El trabajo es tuyo

1320 Words
《Aitana》 Al salir de casa una zapatilla se me rompió, cuando tomé el taxi me enfrenté a un tráfico inusual en una zona que constantemente fluye sin problemas y al entrar al edificio por ir a las carreras terminé chocando dentro del elevador con una chica, haciendo que sus documentos cayeran en el suelo, me sentía tan torpe, no había sido mi día y sin duda la vida parecía darme señales para convencerme de que esto no era buena idea. — Lo lamento lo siento tanto en verdad... — Me agaché para ayudarle a recoger los documentos, ella sonrió. — Descuida la mayoría de aquí nos la vivimos a las carreras, ¿A qué piso vas? — Al último, tengo una entrevista de trabajo para asistente personal del señor Bennett. — ¡¿Tú eres Aitana Ferrel? Me preguntó sumamente sorprendida con los ojos muy abiertos, tenía el cabello corto y completamente lacio de un color almendrado al igual que sus ojos. — Así es... ¿Cómo sabes mi nombre? — Soy la secretaria del señor Bennett... – Ella miró su reloj y abrió mucho los ojos. — Tu cita era a las 9 en punto y ya son 9:13... — Losé... en verdad salí a tiempo, pero me paso de todo y... En cuanto el ascensor abrió sus puertas ella me tomó de la muñeca y salió corriendo conmigo pasamos por un tipo de recepción en el que ella dejó sus carpetas rebosantes de hojas y corrió conmigo por el pasillo, había unas cuantas oficinas con personas que nos voltearon a ver al pasar, seguimos caminando alejándonos de todo hasta llegar a un área amplia alejada de las demás oficinas con una gran puerta oscura y algo terrorífica a decir verdad, la chica se puso frente a mí y me acomodó el cabello y ropa, me pareció extraño sus manos temblaban ligeramente al hacerlo. — El señor Bennett es un hombre un tanto estricto y demasiado especial, muy especial... es muy fácil ponerlo de mal humor y difícil complacerlo, los contratiempos son lo que más odia, no es por ponerte nerviosa, pero ninguna asistente se queda más de 1 semana trabajando para él...– abrí mucho los ojos, la chica que me contrató, Paulina no comento nada al respecto, siento que mi ojo podría empezar a temblar del estrés y aún ni empiezo a trabajar. — Lose, pero tranquila creo que necesitas saber a qué te enfrentas y te hagas a la idea del ogro que está esperando tras esa puerta. Me regaló una sonrisa cálida, pero nerviosa, tocó la puerta y entró, permanecí fuera en todo momento sintiendo que mis piernas me faltarían y tendría un paro en el corazón en cualquier momento, esto iba a estar muy mal, sin duda ya había perdido el trabajo sin haberlo conseguido; la puerta se abrió nuevamente la chica tenía una expresión nerviosa, pero al verme sonrió. — Tranquila... respira... Puedes entrar, suerte. Me dio una palmadita en el hombro y se fue por el pasillo por el que llegamos; no me dejes... tenía tantas ganas de decirle si no podía ir conmigo, en verdad no quería entrar, curiosamente sentía algo de miedo, sabía que era tarde y que en cualquier trabajo la falta de puntualidad en un primer día era fatal, suspiré y sin querer hacer esperar más al hombre porque estaba segura de que ya debía de estar lo suficiente molesto entré sintiendo mi corazón latir en mi garganta. La oficina era sumamente amplia y sobre todo oscura, la iluminación era muy limitada a eso sumándole que todo el mobiliario eran oscuros empeoraba las cosas, era como si un vampiro trabajara aquí, ahí estaba él en su escritorio, con un elegante traje oscuro y cabello también, perfectamente arreglado, sentado recargado al frente con su total atención en los documentos que tenía en sus manos, apenas iba a hablar cuando él gruñó primero sin siquiera voltear a verme. — Llegas tarde, odio las personas impuntuales y descomprometidas. ¿A qué se debe tu falta de profesionalismo? Su voz era arisca cargada de molestia y repudio, trabajar con este hombre sin duda iba a ser una tortura, si conseguía el trabajo, claro, pero por un millón y medio lo podría soportar, los tres millones quedaban descartados no había forma que pudiera conseguirlos, ya que la idea de hacerme cercana a este hombre quedaba descartada. — Pues al salir de mi casa mi zapatilla se estropeó y tuve que regresar a cambiarme... además de un tráfico infernal en la zona... — No me importan tus escusas... Me interrumpió, de repente, sin levantar la mirada aún, ignorándome como si yo fuera nada, odiaba estar hablando y me interrumpieran de esa manera tan tajante y grosera, no pude evitarlo mi sangre empezó a hervir y mi mente se calentó, y digamos que un buen autocontrol de mi temperamento no lo tengo, todo lo contrario, a mi hermana introvertida yo no me la pensaba dos veces para hablar cuando algo me molestaba. — Si no le importa para que pregunta entonces... Ante mi respuesta ahora si levantó la cabeza rápidamente, sus ojos oscuros se toparon con los míos, lo que al principio fue una mirada de asombro total en cuestión de nada se volvió fría eh indiferente, no me apartó la mirada ni yo lo hice, así estuvimos varios segundos, retándonos con la mirada, si él quería que yo la bajara primero se iba a quedar esperando, porque eso no iba a pasar... se dejó caer en el respaldo de su asiento y me señalo uno de sus sillones frente a él, que estaban a mi lado derecho. — Toma asiento... — Estoy bien de pie gracias... si no va a darme el trabajo dígamelo de una vez así no perdemos el tiempo tanto yo como usted. Él levando ambas cejas y separó ligeramente los labios para tomar aire, me miró de pies a cabeza levantando una ceja, algo parecido a una pequeña sonrisa apareció en su rostro, después se inclinó al frente volviendo a poner su atención en los documentos que tenía. — Ve con Zoé, mi secretaria, para que te instale en tu nueva oficina, el trabajo es tuyo. Levanté ambas cejas ante la sorpresa en realidad no podría creerlo, era la entrevista más corta, extraña y desastrosa que había tenido y encima de todo eso había conseguido el empleo. — ¿De acuerdo?... gracias. Salí de la oficina demasiado confundida por la manera extraña en que se dieron las cosas, no podía creer que el trabajo era mío. ~~~~~~~ — Felicidades, me da gusto que consiguieras el trabajo, ahora por favor sé fuerte para aguantar a ese ogro. Zoé me felicitó abrazándome, era una chica sumamente alegre, se emocionó mucho cuando le dije que había conseguido el trabajo. — Zoé ¿Chris está en su oficina? Una voz femenina nos hizo girar, al verla me sorprendió un poco, pero me compuse de inmediato, al contrario de ella quién al verme parecía tan sorprendida era Paulina, Zoé se dio cuenta de cómo me miraba así que aclaro la garganta. — Sí, está dentro, ella es Aitana la nueva asistente personal de señor Bennett. — Paulina Berwell, mucho gusto... veamos cuando duras... Ella me tendió la mano y me habló con un cierto toque de hostilidad, pero no me lo tomé a mal, el día que hablamos acordamos que no podíamos ser vistas juntas platicando con tranquilidad, si los demás pensaban que no nos llevábamos bien difícil mente sospecharían de nosotras. Paulina se dio la vuelta y entró a la oficina del señor Bennett al cerrar la puerta Zoé bufo. — Esa chica es insoportable... ignórala, sé que vas a hacer un gran trabajo. Le sonreí ampliamente sin no antes voltear a ver con cierto toque de molestia la puerta por la que Paulina desapareció, tenía que aparentar que me desagradó conocerla.
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