Capítulo 3: Señal del destino

2389 Words
Jazmín Las manos me sudan por los nervios, aún no me llaman para entrar en la oficina y ya me encuentro comiéndome el coco con que la liaré a lo bestia. Esto me pasa por el gran período de inactividad laboral que llevo. Un año para ser exacta. Un año sin fotos, sin pasarelas; un año, fuera de los focos. Un año hace desde que inicié el proceso para convertirme en madre. Miro en dirección a todos lados. No soy la única presente en la sala de esperas. Hay también, diez mujeres hermosas y embarazas, todas en diferentes tiempos de gestación. Será difícil quedar en el puesto. —Señorita Gómez. Me llama una joven de apenas unos veinte años, luce un traje verde esmeralda algo grande para su talla y unas gafas de pasta negra. —Pase por favor. Me levanto del sillón. Aliso el vestido blanco por el cual opté esta mañana y respiro profundo al entrar por la puerta. El primero en recibirme, es un hombre que aparenta tener mi edad, alto, tez blanca, pelo n***o perfectamente amoldado, luce un espectacular traje Chanel corte italiano de color caqui, que se le ajusta en los fuertes y tonificados brazos. “Tía ¿quieres un balde? Porque se te está cayendo la baba” Literal, es hermoso y sus ojos grises eléctricos te sumergen en un sueño de puro deseo. — Marqués Alexandro Simón —se presenta con una sonrisa pícara que grita: ¡alerta! ¡peligro! —Jazmín Gómez. Un placer —contesto mientras besa mi mano. El apuesto chico se marcha junto a la joven y volteo nerviosa para tomar asiento frente al CEO de la compañía. Justo cuando tomaba mi café al despertar, decidí investigar un poco más todo lo relacionado con la internacional marca; las colecciones eran preciosas y molestamente caras, abarcaban un amplio mercado tanto nacional como internacional y cada temporada era mejor que la anterior, pero nada sobre embarazadas o modelos curvis, al parecer, se encontraban incursionando en otros sectores. También quise acosar, digo, stalkear, a quien dirigía el gran imperio. Mis resultados fueron nulos. No encontré nada relacionado con el famoso Antoine Danielle Joseph Leuchtenberg, heredero directo del ducado francés de la prestigiosa familia Leuchtenberg. “Por dios, ¿en serio? ¿un duque?” “Acaso se puede ser más asquerosamente rico” Y no, no encontré nada más allá, de una foto familiar de cuando apenas tenía tres años y que era el actual diseñador de la compañía; nada interesante, o eso creía, hasta que me encuentro un adonis, un macizo buenorro, esculpido a mano, sentado en el escritorio. “Sujétate bien las bragas cariño, porque se te van a caer” Me era imposible reaccionar, si creía que el anterior era guapo, este era de otro mundo, lo que me hacía cuestionarme, si, además de diseñar ropa, tendrían alguna maquinita por aquí de crear tíos buenos. “Deberías preguntar, a lo mejor nos dejan llevarnos alguno para la casa. Falta nos hace” ¡Me cago en la leche! Cuando me pongo nerviosa, mi mente divagaba y esta era una de esas encerronas en las que no sabía qué hacer. Me encuentro perdida entre tanto músculo, el pelo castaño despeinado y la insipiente barba, a todo eso le sumamos el traje azul marino que hace resaltar sus ojos celestes y creamos el moja bragas perfecto. “Cálmate Jazmín, que somos unas damas” — Buenos días señorita Gómez, aquí tiene el contrato —dice, tirando despectivamente el fae sobre el escritorio. Menudo imbécil. Tomo asiento, luego de que me lo indica y reviso cada inciso, clausura, ya saben, las engañosas letras pequeñas; me sorprendo al leer que no seré modelo, sino asesora de desfile; dudo, pero cuando veo la enorme suma que cobraré, firmo de inmediato. “¿A quién le mientes? La suma y esas miradas lascivas que te dedican” Cierto, son demasiado intensas. Me envía un correo electrónico con todos sus datos y los pendientes con los cuales empezaré a trabajar mañana. Analizo su número y me resulta extrañamente familiar. Es él, es el adonis pervertido de los mensajes calientes de anoche. ¡Dios, es él! “Oh sí, lo encontramos” Lo encaro y al principio lo niega, pero al ver que no tiene otra salida lo acepta y se pone a la defensiva, es un grosero, altanero, egocéntrico y gilipollas. Me marcho. Llego más calmada a casa luego de ir a ver a mi doctora y saber que todo marcha bien con mi bebé. Saco las llaves de mi bolsa para abrir la puerta, cuando el teléfono suena y es un sss de Marie, donde termina