El corazón de Grego latía fuertemente en su pecho, como si quisiera salirse dentro de él. Había imaginado tanto ese momento, lo había soñado cada noche desde que escuchó que desapareció. Al igual que Nathiel, él también sufrió por la desaparición, solo que lo hizo en silencio, cuando ya todos dormían, cuando las luces se apagaban y solo quedaba la soledad. En esa misma habitación, en la misma cama que un día perteneció a Bet. Cada noche, en medio de la oscuridad se disculpaba. Se disculpaba por haber sido un idiota y haberla dejado sola, por haberla presionado a dar ese paso cuando él la quería para toda la vida, cuando él deseaba llevarla a el altar, porque esa niña era la única que había robado su corazón. Pero su ansiedad por tenerla, porque ella se viera obligada a abandonar los es

