Llegamos caída la noche a mi departamento, luego de llevar a Magnus a su casa para que recogiera unas cuantas cosas, el camino fue en completo silencio.
Aun no puedo entender porque le ofrecí mi hogar a Magnus, fue un momento de... ¿impulso? Si es que puedo llamarlo de esa forma, pero por alguna razón no me arrepiento de lo que paso, sé que no es mi responsabilidad y que como el código dice no debería estar involucrándome con él de esta forma, pero es que no puedo evitarlo.
Me siento en el sillón y a estas alturas ya debo saber que me será imposible reconciliar el sueño, giro mi vista a la habitación donde descansa Magnus y me permito observarlo a lo lejos mientras duerme. No quiso que cerrara la puerta de la habitación cuando le dije que se pusiera cómodo, prefirió mantenerla abierta, supongo que es parte del miedo que se quedó luego de lo sucedido.
Cierro los ojos e inhalo profundamente mientras hundo la cabeza entre las manos y me doy el tiempo de reflexionar lo sucedido el día que rescatamos a Magnus. Aun no sé qué fue lo que paso, pero incluso los pocos minutos que pase con el hombre de los espejos me dejaron una sensación difícil de describir y si eso fue lo que paso con unos cuantos minutos, no quiero saber lo que siente Mag
Las palabras de ese hombre resuenan en mi cabeza, pese a la voz distorsionada que la máscara le otorgaba, es como si se hubieran clavado en mi cabeza y se repitieran una y otra vez, sin parar.
¿Cómo era siquiera posible que él supiera de eso? ¿Desde hace cuánto lo vigilaba? ¿Qué quería en realidad?
Todo lo que creía saber sobre aquel hombre había desaparecido y es como si estuviera en blanco de nuevo y aun con mi no tan gran experiencia, sabía que eso era realmente malo.
— ¿Tu tampoco puedes dormir?
Magnus está parado en el marco de la puerta con una cobija sobre sus hombros, es hermoso aun cuando la única luz que se filtra es la de la luna. Su voz suena cansada y la forma en la que sus ojos me miran, hacen que sienta la necesidad de protegerlo y hacer pagar al que le hizo tanto daño.
—No... ¿pesadillas?
—Sí, supongo que tendré que ir al hospital por pastillas para dormir o me será imposible volver a hacerlo.
—Esas cosas pueden causar una adicción ¿Lo sabes?
—Claro, pero en este momento eso es mejor que seguir viéndolo cada que cierro los ojos.
Lo veo un momento más y asiento, porque sé que tiene razón y porque está sufriendo.
— ¿Puedo?— Magnus señala el espacio vacío en el sillón.
—Claro— Quito las mantas y espero a que se siente.
Su cercanía es abrumadora. Esto no está bien, no puedo estar sintiendo esto. Si alguien me asegurara que esto no terminara igual que la última vez, que no sufriré y me arrepentiré todos los días de mi vida, juro que lo estaría abrazando y consolándolo en este mismo instante. Pero nadie puede asegurarme eso.
—Alec... ¿Por qué lo hiciste?
— ¿Qué cosa?
—Ayudarme, ofrecerme tu casa, dudo mucho que hagas eso por todos.
—Si bueno... es claro que no lo hago.
— ¿Y porque conmigo si?
No sé qué responderle, porque ni siquiera yo se la respuesta.
—No lo sé.
El silencio dura varios minutos y cuando siento la cabeza de Magnus sobre mi hombro sé que por fin ha conciliado el sueño. Me levanto y con cuidado lo coloco sobre las almohadas en el sillón.
Cuando intento alejarme, se aferra a mi mano aun dormido y eso me hace sonreír, así que me tumbo en el suelo junto a él, con la cabeza recostada en el sillón. Su respiración sube y baja de forma constante, se ven tan en paz en este momento que tengo miedo de cualquier cosa rompa esa paz. Me limito a verlo durante un rato más antes de que el sueño pueda conmigo.
Y el último pensamiento que ronda por mi cabeza antes de caer dormido es: Puedo que esta vez sea diferentes, la historia no tiene por qué repetirse.