de enviarme todas las características del casting de modelos y al leer el correo de abajo remitente: Antoine. Resoplo molesta y tiro la puerta dejando el bolso sobre el sofá. —Gilipollas —grito. Liberando tensiones—. Gilipollas —vuelvo a repetir, esta vez colocando con fuerza mi jarrón de Spirit sobre la encimera. —Gilipollas. Gilipollas —repite Sue con cantarina voz, corriendo desnuda. “¿Qué problema tienen las mujeres de esta casa con la desnudez?” —Sue. Detente —vocifera Nicole detrás de ella. Sue llega hasta a mí y se esconde detrás de mis piernas ocultándose de su madre. Cada hora del baño es igual, una carrera desnuda, marcando sus piececitos con agua por todos lados. —¿Qué he dicho de las palabrotas en casa Jaz? —me regaña primero a mí y luego reprende a Sue. —Perdón —contestamos entre apenadas y divertidas. Nicole carga a la pequeña y me la acerca, le doy dos besos en sus regordetas mejillas y mi amiga se la lleva a la recamara. Tomo el delantal de la princesa Ariel y me lo coloco. Recojo mi pelo en un moño desarreglado, retiro las sandalias y me quedo descalza. Pongo música y con decir música me refiero a torturar a mis vecinos con mi melodiosa y afinada voz. Comienzo a preparar la cena, mi especialidad: ensalada con pollo; al compás de Causa Perdida de Morat. Termino la cena demasiado rápido, porque en verdad, lo único que hice fue recalentar, lo que Nicole había hecho la tarde anterior, porque, aunque no quiera admitirlo, a mí lo único que me queda delicioso es el agua con hielo y a veces, incluso, le echo unos cubitos de más. —Chicas bajen, la cena está lista —grito parada al pie de las escaleras, con el delantal aún puesto y una espátula en la mano. Si mi padre me viera diría que soy la viva estampa de mi abuela Mercedes. Su suegra. Para mi sorpresa, alegría y orgullo, Nicole baja luciendo un ajustado y muy revelador vestido n***o. Se ha dejado el cabello suelto, con ondulaciones en las puntas, maquillaje de noche: ojos grises con la técnica smokey eyes logrando así, potenciar su mirada; los labios color carmesí y a diferencia de sus cómodas zapatillas deportivas blancas, lleva unos 20 centímetros de tacón de aguja. Es toda una diosa, con una pequeña princesita de la mano. —¿A dónde vais tan guapas? —curioseo. Nicole se sonroja y justo en el momento en que va a contestar, el timbre del departamento suena. —Salvada por la campana —digo y voy a abrir la puerta. —Hola Jaz —me saluda ¿Thalía? “Jum, aquí hay galán encerrado” —Hey Thalía. Adelante —la invito a pasar. Es una prima muy lejana de Nicole, una chica muy amable, que cuidaba a la pequeña cuando Nico tenía guardia y yo estaba trabajando. —No te preocupes Jaz, que ya está todo listo para que Thalía se lleve a Sue. Hoy conocerá a sus tías y primos lejanos. ¿Familia lejana? Sospechoso. Nos despedimos de la pequeña y al cerrar la puerta la miro con los ojos entrecerrados. —¿Qué quieres? —cuestiona Nicole, nerviosa. —El nombre —digo entre dientes. —Andrés —responde rodando los ojos. Sonrío de genuina felicidad. Nicole es una mujer hermosa que desde que dio a luz, se centró por completo en su trabajo y en Sue. Es hora de que piense un poquito en ella como mujer. Se lo merece. —¿Es el chico de la app de citas? —inquiero. Vale, soy muy cotilla. —Sí. Vamos a salir a cenar. ¿Y tú? —Yo que —contesto acercándome a la nevera a por mí dosis diaria de helado de fresa. —¿Cómo te fue en el trabajo? —Pues resulta que mi jefe es el mismo estúpido de los mensajes de anoche. Nicole comienza a reír a carcajadas. Me enfado. No me divierte ni un poco. — Cambia esa cara Jaz, últimamente estás todo el tiempo de mal humor y no le eches la culpa al embarazo. Estás falta de alguien que te mueva el piso. —Si claro, es que ahora soy una máquina de atracción dispuesta a ir echando polvos por doquier —digo irónicamente. —No hagas drama —responde viendo su celular—. Me tengo que ir ya o llegaré tarde, pero mañana tú y yo hablaremos. Asiento y prendo la tele. —Aah Jaz. En vez, de ver esos ridículos programas que sabes que al final te harán mal, deberías descargarte la app, a lo mejor, encuentras un poco de diversión —dice entre risitas y me guiña un ojo. Subo el volumen y destapo el glorioso envase, juro que siento música celestial a mi alrededor y prometo que será el último, debo cuidar un poco la figura. “Mentirosa, mañana te zamparás otro” Me entra un poco de cargo de conciencia