Lois era una chica muy linda, tendría unos veinticinco años, de baja estatura, rubia de ojos castaños, bonita y muy delgada. Tenía ya dos años trabajando como asistente y secretaria de Nick y estaba muy segura de que lo que fuere que hubiese pasado a la hora del almuerzo debía de ser muy grave. Porque hasta Willy pensó que lo despedirían.
La chica era muy responsable, pero un poco chismosa, así que pensó en invitar a Janeth, la recepcionista, a almorzar al día siguiente. Solo ella y los guardias involucrados sabían lo que había pasado y Lois quería enterarse de todo antes de que le dieran su permiso para irse de luna de miel.
Entró a la oficina de su jefe, él estaba de espaldas, mirando por la ventana, contemplando el mar que se veía hermosamente azul ese día. Tenía una pelotita de esponja en la mano, que le servía para relajarse, la estaba presionando como si quisiera matarla.
Cuando Nick sintió la presencia de su asistente se volvió y le pidió que se sentara. Lois así lo hizo.
– La llamé porque quiero que ponga un anuncio en el periódico. –dijo muy serio Nick
– Por supuesto, señor– a leguas se notaba que su jefe estaba furioso– ¿Qué quiere que diga?
–Quiero que ponga un anuncio para encontrar a su sustituta, para que usted pueda irse de luna de miel.
– ¿Lo pongo para el día de mañana?
–Si se puede antes, mejor. Quiero que, previamente a su salida, usted deje muy bien entrenada a su sustituta. No quiero tener que lidiar con ella, quiero que sepa exactamente qué es lo que me gusta y cómo. ¿Quedó claro?
– Si señor. Llamaré al editor del periódico, para que lo publiquen en su edición de la tarde y salga hoy mismo. – Se levantó de su silla y se dirigió afuera, a su escritorio.
Nick volvió a girarse, mirando por la ventana con su pelotita en la mano, estaba muy pensativo.
Lois reparaba en que a pesar de que Nick Richardson en ningún momento se mostró descortés al hablarle, se notaba que estaba molesto por lo sucedido, ya que por lo general era un jefe muy alegre y amable con sus empleados, nunca ladraba las órdenes que daba y siempre decía gracias.
En todo el tiempo que ella había trabajado ahí, su jefe había sido muy atento. Se alegraba de tener un jefe así, no en todos lados se podía encontrar a alguien como él, otros jefes por lo general eran engreídos y muy déspotas con sus empleados. No, Nick Richardson era sumamente flexible, amable y cortés. Por eso estaba segura de que algo grave había pasado y tenía que enterarse que fue.
Nick llevaba casi cuatro horas revisando con atención las cintas de video y cada vez que las volvía a ver sentía que se le abría el piso bajo los pies. No podía creer que la joven que estaba en el video les hubiese robado, apenas se veía como una adolescente, tal vez tuviera dieciocho años a lo mucho.
Lo que se podía apreciar con claridad es que era muy alta y delgada, además de poseer unas piernas como para correr maratones, era prácticamente increíble todo lo que había recorrido en tan solo unos pocos minutos.
Lo bueno de la situación era que sería muy fácil dar con ella, con ese físico era muy difícil que pasara desapercibida, parecía modelo, alta, delgada, con cabello increíblemente hermoso y con unos ojos tan azules como el mar. No se parecía en nada a la joven loca que casi arrollaba en el estacionamiento. Aquella estaba desaliñada, con el vestido roto, despeinada, descalza, con el maquillaje corrido, pero era obvio que eran los mismos ojos, no cabía duda era la misma chica, igual de hermosa.
Puso en pausa la imagen de la pantalla, dejando el rostro de la joven estático, justo cuando miró de frente a la cámara de vigilancia. Sus enormes ojos azules se veían límpidos, debía ser una profesional del crimen.
No quería creer que ella era una ladrona. Parecía imposible que fuese una delincuente, más bien parecía un conejito asustado. A pesar de que su rostro solo apareció poco en la grabación, sus delicados rasgos eran los de una jovencita muy asustada. Tal vez la estuvieran presionando para que los robara.
Por Dios, pero que estaba pensando, era cierto que la joven era muy hermosa, pero no debía olvidar que era una ladrona. No debía permitir que un par de ojos azules lo engañaran. Probablemente todo sería una máscara para parecer vulnerable, por si la atrapaban, debía de ser una delincuente muy experimentada.
