Kiran ingresó violentamente a su lujosa habitación en la mansión familiar mientras presionaba sus dientes y puños con una furia incontenible, estrelló estos últimos contra la pared una y otra vez hasta que sus nudillos sangraron. La rabia lo consumía como un fuego abrasador que amenazaba con destruir todo a su paso. El recuerdo tortuoso y vivido de ella en ese helicóptero besándose con ese misterioso hombre lo perturbaba, hiriendo brutalmente su orgullo y su corazón. Maldita sea, le ardía intensamente el alma cada vez que traía involuntariamente a su memoria esos recuerdos que se repetían como una película interminable. En su mente perturbada, deseaba desesperadamente poder encontrarla pronto, y hacer sufrir delante de ella al individuo que se atrevió a tocarla y arrebatársela. No

