El día pasó rápido luego de lo sucedido con Alec. Cat y Ragnor siempre hacen que me sienta mejor, en un inicio ambos se pusieron bastante emocionales, me abrazaron y repartieron besos en toda mi cara en una clara señal de lo mucho que me habían extrañado, pero luego de esto el tema quedo zanjado y ninguno pregunto nada y se los agradezco infinitamente.
Me dieron de alta en el hospital hace una hora y vengo vestido con un pants sencillo en color n***o que Cat saco de mi casa. Tuve que venir de inmediato al departamento de policías pues esa fue la orden, aun cuando me sintiera cansado y con el cuerpo adolorido por los golpes y cuando la ropa cala por todas las heridas que ese hombre había dejado.
Me veo interrumpido por Alec, cuando entra a su oficina y se sienta justo frente a mí, tras él viene un joven de cabello rubio y ojos difíciles de no admirar.
—Magnus... ¿Qué tal te sientes? — Pregunta Alec.
—No puedo decir que bien, porque te estaría mintiendo, pero... mucho mejor. Gracias —
—Bueno Magnus, estas aquí para contarnos todo lo que recuerdes y como paso — Saca una pequeña grabadora de su escritorio y la coloca en la mesa, justo entre nosotros. — Todo será grabado con el fin de tener un registro para el caso, revisarlo y usarlo como prueba ¿estás de acuerdo?
—Claro.
—En ese caso comencemos, recuerda que no puedes dejar nada fuera, nada de lo que recuerdes.
—Lo tengo.
Les cuento todo lo que se, como pasaron las cosas ese día en la estación, como fue todo cuando desperté y deje los garabatos en las notas, como fue el primer día, incluso y por muy vergonzoso y humillante que me resultara les narre como abuso de mí y como por poco pasa de ser abuso a violación, intento describir todos los lugares y a la gente que estuvo el día que me encontraron.
— ¿Eso es todo? ¿No recuerdas nada más? — Pregunta el chico rubio.
—Es todo lo que recuerdo.
Pero al final mentí, porque no les conté todo, no les conté que la voz del hombre de los espejos me es familiar, que lo recuerdo y que puede que lo conozca, pero no es algo que pueda decir, no hasta que este seguro.
—Bueno... — Alec apaga el pequeño aparato lo guarda en la bolsa de su chaqueta. — Ahora Magnus, vamos a informarte un poco de lo que está pasando con el caso, porque eres una víctima y porque la información te concierne.
—De acuerdo...— Digo dudoso de querer saberlo.
—El hombre de los espejos no fue capturado ese día, por lo que sigue suelto, solo logramos retener a una de las mujeres que se encontraba en el momento, pero no fue mucha ayuda, no puedo revelarte el nombre, pero lo único que dijo fue que ella pago para tener una experiencia s****l, que no sabía que tan enserio iban con todas esas cosas de los videos gore. Así que al no tener muchas pruebas en su contra tuvimos que dejarla ir.
Intento mostrar que las palabras no me afectan, pero soy malo mintiendo y sé nota al instante por el temblor de mis manos.
—Jace... nos das un momento.
—Alexander...
—Jace...
El rubio niega varias veces con la cabeza, pero sale de la oficina.
Alec cierra la puerta con seguro y baja las cortinas, dejándonos solo con la luz de la habitación.
—Magnus, lo que te voy a decir es muy delicado y necesito que mantengas la calma lo más que puedas. — Yo solo asiento, no puedo hablar sin el miedo de echarme a llorar. — Las cosas no están muy bien, el hombre de los espejos... bueno, dejo una amenaza.
— ¿Qué?
Se acerca lentamente y se pone en cuclillas frente a mí
—Él dejo una nota para mí, diciendo que las cosas aun no terminaban, amenazo con acerté daño de nuevo y acabar lo que empezó.
Para cuando termina de hablar yo ya soy todo ataque de pánico, mis respiraciones se vuelven erráticas y siento como todos mis sentidos se nublan.
Ese hombre va enserio, tengo miedo de lo que pueda pasar, como se supone que pasen las cosas desde ahora si ese hombre quiere terminar lo que empezó.
—Magnus... hey mírame... oye... respira. — Yo le regreso la mirada y me topo con sus ojos azules llenos de preocupación. — Todo va a estar bien, ¿Recuerdas lo que te dije en el hospital?
