Gustavo hizo un gran esfuerzo por dejar de ver a la joven y por quitarse de la mente su rostro. ―Espere aquí ―le indicó Ricardo a la muchacha cuando entraron de nuevo a la recepción ―Sharon vendrá enseguida. Entraron en el ascensor, Gustavo aun estaba avergonzado con Ricardo por la reacción que había tenido antes en el convento. Pero además de vergüenza, tenía miedo de que su hermano sospechara algo y empezara a indagar. Ricardo siempre había sido un cabezotas; cuando le picaba el bichito de la curiosidad, no soltaba una teoría, una idea, un plan. Cuando se obsesionaba con algo, era difícil que lo dejara ir. Para Gustavo, eso era lo que había hecho que su hermano ascendiera tanto en su ramo, un ramo que a su parecer, era aburrido y poco lucrativo, aun así, Ricardo había construido un im

