En Norcovi, Roberta y Anggie se reunían. Esta última caminaba de un lado a otro impacientando a la mujer de edad media. —Puedes dejar de caminar. Me estresas. —Es que me preocupa lo que pueda suceder. —¿De qué tendría que preocuparme? ¿De las amenazas de una niña estúpida como esa? No podrá hacer nada. —Yo no vi una niña estúpida como dices. Yo Vi una mujer hecha y derecha, dispuesta a todo por recuperar sus tierras. Ya no es la Betsy estúpida que podía manejar a mi antojo y culpar cuando quisiera. No sintió ni pizca de temor al enfrentarme. Es como si la mujer que vive dentro de ella fuera otra. —Tampoco es para tanto, esa niñita se cree con la valentía de enfrentarme porque seguro se consiguió un marido rico y piensa que con el dinero de ese hombre nos derrotará, pero no sabe que

