómodos; pero la elección de tejidos no es la más correcta, la tela no cede y hay que tener en cuenta que, en la zona abdominal, la tela debe poseer elasticidad, sin volverse transparente.
Más adelante debo de hacerle el comentario a Antoine.
“Tal vez podríamos modelarle algún conjuntito en privado”
O tal vez, podrías hacer silencio. Callo la voz en mi cabeza.
Y como si de una invocación se tratase, mi celular vibra, mostrándome un mensaje de Antoine.
Antoine: Rubia, buenos días ¿Cómo amaneciste?
Sonrío, porque, aunque sé que lo hace para fastidiarme, hace muchísimo tiempo que no recibo esas atenciones. Hay otro:
Antoine: Sé que te lo estás preguntando, yo, estoy genial. Soñé toda la noche con que te azotaba ese delicioso trasero.
“Oh sí, Adonis, azótanos”
Ruedo los ojos y evito responderle.
Continúo revisando los pendientes de hoy, cuando recibo:
Antoine: ¿Me ignoras? Ya iré yo a por ti.
Bloqueo el celular al ver la última actualización. El horario de la mañana se acaba de desocupar porque la jefa de taller tuvo un pequeño percance y hubo desplazar el itinerario.
Mi estómago cruje y es que hasta ahora recuerdo, que no he ingerido ningún alimento más allá del mordisco al hot cake de la mañana.
—Discúlpame bebe —susurro acariciando mi vientre.
Voy camino al comedor, piso número tres. Llego y se encuentra lleno de trabajadores que conversan bulliciosamente, lo que me indica que es un ambiente laboral agradable muy diferente a mis otros trabajos donde todos competían por ser los mejores, sin importar si en el camino, te pisoteaban.
Tomo una bandeja con verduras, frutas y pescado que lucen y huelen bastante apetecibles. El problema es que no sé dónde sentarme, todas las mesas están tomadas y no es como que fuera a llegar y sentarme sin más, eso sería bastante incómodo.
“Si, y no queremos pasar vergüenzas el primer día, así que contrólate”
—Jazmín —me gritan y busco el lugar de donde proviene.
Es Sabrina desde una de las últimas mesas pegadas al enorme ventanal que da a una terraza.
—Hola —expreso con mi mejor sonrisa.
Todos me saludan de vuelta con sonrisas igual de entusiastas dibujadas en sus rostros.
—Siéntate con nosotros —me invita la pelirroja y acepto de inmediato.
—¿Eres la nueva asesora del desfile de esta temporada? —curiosea un chico moreno muy guapo, sentado al frente de Sabrina.
— La misma —respondo con una enorme sonrisa, tratando de ser muy agradable.
—Yo soy Bran —me sonríe de regreso y cabe destacar la hermosa y perfecta sonrisa, con dientes muy blancos y alineados—. Seré el fotógrafo principal de esta colección.
—Genial —chillo, tomando asiento.
Los chicos y chicas son increíbles y sobre todo, son muy conversadores. Sasha, la bella trigueña es la estilista, muy coqueta y extrovertida, el polo opuesto de su hermana Marie, quien es muy tímida. El de los ojos marrones y el cabello largo rizado, es Enzo, uno de los modelos más respetados de la industria, lo reconocí al instante; y la otra chica que nos acompaña, muy simpática y alegre, es Brenda, una de las modistas y actual pareja de Enzo. Lleva el cabello con un estilo moderno, corto y de color rosa.
Hablamos de todo un poco y por supuesto, la tan habitual pregunta no se hizo esperar.
—Entonces… ¿es cierto de que decidisteis, ser madre soltera? —cuestiona Sasha con voz melódica.
—Sí, decidí ir por mi cuenta, mi pareja no estaba preparado para ello y pues…
—Lo mandaste a la mierda —me interrumpe Brenda enérgicamente y asiento con una amplia sonrisa, esta chica no tiene medida—. Hiciste lo correcto, es que los hombres son unos gilipollas, mal nacidos—suelta una risilla y le da un sorbo a su bebida.
