CAPÍTULO CINCO El hedor era abrumador. La mujer debía de llevar muerta dos, quizá tres días. Estaba tumbada en la cama sin las sábanas, con unos pantalones y un sujetador deportivo. No había signos evidentes de lucha en su posición ni en la habitación en general. Nada parecía haber sido tirado al suelo. No había nada roto. Su ropa no parecía haber sido alterada. No tenía cortes ni marcas evidentes. Por supuesto, eso no probaba nada. Si se trataba de un juego sucio, el autor habría tenido mucho tiempo para limpiar la habitación y a Taylor antes de irse. Las huellas dactilares en los objetos de la habitación, incluido el cuerpo, podrían ayudar en ese sentido. Pero, al menos visiblemente, nada había sido perturbado. Jessie se acercó para ver de cerca a la víctima. El equipo de la oficina d

