John, gracias a Dios, iba progresando positivamente. Ethan estaba siempre pendiente de mí, de Nathan, de John. Entre él y Emma no sabía bien que es lo que pasaba, era rara su relación. Estaba en la casa de mi madre organizando mi habitación y alistando a Nathan, mi celular sonó. —¿Bueno? —Anna, ¿a qué hora paso a buscarlos? —era Ethan. —Ya estamos listos. —Voy para allá. Corté la llamada, terminé de alistarme y esperamos a Ethan. Estaba muy ansiosa, porque hoy era el día que buscábamos a John a la clínica, hoy le daban de alta, después de un mes internado en terapia. Un mes caótico, yendo y viniendo, con altos y bajos. Ethan llegó a la casa, tocó bocina, salimos y nos subimos al auto. —Hola —sonreí. —Hola, hermosa —sonrió. Me sonrojé. Emprendimos camino a la clínica.