—¡Estoy aquí! ¡Escuchándote! —replica Enzo dramáticamente.
—Todos menos vos mi amor, todos menos vos —le dice besándole los labios y el modelo con fama de frío y arrogante, se derrite ante sus mimos.
— Y todos excepto mi dios del Olimpo —anuncia Sabrina provocando que el resto rueden los ojos, aburridos.
—Ya va a empezar —murmura Bran.
—¿Empezar qué? —susurro solo para él.
Y con un gesto me indica que guarde silencio y preste atención.
—Mi dios del Olimpo, inalcanzable para las simples mortales como yo, el bello duque Antoine Leuchtenberg —expresa Sasha dramáticamente suspirando.
— Pon los pies en la tierra, el jefe no se pilla por nadie —expresa Sabrina intentándola hacer entrar en razón—. Pero hay que reconocer que es muy caliente.
—Tías, córtense un poco joder—dice Bran algo molesto.
— Es cierto —digo y antes de poder terminar, Bran se voltea hacia mi sorprendido y me interrumpe.
—¿Tú también Jazmín?
—Déjame terminar por favor. Si, tienen razón, es muy atractivo, sexy, caliente y todo lo que puedan añadir, pero es extremadamente grosero, arrogante, creído e imbécil, no vale la pena suspirar por él.
“Mira quien lo dice. Mentirosa”
Espero sus comentarios, pero nunca llegan, en cambio, sus rostros son la sorpresa personificada.
—Buenos días, señorita Gómez —habla una impostada voz a mi espalda.
Cuando volteo, es un señor mayor de metro ochenta, setenta años vistiendo un elegante traje n***o de corte inglés. Apoyando sus manos en un bastón n***o de puño dorado.
—Es bueno saber lo mucho que mi nieto le agrada —ríe.
—Yo…yo… —tartamudeo sin saber cómo salir de esta.
“Tú, tu, tu acabas de liarla y a lo grande”
—No te preocupes, este anciano, conoce mejor que nadie, el carácter de su nieto.
—Buenas tardes señor Joseph —saludan todos nerviosos y a coro.
—Buenas tardes chicos, buen provecho. Señorita Jazmín, sería usted tan amable de acompañarme, hay algunos asuntos que quisiera conversar en privado; claro, con permiso de los presentes —habla educadamente y en cada gesto derrocha elegancia y clase.
—Sería un placer señor —contesto poniéndome de pie.
Bran toma mi mano y antes de marcharme me tiende una manzana.
—Deben alimentarse bien.
—Gracias —susurro y se sonroja cuando poso mis ojos fijos a los suyos, se ve tan tierno.
“Un trio Jaz ¿te imaginas?”
Sigo al señor Joseph y a sus guardaespaldas hasta su oficina. El local, es probablemente del tamaño de mi piso personal decorado todo de rojo y dorado con fotos de colecciones, modelos, incluso, de un joven que juraría es él, con unos años menos.
—Tome asiento por favor —me indica.
—Es usted muy amable seño…
—No, por favor, llámeme Joseph. Trabajaremos muy de cerca durante tres meses, seremos una familia.
—Muchas gracias Joseph. Marie me comentó que fue usted personalmente quien elaboró mi contrato. Ha sido una oportunidad grandiosa para mi carrera y mi cuenta bancaria —comento entre risas.
—El placer es nuestro al tenerla aquí. No quiero que piense, que la hemos contratado por caridad Jazmín, los grandes empresarios vemos las oportunidades y usted, tiene el potencial para impulsar esta nueva colección.
—Me halaga, pero mi trabajo es modelar.
—Sé que ha estudiado diseño de indumentaria de modas, habla 4 idiomas y tiene un millón de seguidores en i********:, usted, sabe más que modelar, y eso, es justamente lo que queremos en Leuchtenberg Designs. Jazmín, usted es la modelo que decidió dejar las pasarelas atrás y toda su vida en los grandes escenarios por ser madre y no cualquiera, una mujer que rechazó a su prometido y quiso hacerlo sola. Sabes lo que las embarazadas quieren, tienes estilo y llegas al público, eres idónea para asesorar el desfile.
