Muy temprano en la mañana, Bet se levantó. Tenía una importante reunión programada con el abogado Stevens para discutir la batalla legal por las tierras que Roberta había tomado como de ellas. Con una mezcla de esperanza, se alistó rápidamente y salió de la habitación para dirigirse al encuentro acordado. Bajó haciendo sonar sus tacones, Greibiel bajó detrás de ella, al llegar a la puerta, fue él quien la abrió y le dio paso. Mientras Bet salía, dejaba un esquicito aroma a rosas en el aire. Y Greibiel observaba el trasero de Bet forrado con una falda que se ajustaba a esa esponjosa carne. Humedeció sus labios y acaloró el paso para alcanzarla e ir juntos a la empresa. —¿Puedes llevarme? —No voy a la empresa. —¿Y dónde vas? Bet le regaló una sonrisa y cerró la puerta del auto, ba

