Las cosas han ido mejor de lo que yo podía imaginar, vivir con Alec no es para nada lo que espere, sale muy temprano y llega luego de que sol de esconda. Nunca estoy solo siempre esta alguien vigilando en la puerta y fuera del edificio.
Puedo saber que el puesto que tiene Alec en la policía es uno de los más altos por el departamento que tiene, no me voy a quejar es realmente hermoso y fuera de lo que imagine, con una vista increíble a Nueva York, es fascinante.
Además resulta difícil aburrirse en este lugar, Alec tiene una biblioteca digna de alucinar, no mentiré, si por mí fuera jamás abandonaría este lugar, en especial cuando un chico de cabello n***o y ojos azules ronda por él.
Nada ha resultado incomodo por el contrario parecemos interesados en saber más el uno del otro, la noche anterior nos quedamos hablando hasta tarde sobre nuestras vidas, y él porque de las profesiones que tenemos, la verdad es que Alexander me resulta un ser bastante interesante además de atractivo.
Veo la luz del sol y sé que no tardara en ocultarse, Alec no tardará en llegar, sin darle muchas vueltas al asunto decido que debo ir a mi departamento por algunas cosas más que me interesa tener si es que pretendo quedarme más tiempo con Alexander.
Tomo la pequeña maleta con la que llegue el primer día y me dirijo a la puerta.
—Disculpe oficial... ¿cree que podríamos dar una vuelta rápida a mi casa? — Ante su mirada agrego — Debo ir por unas cosas que necesito... Por favor.
—Yo... debo reportarlo al agente Lightwood, deme un momento.
—Claro.
Tarda no más de 2 minutos en regresar para asentir y guiarme hasta la salida del edificio donde abordamos en la patrullas y luego de darle mi dirección nos dirigimos por las calles de Nueva York con el atardecer de testigo.
*****
Departamento de policías
Nueva York
6:00 pm
Pov Alec
—Alec... ya han pasado más de 10 día y Magnus sigue contigo... ¿Cuándo pretende irse?
Levanto mi mirada del papeleo que intento ordenar para encontrarme con que Izzy me mira fijamente como esperando una respuesta de verdad.
—No lo sé, supongo que lo hará cuando yo se lo pida.
—Y... ¿Qué estas esperando?
—Nada... solo, no creo que sea seguro para el regresar a su casa en este momento.
—Alexander....
—Isabelle...
Por fin levanto la vista de los papeles y me desplomo en la silla, con el cansancio gravado en cada rasgo de mi cara.
—Iz, no puedo dejarlo, no siento que sea lo correcto. El hombre de los espejos no ha hecho ni un solo movimiento y eso no me tiene tranquilo, solo me hace pensar que lo que puso en esa nota es real, que está planeando algo y eso... me tiene aterrorizado.
—Pensé lo mismo, pero Alec no puedes mantener al chico encerrado para siempre.
—No está encerrado, puede hacer lo que quiera. — Isabelle me mira como diciendo "Sabes a lo que me refiero"
—Quiero decir que, no puedes mantener al chico contigo para siempre, en algún momento el seguirá con su vida y te dejara, a menos que pase lo que ya sabemos y no estoy segura de que tan bueno sea.
En ese momento Jace entra a mi oficina. El enojo ya se ha ido pero aun no me perdona por completo lo que hice.
— ¿Qué sucede aquí? Acaso... ¿Es una charla familiar y no me invitaron? Que horribles hermanos son.
—No exact.... — Intento decir pero soy interrumpido por Izzy.
—Intento explicarle a Alec porque no es bueno que el chico se quede más tiempo con él.
Noto de inmediato como la mandíbula de Jace se tensa, eso no es una buena señal.
—Ya veo. — Y se deja caer en la silla junto a Iz. — ¿Y cómo lo llevas?
—Mal.
No digo nada, solo los miro con los ojos entrecerrados. Estoy en muchos problemas, ahora lo sé.
—Mira Alec... dejando de lado el enojo y el hecho de que pienses que lo hacemos por molestar. De verdad lo hacemos porque te queremos y porque es arriesgado.
— ¿Arriesgado? No le veo el riesgo a un chico que apenas puede dormir por las noches por el miedo.
—Alec, sabes a que nos referimos.
—Mhm... — Y lo sé.
—La última vez que esto paso... cuando paso lo que paso... no te reconocíamos.
—Eso no volverá a pasar. — Desvió mi mirada, pues sé lo que viene y no quiero que vean lo mucho que aún me duele.
—Lo que paso aquellas vez, no fue tu culpa Alec, pero las cosas se pusieron mal luego de eso y tu más que nadie lo sabe, te perdiste durante semanas, te cerraste al mundo y casi te perdemos... si no hubiéramos llegado a tiempo... no estarías aquí. — Jace desliza su mano sobre el escritorio hasta cubrir la mía y sé que tiene razón.
—Aun siento mucho lo que paso en ese tiempo... pero puede que ahora sea diferente, no podemos saberlo.
—Ay hermano mayor... ¿Qué vamos a hacer? ¿No puedes escoger a víctimas de un delito menor para la próxima en lugar de uno de un delito de alto impacto?
Todos soltamos una pequeña risa.
—Si te sirve de consuelo... lo intentare.
Ambos se levantan y se acercan a mí para darme un abrazo, uno de esos que alimentan el alma, que te hacen saber que todo vale la pena y que hace que el amor se sienta sin siquiera decir una palabra... que te hacen sentir pleno y feliz.
—No vamos a impedirte nada Alec... solo... prométenos que cuando las cosas se pongan difíciles, te mantendrás bien. — Iz lo dice mientras hunde su cara en mi pecho.
—Lo prometo.
—Hablamos en serio Alec. Te queremos y no queremos perderte. — Esta vez quien habla es Jace quien tiene su barbilla sobre mi cabeza.
—Yo también lo hago — Los aprieto más a mí.
—Te queremos Alec con todo el corazón. Cuídate o mejor dicho cuídense, porque si es verdad todo lo que dices, ahora Magnus es tu responsabilidad.
—Lo es Iz.
En ese momento el tono de mi teléfono nos interrumpe y resulta que Magnus quiere ir por unas cosas más a su departamento y yo no le veo el inconveniente mientras este acompañado.
****
7:30
Cuando veo la hora me reprimo a mí mismo, Iz y Jace ya se han ido y solo quedo yo en la oficina, me tomo un largo rato luego de la charla con mis hermanos encontrar mi concentración y cuando al fin pude hacerlo, me dedique a buscar entre los papeles, todos los datos, cada víctima, cada cosa que es hombre había hecho.
Necesito encontrar los videos que vende y puede que eso me lleve a una pista más grande.
Estoy por cerrar mi oficina cuando una Maia agitada, con el pelo revuelto y con ojeras bajo los ojos se acerca gritando mi nombre por el pasillo.
— ¡Alec¡ ¡Alec!
La sostengo en con mi manos antes de que la adrenalina baje y pueda caer.
—Tenemos una emergencia, llamaron directo a mi teléfono.
— ¿De qué se trata Maia? Ve al grano.
Veo como duda un momento antes de hablar y traga saliva fuertemente como si eso la hiciera juntar valor para pronunciar las palabras también noto como sostiene su celular como si la vida dependiera de eso.
—Era Magnus. Alec, alguien los ataco cuando estaba en su casa y el asegura que fue el hombre de los espejos.
Antes de que diga cualquier otra cosa ya estoy corriendo a la salida y subiendo a mi auto.
Por favor que nada malo le pase a Magnus.
No de nuevo.
Por favor que todo esté bien.