—Yo solo hice lo que mi corazón deseaba. Deseaba ser madre y lo seré, ya tendré tiempo para regresar al modelaje luego de ver crecer a mi pequeño o pequeña —contesto acariciando mi vientre.
— Mi nieto tiene un carácter bastante fuerte, no se sensibiliza con el concepto de esta colección, es ahí, donde entrará usted, a darle ese toque maternal que nos falta.
—Será un placer y… con respecto… a lo que… escuchó sobre su nieto yo…
—Tranquila, no tiene importancia —ríe—. Ahora preocúpese por los rumores.
—¿Los rumores? —inquiero
—Tengo muy buenos trabajadores Jazmín, todos están en los cargos, porque han demostrado estar capacitados y ser eficientes, pero no soy ciego, son extremadamente… ¿cómo le llaman los españoles?
—Cotillas —digo entre risas.
—Sí, muy cotillas —pronuncia con el remarcado acento francés—. Van a querer saber hasta el último de los detalles de esta conversación, tú solo hazlos sufrir —me guiña un ojo.
Mi celular vibra sobre el escritorio de caoba del señor Joseph y leo de reojo la barra de notificaciones.
Antoine: Rubia ¿Te estás escondiendo? Espero que no, porque si es así, te daré un castigo.
Mis nervios estallan, siento las mejillas arder y agradezco que la reunión ya haya terminado.
¿Es que acaso Antoine quiere volverme loca? ¿Qué le sucede?
“Loca ya nos tiene, querida; y sin responder a los tratamientos”
Tomo mi celular y me despido de Joseph, son muy diferentes, no parecen pertenecer ni a la misma especie; pero bueno, eso suele suceder, mi familia y yo, no podemos ser menos parecidas porque eso sería imposible.
Llego al ascensor y entro sin prestar atención a su interior, no aparto la mirada de la pantalla del celular, cuando siento que se aclaran la voz detrás. Me giro sobre los talones para quedar frente a frente a la persona cuyos mensajes he estado evitando, ¿por qué lo evito?, porque me pone demasiado y nunca, pero nunca, se debe mezclar trabajo con placer.
Los vellos se me ponen de punta y esa extraña sensación electrizante recorre todo mi cuerpo. Solo atino a ir en dirección a los botones del ascensor y presionar para que se detenga.
Me paralizo, siento su respiración en mi cuello, pega su pecho a mi espalda y sus manos las coloca sobre una de las paredes del ascensor, una a cada lado de mi rostro. Tiene manos grandes, dedos gruesos que me hacen imaginarme miles de escenas con ellos.
“Si este traste no se detiene, no respondo”
—¿Aún quieres que te folle bien duro? ¿Estás húmeda rubia? —ronronea y su voz, ese meloso acento francés, solo hace que me excite aún más.
¡Tierra trágame y escúpeme lejos de aquí!
“Mejor que nos escupa en la cama del adonis”
—Yo…—mis palabras mueren cuando desciende una de sus manos y la coloca en mis caderas, atrayéndome hacia él.
— Me traes loco rubia —susurra y acerco mi culo hacia él, restregándolo un poco. Noto su erección y presiono un poco más, haciéndolo gruñir.
Me giro, nuestras narices se rozan y las chispas saltan entre ambos, me deleito con su embriagadora fragancia y alzo mi mirada para conectarla con la suya. Sus ojos azules son hermosos, me pierdo en ellos y en sus carnosos labios que tanto deseo besar.
Se acerca. ¡Oh dios, está tan cerca! ¡Alerta! ¡Alerta! Nos va a besar.
Pero no, el ascensor se abre, llegando a nuestro destino, el piso número 12.
—Señor Antoine —habla Marie desde el exterior, pero Antoine no se mueve, solo se queda allí, mirándome fijamente, devorándome con la mirada como un depredador a su presa.
—La próxima vez —susurra en mi oído—. No tendrás tanta suerte rubia. Te lo prometo.