—Que confiara en ti.
— ¿Lo haces?
—Si...
—Todo va a estar bien, ese hombre no volverá a ponerte una mano encima, solo confía en mí.
—Tengo miedo Alec... — Y no puedo retener más las lágrimas, de verdad tengo miedo y no sé qué hacer con todo ese miedo. El me envuelve en un abrazo y comienza a consolarme.
—Lo sé.
—No puedo quedarme con Cat o con Ragnor, no luego de esto. No puedo permitir que les pase algo y no puedo volver a mi casa, él debe saber todo de mí y ni siquiera pensar en ir con mis padres, no puedo salir de New York... ¿Qué se supone que haga?
Él no contesta, solo aferra su agarre a mí. Nos quedamos así durante varios minutos.
—Debes ir con tus amigos, es la mejor opción... abra seguridad fuera de su casa y un policía los seguirá a donde vayan.
—No. No los pondré en peligro.
Esta vez se separa de mí y me mira antes de echar la cabeza hacia abajo, como si pensara en algo.
—Sé que me meteré en muchos problemas por esto.
— ¿De qué hablas?
—Puedes quedarte en mi departamento, si te sientes más seguro.
No puedo creer lo que acaba de decir. ¿Qué no la relación entre las víctimas y los detectives a cargo está prohibida? Pero no puedo rechazar su oferta, me siento seguro a su lado y no pongo en peligro a ninguno de mis amigos. Sera raro, pero puedo manejarlo y si él me lo ofrece es porque él también puede hacerlo.
— ¿Estás seguro?
—No... pero es lo mejor que puedo ofrecerte Magnus.
****
Luego de un rato y de varios gritos que se hicieron sonar por toda la estación primero por parte de Jace que salió más que furioso de la oficina de Alec al igual que una chica de cabello oscuro que se alejó pisando fuertemente por el pasillo y luego por parte de Ragnor y Cat que no podían creer lo que les estaba diciendo.
La estación fue un lio de gritos hasta que Alec me pidió que saliéramos del lugar. Ya en el carro soy capaz de romper el silencio incómodo.
—Te metiste en muchos problemas por intentar ayudarme.
—Igual que tú, tus amigos no se veían muy contentos.
—Pero no se veían tan furioso como el rubio.
— ¿Jace? Ya se le pasara, es solo un enojo pasajero, lo entenderá.
—Gracias de nuevo Alec.
Simplemente me mira y me sonríe, es la primera vez que lo veo sonreír y es hermoso, es como ver a un ángel.
Alejo esos pensamientos rápidamente, no puedo verlo de esa forma, Alec solo me está ayudando, no siente nada por mí y no me puede ver de otra forma que no sea como una víctima de su caso principal, no soy nadie, solo soy una persona más a la que ayuda.
¿Estás seguro de que Alec le ofrecería su departamento a cualquier otra persona que acaba de conocer?
Si... no, la verdad es que no lo creo, aparto mi mirada de él para fijarla en la ventanilla y sé que no es verdad, Alec lo hace por algo, no solo porque es su trabajo, pero no puedo permitirme sentir nada por nadie en este momento, no luego de lo que me sucedió. Aunque bien sentir algo por alguien podría ayudarme con todas las emociones y pensamientos negativos que cruzan por mi mente cada minuto del día... porque no estoy bien y no me siento bien, me siento vulnerable y siento que cualquier rechazo podría llevarme directo a un barranco del cual podría saltar sin remordimiento alguno.
Regreso mi vista a Alec para encontrarlo mirándome fijamente, al contacto de nuestras miradas, vuelve la vista al frente casi de forma inmediata y un leve sonrojo crece en sus mejillas.
No puedo evitar que una sonrisa se forme en mis labios y pienso que tal vez Alec pueda ser la persona que me haga sentir vivo de nuevo, la persona que me haga sonreír. Alec puede ser quien recoja los pedazos de mi corazón y alma para juntarlos de nuevo.
Tengo un paciente de edad avanzada que sufre Alzheimer severo. Rara vez se acuerda de su nombre y suele olvidar dónde está o lo que acaba de decir. Pero por algún milagro recuerda que la mujer que va a verle cada mañana es su esposa. Suele saludarla diciendo: “Hola mi preciosa Bárbara”.