Dos meses más tarde y una vez que Cristina se convenció de que ninguno de los “yogurines” a los que había “catado” podía llegar a darla tanta satisfacción s****l como yo puesto que la inmensa mayoría de ellos no eran capaces de echar más de un polvo y los demás no habían adquirido el adiestramiento y aguante suficientes como para llegar a culminar en más de dos ocasiones, decidimos modificar el calendario inicialmente acordado para poder mantener nuestros encuentros los lunes, miércoles y viernes, al terminar nuestra respectiva jornada laboral y la tarde de los sábados, domingos y días festivos. Durante los días laborables Cristina se limitaba a sacarme el primer polvo “cascándome” despacio, tanto con sus manos como con sus pies, la tranca ó efectuándome una cubana manteniéndola bien erect

