La mujer que la atendió en recepción volvió. A Serena le parecía curioso el calzado que llevaba puesto. ―Sharon dice que puede atenderte en la hora del almuerzo ―la mujer hizo una pausa para mirar el reloj en su muñeca; era un reloj de plástico n***o que no hacía juego con la elegante ropa que llevaba puesta ―será pronto, puedes esperar ahí ―agregó señalando a un sofá de cuero blanco que estaba cerca del mostrador, parecía la sala de una casa, una casa elegante; diferente a la de Sharon, diferente al convento. Serena se sentó, se acomodó el cabello a un costado sobre un hombro, era extraño llevarlo suelto, era extraño llevar puesto unos vaqueros y tenis, era extraño tener un tatuaje fresco cubriéndole desde el dorso de la mano hasta el antebrazo, eso último, además de extraño, era doloro