por culpa de los comentarios de esta voz loca en mi cabeza y lo cierro; es demasiado frustrante. Termino apagando la tele porque no encuentro ningún programa que me resulte atractivo. “Yo sí que recuerdo algo bien atractivo”. Decido tomar una tórrida ducha y me visto con el enorme pullover de los Yankees de Nueva York que aún conservo de mi ex. Termino de secarme el cabello, sonrío al mirarme en el espejo y recordar el video de anoche y es que, definitivamente, estoy perdiendo la cabeza, debo hacer algo para saciar mi perversión. Al final, me pudo la curiosidad y termino por descargar la aplicación. DatesLoveSex, leo y ruedo los ojos con el para nada explicito nombre. Tiene muy buenas valoraciones, casi cinco estrellas. Nunca he hecho esto, pero la curiosidad me mata y no solo eso, la frustración s****l que me cargo también; en parte, por culpa del sexy adonis pervertido hacedor de videos sensuales, que me provoca un calor de muerte, por el que probablemente terminaré derritiéndome. Abro la aplicación y relleno con mis datos personales algunos de los campos que me indican. Username: Jazmín30 Sexo: femenino Aunque debería poner urgidamente. Cabello: rubio. Altura: 1.85 Ojos: verdes Peso: 65 kg Miento, porque vamos, a nadie le interesa saber que he aumentado de peso. Para mi suerte, no exige poner foto, aunque si hubiese sido obligatorio, no la pondría por dos razones muy claras, la primera: por mi reputación y la segunda: estoy embarazada. Le doy a continuar y avanzo hacia donde empieza la verdadera actividad. De inmediato recibo varias notificaciones de chicos interesados en conversar y no mentiré, un poco si, de emoción me da. Reviso sus perfiles buscando características que me atraigan y encuentro uno bastante atractivo, con cuerpo trabajado y rostro varonil con unos bonitos ojos marrones. Me lanzo y le escribo. Jazmín30: Hola, buenas noches Que formal, me abofeteo mentalmente. Anto20_Mallorca: buenas bonita, ¿te apetece calentarte un poco? Que directo el tío, me gusta. Jazmín30: Por eso te escribo, guapo. Anto20_Mallorca: ¿me mandas una foto para verte? Es que no tienes de perfil Jazmín30: Es que soy nueva en la aplicación y bueno no me gustaría mandar fotos. Anto20_Mallorca: ¿Y si te doy mi número personal? Puedes mandármela por w******p o Messenger ¿Qué opinas? Así hablamos y quizás quedemos estos días para follar de verdad. Jazmín30: Está bien, te la envío por Wapp Anto20_Mallorca: La estaré esperando con ansias. Nena no te he visto y ya estoy loco por metértela bien duro en tu dulce y húmedo coño. Me envía el número y lo agrego a contactos como Anto. No tenía pensado quedar nunca con el chico, pero, con tan solo ese mensaje había logrado que mojase las bragas, así que, me quité el pullover que llevaba, sustituí mis cómodas bragas por un tanga rojo bien sexy y agradecí ir depilada. Coloco el celular en la mesita de noche y activo el temporizador de treinta segundos para que haga capturas solo y me diese algo de tiempo para buscar el mejor ángulo. Sin dudas, la mejor, o bueno, mi única opción, era de espaldas, así, no se notaría mi barriguita. Me volteo de espaldas al celular, agito mi larga cabellera, cayendo sobre mi espalda desnuda, me pongo de puntillas e inclino un poco el culo hacia arriba, mientras me sujeto los bordes del tanga con las manos. No hay dudas que es una foto de lo más reveladora, se nota por completo la silueta de mi intimidad y mi trasero respingón que aún se mantiene bien tonificado. No soy de enviar este tipo de fotos, incluso, nunca he hecho sesiones así de provocativas, pero ¿qué podría salir mal? Voy a la galería, acepto la opción de compartir vía w******p y luego selecciono Anto, sin prestar mucha atención, pensaba que estaría al pendiente de nuestro chat, pero al ver que no da doble palomita azul, decido enviarle: Anto, ya estoy lista para que me la metas bien duro, estoy muy húmeda para ti. Pulso enviar, recibe la foto y la ve, doble palomita azul; sin embargo, no escribe nada de regreso. Espero unos minutos y comienza a escribir; y yo, yo quiero morir por mi descuido. Antoine: Rubia, ¿me extrañabas o te quedaste con ganas de más? “¿No puedo tener tan mala suerte? ¿o sí?” Esta vez, me había equivocado yo, cómo pude ser tan tonta de no leer a quien se lo estaba enviando. “Es el destino Jazmín, nos está dando una señal”
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