Seguía muy absorto en su inspección a los videos que no prestaba atención al interminable y repetitivo sonido del intercomunicador, Lois trataba de avisarle que el mecánico lo esperaba para poder llevarse su carro.
Nick salió de su oficina cuando le avisaron que la grúa que se llevaría su carro al taller ya había llegado. Era realmente una lástima que su Lamborghini del año hubiese sido chocado por culpa de esa chica, pero era lo menos importante, después de todo, si lo llevaban al taller de la agencia de autos, quedaría como nuevo.
* * *
Alexandra se estaba acercando peligrosamente a la calle donde estaba Richardson Labs, la verdad es que no había planeado pasar por ahí. Simplemente se había dado la oportunidad y no quería desaprovecharla, ansiaba ver si había pasado algo grave con su huída y la mejor forma era merodear cerca del edificio.
– Señor – dijo Alexandra – podía bajar un poco la velocidad, me gustaría saber que está pasando ahí enfrente.
– Claro, señorita – el chofer redujo su velocidad y Alexandra se asomó por la ventanilla del auto, solo los ojos azules se miraban desde afuera, el resto del rostro estaba tras el vidrio oscuro de la ventanilla a medio subir.
Parecía ser que una grúa estaba tapando la entrada al estacionamiento. Tal vez ya habían descubierto el bolso con el disco duro. Tenía que pensar rápido, tenía que volver a ese lugar lo antes posible sin que la reconocieran, tenía que averiguar qué era lo que estaba pasando.
– Tal vez hubo un accidente.
– Si, tal vez. Podría llevarme a esta dirección por favor – Alexandra le extendió un papel y el chofer aumentó la velocidad de nuevo, para salir disparado por la calle donde Alexandra había corrido descalza unas horas antes.
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Hacía unas horas que había amanecido y muy temprano Alex había salido a comprar el periódico, paseaba por su habitación con su teléfono en la mano, sus pies ya estaban mucho mejor, solo estaban un poco ampollados y tenían unos cuantos cortes. Lo más grave había sido la uña de su pie, pero estaba segura que sanaría pronto, e incluso, pronto podría salir a correr como cada mañana.
Había comprado el periódico, para buscar un lugar donde poder mudarse, no se sentía cómoda viviendo sola con la anciana, era muy extraña. Y su antiguo departamento ya había sido alquilado nuevamente. Trataba de conseguir una habitación, un piso, un apartamento, una casa, un cuarto de hotel, lo que fuera, pero que le alcanzara con la irrisoria suma de dinero que tenía como ahorros.
Sabía que tenía que encontrar trabajo pronto, así que como ya tenía el periódico en la mano, decidió darle una hojeada a la sección de empleos.
Casi se fue de espaldas, cuando miró el logotipo de los laboratorios en la esquina de la hoja del periódico, decía que buscaban una asistente para la presidencia de la empresa. No podía creer que Dios se la estuviera poniendo tan fácil. Incluso estaba escrito el número de teléfono de la empresa.
Alexandra sabía que era una locura, pero de cualquier forma sabía que tenía que hacerlo, así que se armó de valor y decidió hacer una cita para la entrevista de trabajo. Empezó a marcar temblorosa el numero de la empresa, con cada tono que pasaba sentía que se le iba la respiración, después de tres tonos contestaron en la otra línea.
– Buenas tardes, señorita hablo por lo del anuncio del periódico.
– Por lo del empleo de asistente ¿verdad?
– Así es, me gustaría saber qué es lo que se necesita para asistir a la entrevista de trabajo.
– Solo necesita venir mañana a las nueve de la mañana con su currículum. ¿A nombre de quién pongo la cita?
– Alex, Alex Anderson .
– Muy bien, mañana nos vemos.
Antes de que Alex pudiera reaccionar, la empleada le había colgado y casi dio un grito se frustración cuando se dio cuenta de la estupidez que acababa de hacer, no debía de haber dado su verdadero nombre. Si la descubrían, sabrían perfectamente quien era ella. Ahora sí que no podría entrar a la empresa.
Cada vez que intentaba solucionar un problema, se metía en otro peor, así que iba a tener que ingeniárselas para salir de esa. No sabía cómo le haría, pero quería pensar que se solucionarían para bien. No deseaba creer que podrían empeorar.